RETINA | Un chevrolé

Freddy Fernández

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Estados Unidos es una cosa que parece un país. En lo social es idéntico a su mapa político, plagado de líneas rectas que demuestran un reparto sin respeto a la geografía natural y menos todavía a la distribución demográfica de los pueblos que allí se establecieron, pero inventaron un orden que ahora está fragmentado.

Si bien Inglaterra dio forma económica e industrial al capitalismo, correspondió a los estadounidenses delinear el nuevo y más efectivo modelo de Estado y entonar mejor los dos motores ideológicos, el periodismo y la publicidad, que permitieron la expansión y predominio global del sistema. A Estados Unidos, para nacer, le estorbaban los valores políticos feudales. El éxito dependía de no respetar el concepto de noble en cualquiera de sus acepciones.

Seguramente algunos querrán recordar que la publicidad y el periodismo no nacieron en Estados Unidos. Lo sé. También sé que si nos vamos por esa vía, vamos a llegar a un punto en el cual ya estaremos discutiendo sobre la propaganda y sus formas. Justamente en ese punto quiero subrayar que el logro de la clase dominante de Estados Unidos está en haber hecho que el periodismo y la publicidad dejaran de parecer propaganda, y adquirieran una forma de neutralidad y hasta “equilibrio” que disimulan su papel como factores de control, dominio y reproducción de los valores del sistema.

Una operación similar ocurrió con el concepto de democracia. Sabemos que rastrear esta idea nos va a conducir a la antigua Atenas y a la República de Roma. A veces olvidamos la crudeza de aquella noción de democracia en la que “ciudadano” era sinónimo de propietario. Los que no tenían tierras ni esclavos no tenían derecho alguno.

El éxito de Estados Unidos en este caso fue crear un sistema que brinda la ilusión de que todos deciden, pero garantiza que todo el poder esté en manos de los multimillonarios. Jamás ningún trabajador ha tenido ninguna posibilidad.

Ese sistema está hoy roto. El esfuerzo globalizador lo ha destrozado tanto en Estados Unidos como en Europa. El éxito político de Trump radica en que, desde la derecha y de manera oportunista, le ha hablado a los sectores más desfavorecidos por la globalización. A esos sectores no les habla Biden, su propuesta es continuar igual pero sin Trump.

En Europa ocurre lo mismo, es la ultraderecha la que capitaliza este descontento mientras hay una “izquierda” europea atrapada en discursos europeístas que se ha olvidado de los trabajadores.

Estados Unidos tiene ya su sistema roto. Quizá sea remendable, pero no es reparable. Requiere de otro.

A mí me entristece el triunfo de Biden y me alegra la derrota de Trump. Creo que seguiremos confrontando la misma agresión criminal de las élites de Estados Unidos.

Con lo que ocurra en la Casa Blanca, respondo como Carlos Puebla cuando quitaron a Nixon y pusieron a Ford: “A mí me parece Ford lo mismo que un chevrolé”.

Freddy Fernández | @filoyborde