PUNTO Y SEGUIMOS | Cegados

Mariel Carrillo García

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El chavista Juan Guaidó salió corriendo a felicitar a Joe Biden, el comunista que le hizo fraude electoral a Donald Trump. Se nota que es una veleta y que su única lealtad es con el dinero que le da la dictadura para que siga haciéndose pasar por enemigo. Mordió la mano que le dio de comer. Ese comunicado que sacó lo que da es pena. Ya lo quiero ver cuando Trump pruebe que le jugaron «quiquiriwiqui» y todos los miembros de la Asociación del Rifle pongan orden. Por suerte salió Leopoldo, y Ledezma dice que hay que hacer autocrítica porque en 21 años no se ha podido hacer nada. Mano dura es lo que falta. Tic toc tic toc.

Si leer ese párrafo le fue fácil, fluido y además cabeceó afirmativamente en el proceso, felicidades, usted está cerca del cupo de internación completa en Los Chorros. A veces una se ríe, pero la verdad es que preocupa leer y escuchar “conclusiones” como esas en tantos venezolanos, muchos de ellos con acceso a minutos en televisión y radio, o con bastantes seguidores en redes sociales. Antes parecían unos pocos, pero se están multiplicando. No se sabe si es alguna suerte de plan macabro de alguna sociedad secreta o solo la expresión más frecuente de una frustración que se ha convertido en un problema de salud mental pública.

La polarización política que vivimos en Venezuela, y en toda la región latinoamericana, ha exacerbado sentimientos extremos de rechazo, odio, negación y violencia que llevan a los individuos a expresarse e incluso comportarse de manera enfermiza ante todo lo que identifica como “el otro”, el cual es culpable automáticamente de cualquier cosa negativa que le ocurra y un ente incapaz de alguna acción digna de aprobación, porque eso implicaría “ser” como él. No media aquí el raciocinio. Si mañana Nicolás Maduro renunciara al Gobierno, para “dar un paso al costado” como lo viene exigiendo la oposición, ellos mismos no lo creerían, ni lo aprobarían: “Alguna mentira está escondiendo”, “¿Tú crees que después de 20 años van a soltar así de fácil?”.

El peligro al que la oposición ha llevado a sus seguidores es tal, que muchos solo pueden imaginar una guerra civil, o una guerra de intervención de terceros como “solución” al drama en el que supuestamente el chavismo transformó sus vidas. Mientras la experiencia que la humanidad ha tenido con la guerra – especialmente en los últimos 100 años – nos demuestra que los únicos ganadores son los señores dueños del mundo, aquí hay quienes deforman a su gente hasta hacerles creer que es necesario exterminar.

No es una opinión al aire, es una triste realidad que ha permitido, por ejemplo, la llegada al poder de hombres como Jair Bolsonaro en Brasil, o el mismo Trump en Estados Unidos. Años y años de mensajes, años y años de creer sin analizar, movidos siempre por el odio, han llevado a parte importante de la población a perder la capacidad de análisis y, por tanto, la capacidad de generar una oposición que argumente, que dé ideas, proyectos alternativos. Piensan que no es necesario. Que es imposible. Porque la miseria de la oposición de derecha, también es culpa de la izquierda. A eso han reducido todo. Yo bueno, ellos malos. Maravilloso sería poder salir de esa dicotomía desgraciada que tanto daño le está haciendo a la humanidad.

Mariel Carrillo García