HORIZONTE DE SUCESOS | El lenguaje primigenio

Heathcliff Cedeño

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De todas las formas de lenguaje hay uno que está relacionado con el origen de las cosas y de la existencia en general. Y algo de importante debe haber para que esas primeras palabras tengan más realidad que las inventadas posteriormente.

Tal vez se deba a que ese lenguaje primigenio, poético llamado por muchos, viene de un espacio y tiempo en que la realidad era una sola masa uniforme. En esta homogeneidad las palabras, los objetos y las personas eran la misma cosa, el caos originario que he mencionado en otras columnas.

Cada vez que nos topamos con el origen etimológico de una palabra se nos alumbra el rostro y asentimos como quien acepta una verdad catedrática. Ciertamente, nombrar algo por primera vez debe tener una carga de inocencia y verdad porque es el primer contacto entre el sujeto y el mundo. Hasta ahora no he conocido a nadie que no se deslumbre con las primeras palabras de los niños.

Christlieb dice que lo que hace el primer lenguaje es darle forma vocal a un silencio que no contiene ningún tipo de información ni mensaje, sino una cadencia muda y atractiva vinculada al ritmo del universo al que pocos tienen acceso. Se dice que los niños, los locos, los muertos y los poetas logran desentrañar este misterio.

Se puede decir que la cualidad especial que tiene este primer lenguaje es la de romper con el silencio. Y ese silencio no es más que una lengua asumida como una sola pieza de la que se van desprendiendo palabras.

Una de las cualidades de este lenguaje primigenio es que constituye una realidad en sí mismo. No reflexiona sobre su aparición, sino que solo es. Nadie se pregunta si los niños, los locos, los muertos o los poetas dicen la verdad porque crean la suya propia. ¿Quién y con qué elementos se puede contradecir a estos sujetos?

Estos últimos solo mienten cuando nombran una realidad que no les pertenece, cuando plagian y no logran dar con los secretos del silencio. Nadie puede decir lo que sintió alguien más. Para estos deshonestos queda el juicio infalible del arte y el tiempo.

Tal vez lo que tenga de poético este primer lenguaje sea su rasgo brumoso, que es una de las cualidades del caos por el hecho de que no hay demarcaciones claras entre el mundo, las cosas y las personas. La tranquilidad viene luego cuando se le otorga un lugar a cada elemento al mismo tiempo que son nombrados.

Heathcliff Cedeño