LUNASOL | Razón y conciencia: energía y espíritu

William E. Izarra

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Se convulsiona la serenidad emocional y la claridad de las ideas para seguir en la lucha cuando leemos tantas mentiras, inventos malintencionados, pronósticos apocalípticos y realidades de la situación volátil de la capacidad adquisitiva. Sin duda, vivimos un momento de osadía; el pueblo viviendo lo que vivimos día a día es audaz, valiente e intrépido. La prensa de la oposición, los columnistas «simpatizantes» del proceso bolivariano, escritores consagrados, todo un conjunto de factores generadores de ideas, sesgadas o no, concluyen con interpretaciones del escenario actual que se orientan a la oscuridad, la negrura de la noche, el ocaso de la rebelión.

La oposición proyecta el fin de la era de Maduro y muerte a los chavistas con el aniquilamiento de un modo de vida que, según su presagio, ya ha fracasado: el socialismo. Por otro lado, los columnistas “afines” al proceso bolivariano, con sus convencionales opiniones recurrentes e infalibles, quieren demostrar que saben más que el propio Gobierno. Ambas posiciones se tocan. La cola se clava en la cabeza y se funden en similares adivinaciones.

Sí es necesario leer, para saber qué opina el otro (escuálido o seudorrevolucionario) y obtener conclusiones para mantener firme la energía interior como postura irreductible de vencer cada obstáculo que se presenta en el camino. Lo viable, digo, es poseer nuestro propio marco de referencia teórico para generar el modelo conceptual del escenario. Esto se logra con el estudio, la reflexión (razón y conciencia) unida a la meditación (energía y espíritu) y manifestación de las ideas consumadas que nos permitirán apartar todo aguijón que hiera la entereza de nuestros juicios. Así lo consideramos en el quehacer formativo que genera el Centro de Formación Ideológica (CFI) y sus cursos de socialismo bolivariano.

Sea el nombre que sea quien firme la columna semanal o dominical, o los hacedores de opinión en TV, así como los medios cibernéticos archicontrarrevolucionarios, nombres y títulos que son considerados intocables y de «santa palabra», su apreciación no es la totalidad del universo del conocimiento. Interpretarlos sí, solo para anotar información, más no como profecía incuestionable. La nueva intelectualidad de la Revolución Bolivariana, esa que parece anónima todavía pero que existe, no puede seguir solapada a las creaciones en método y conceptos que sobrevienen de la Cuarta República o de la ola emergente de los medios cibernéticos procreados para activar la propaganda anticomunistra a nivel mundial. Asimismo, esos nombres de vieja data tienen que pasar. Es hora de los Miguel Ángel Núñez, Simón Colmenares, Juan Martorano, de los pensadores que emergen de los cursos de socialismo bolivariano como Freddy García, Marisol Olmeta, Asdrúbal Márquez, Henry Franco, Ernesto Vásquez, David Morales y otros camaradas que se han sentado en el pupitre a analizar ideas, teoría y hechos que les han estremecido y así encontrar su propia identidad de “perseverante revolucionario”.

Los identificados con el nuevo modo de vida cuya base de sustento es el socialismo bolivariano, inexistente aún, pero en la vía de su concreción, son capaces de pensar de acuerdo a sus propios marcos de referencia teórica, descubriendo su intensa energía transformadora (morfogénesis) para rebelarse de lo “revolucionario establecido” para ir hacia lo “revolucionario concebido por el cambio estructural”. Lo cibernético y anticomunista, así como lo pretérito de lo establecido, está en su punto de apartarse para que el pensamiento creador no se ahogue con las posiciones de ambas corrientes de cola y cabeza. Cada ser pensante que se identifica con la meta de la Revolución, que es la consolidación del socialismo bolivariano, no se aflige ante los arrolladores supuestos enigmáticos que envuelven las frases impetuosas de estas corrientes protagonistas de la opinión de hoy.

Aparece el pensamiento creador, por la misma dinámica del escenario de confrontación del mundo global que doblega a la mayoría de los países de África, Asia y América, posesionando en el espectro de la comunicación y tecnología la tendencia del dominio del capital. He aquí el leitmotiv de su lucha inquebrantable. Señalar el rumbo del contrapoder que les permita erigir la difusión de las ideas cargadas de ética socialista que transmitan valores similares para lograr que la comunidad revolucionaria se desprenda de la alienación capitalista y conduzca sus actos con la moral del bien común.

Desprenderse de la alienación es asumir nuevas ideas para definir el socialismo bolivariano, interpretar la realidad, transformarla y erigir la cultura de la emancipación; pero eso exige luchar para que se concrete el contrapoder como la vía que reduzca el vértice de la pirámide, la invierta e instaure la asamblea popular como la primera instancia de la toma de decisiones en todo lo que se refiera al destino de la comunidad. El contrapoder es también transmutar el Estado y sus aparatos, que aún siguen vigentes de la Cuarta República, y ceder su competencia a la comunidad organizada bajo el ejercicio de la democracia directa.

Si en algún momento se pensó en “ser o no ser” ahora vale señalar que lo vigente es preguntarnos, queremos “revolución o reforma”.

William E. Izarra