CARACAS EN ALTA | Solidaridad vecinal

Nathali Gómez

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Una de estas tardes una vecina de la cuadra me envió un mensaje de voz acompañado de una foto de mi edificio. En la imagen de inmediato reconocí la reja de mi ventana abierta. En el audio ella me explicaba que otra vecina, que vive en el edificio del frente, le había mandado la gráfica para alertar sobre la situación sospechosa.

Le expliqué que era mi ventana, que la había abierto para recoger unos pimentones de una de las matas y que no había nada de qué preocuparse.

En el resto de los mensajes hablamos sobre robos recientes en los edificios cercanos, incluidos el de ella y el que tengo al frente. En uno de los desafortunados episodios, el ladrón subió por una de las terrazas, escaló hasta un apartamento en un cuarto piso, entró y se llevó varias cosas mientras el dueño dormía.

Luego de despedirnos, me sentí intranquila por los robos en mi cuadra y pensé de qué manera podría estar más segura en mi casa, donde se supone que es el lugar más seguro.

Con tantas ideas revoloteando, me detuve un rato a pensar en la solidaridad vecinal, inesperada pero en funcionamiento.

Quien tomó la foto no era de mi edificio, en teoría no tendría que preocuparse por lo que ocurre más allá de su torre, pero lo hizo para alertar a quienes vivimos en la comunidad sobre alguna situación inusual que podría estar ocurriendo.

“Hay que cuidarse entre todos, vemos algo irregular y prendemos todas las alarmas”, le dijo la vecina a la que me envió la voz de alerta, que además es la jefa del CLAP en su edificio.

En medio del difuso significado de comunidad que puede haber entre personas que se agolpan en inmensas torres y que no suelen haberse visto el rostro o saludado, la existencia de lazos invisibles entre quienes vivimos en mi calle es esperanzador.

El cuerpo vivo que significa estar en comunidad tiene corazón y ojos. Además se encarga de proteger a todos los pequeños organismos autónomos, que somos nosotros, para que se desarrollen con la mayor normalidad posible.

Aunque el robo de apartamentos es un hecho desafortunado, al igual que la violencia de quienes durante las protestas trancaron mi calle, quemaron bolsas de basura, lanzaron objetos desde sus ventanas y nos atemorizaron, saber que no estamos a la deriva en momentos tan complejos, reconforta porque la comunidad es la base de todo.

Nathali Gómez