Inmetamorfosis 

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Al despertar, Luis Almagro se encontró convertido en un ser despreciable, o sea: en Luis Almagro. Su autor no tuvo necesidad de metamorfosearlo en ningún invertebrado: no existía uno que igualara su repulsiva baja calaña. Su  intromisión en Bolivia lo magulló políticamente, pero no rozó su moral, por carecer de este estorbo del alma. Afuera le gritaban pronunciarse sobre las elecciones de EEUU. Él no era una cucaracha, ni un alacrán, ni un coronavirus, sino una persona con derechos humanos, sometido a una presión de lesa humanidad. Su asistente le informó que Evo Morales lo retaba a pronunciarse sobre las elecciones del norte. ¡Recuérdele a ese aborigen –escupió- que la Carta de la OEA establece la no intervención y la autodeterminación de los pueblos! Después se deslizó debajo de la alfombra.

Earle Herrera