La lectura y escritura abren caminos al pensamiento en Latinoamérica

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Laura Antillano

El Estado venezolano profundiza, a pesar del bloqueo y la pandemia, su labor cultural desde la ejecución de políticas orientadas a la promoción del libro y la lectura en el país, en Latinoamérica y el mundo. En reciente fecha, Laura Antillano, escritora venezolana, Premio Nacional de Literatura 2018, participó como jurado en la entrega del Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos, organizada por el Ministerio del Poder Popular para la Cultura a través del Celarg donde resultó ganadora la obra El país del diablo de la escritora argentina Perla Suez.

Desde Ciudad Ccs, con afecto profundo, valoramos su experiencia como escritora y promotora de lectura, celebramos su Premio Nacional, seguimos aprendiendo de su Letra Voladora, aún lloramos con La luna no es pan de horno y se mueven nuestras fibras con Solitaria Solidaria. Por eso nos honra compartir con Laura Antillano en cualquier espacio en el que nos encontramos y esta vez conversamos con ella para conocer su experiencia como jurado.

— ¿Cuáles son sus impresiones sobre la experiencia de haber participado como jurado en la reciente edición del Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos?

— La experiencia me ha resultado particularmente importante, porque me permitió la revisión y lectura de 211 novelas, que llegaron desde distintos países y con ópticas muy diversas, al concurso, y ello permite tener una especie de diagnóstico, por decirlo de algún modo, del cómo se está escribiendo, qué es lo que interesa a los escritores y lectores, los diversos modos de abordaje del relato, la influencia del cine y otros medios visuales que toman el espacio público de un modo definitivo, y hasta percibir el cambio entre las relaciones de los seres humanos habitantes protagónicos de estos relatos, en cuanto a relacionarse, concebir la vida y la muerte y en definitiva, ubicarse en el mundo.

— La importancia de que Venezuela en medio de una crisis económica como la que vive reconozca y premie el trabajo de grandes escritores iberoamericanos.

— Es muy importante porque indica que aquí la cultura es defendida, la escritura literaria se enaltece, manteniendo la gestión de este concurso que tiene alcance internacional y un respeto ganado, por la seriedad con la cual se ha venido realizando, seriedad comprobada en los libros premiados y la participación de escritores, muchos de los cuales vienen de trayectorias reconocidas. Este concurso recibe libros publicados, muchos de los cuales traen premios de otros certámenes.

— Cómo vio el nivel de trabajo de los autores de las novelas participantes y de los escritores latinoamericanos en este año 2020.

— Creo que en un volumen tan grande de participantes habrá siempre distintos niveles de calidad de sus novelas. La fórmula que encontramos para entrar en materia de selección los tres jurados: Pablo Montoya, de Colombia, ganador del premio en el año 2015, con una bellísima novela titulada: Tríptico de la infamia, Vicente Battista, periodista y narrador, con varios libros publicados y reconocidos, y mi persona, fue que entre la riqueza y variedad de las obras valorables desde distintas perspectivas, cada uno propuso entre diez y doce novelas y finalmente la decisión del premio fue absolutamente un acuerdo de los tres.

Aquí no hubo ninguna restricción, ni siquiera a los autores se les exige el ser latinoamericanos, participaron muchas novelas de escritores y escritoras españoles, por ejemplo este certamen ha sido ganado por españoles en otras ediciones y no hay restricción tampoco en temas. Entre las obras, los tres jurados escogimos, por ejemplo, una novela sobre Pier Paolo Passolini, titulada Passolini o la noche de las luciérnagas de José M. García López, que quedó entre las finalistas. El sumun era variopinto, enriquecedor en cuanto a variedad de ópticas, perspectivas y concepciones de lo que es una novela.

— La valoración y la importancia para las letras universales de la escritora premiada. Dentro de su experiencia como férrea lectora y como estudiosa de la literatura latinoamericana, ¿cuáles son los aportes al lenguaje de la literatura universal de la obra ganadora?

El país del diablo de Perla Suez, escritora argentina, es particularmente interesante, porque elige circunstancias conectadas con eventos históricos reales del siglo XIX, y nos sacude al recordarnos lo que significó la masacre de la población indígena en esos territorios, enseñando al mismo tiempo a través de detalles perceptivos breves, delicados, importantes, que en esa población autóctona había una cultura, unos modos de reelaborar el mundo, unas herramientas para conectarse con la naturaleza, que merecían respeto, y estaban conectados con unas formas de la poesía de la vida muy particulares. Toma el tema o escenario de la Campaña del Desierto y elige contar unas circunstancias dentro de ese contexto, con la construcción de personajes con la esencia, en síntesis de los acontecimientos dramáticos, y aclara desde el inicio que se trata de una historia de ficción, donde el drama, el dolor, y a la vez la belleza, la sencillez, la valentía, el arrojo, nos seduce a los lectores, en un espacio mágico, poético, donde vamos descubriendo la esencia de los sucesos a través de incidencias más bien íntimas, en la intensidad de su circunstancia tangencial.

—Cuál es la importancia de que sea una mujer la ganadora de esta edición?

—Es muy importante, por un lado porque el premio ha reconocido muchas más voces masculinas, y hasta ahora solo había dos autoras premiadas, Ángeles Mastretta y Elena Poniatowska, ambas mexicanas, y ahora tenemos a Perla Suez, quien es argentina y a la cual llegamos por unanimidad. Pero vale decir que a esta edición del premio enviaron novelas una serie de escritoras realmente valorables, muchas estuvieron en nuestros listados de selección como miembros del jurado.

Yo insisto en nombres como Ángela Pradelli con La respiración violenta del mundo, la mexicana Antolina Ortiz con Seda Araña, Agustina Bazterrica con Cadáver exquisito, La ruta de los hospitales de Gloria Peirano (Argentina), de Pilar Salamanca: Hijas de Agar, todas estas aparecen en la lista de finalistas y fuera de ella. De Paraguay: Todo pasó en septiembre de Susana Gertopán y Todas las guerras del mundo por Pita Raigoza de México, y aún puedo nombrarte otras autoras, tocando temas importantes, con recursos narrativos que señalan una labor de investigación en el territorio de la creación escritural.

—¿Cómo valora desde su participación como jurado, la mirada creadora en la literatura de habla hispana, en este momento de la historia a partir del Premio Rómulo Gallegos?

—La presencia de las escritoras en el concurso aportó una riqueza particular que no podíamos ignorar. Pero hubo además aportes de un interés peculiar, que señalaron la presencia de modos narrativos, ejercicios de investigación creativas y abordajes a nuestra contemporaneidad desde el punto de vista de la construcción del texto y su variedad, dignas de tomarse en cuenta.

Me sorprendieron textos que de alguna manera previeron lo que vivimos con la pandemia, colocándolo en un futuro posible. Por otra parte, géneros como la novela policial se asomaron con efusividad en varias novelas hacia esa perspectiva y participaron en este debate, y una cierta noción del personaje que hace biografía y confronta, desde una perspectiva del paisaje contemporáneo, su lugar en el mundo. Podría asomarse un debate sobre el futuro apocalíptico que asoman algunos, y la lucha llena de huellas del pasado remoto, sobre todo en territorios suramericanos, planteando la necesidad del rescate de elementos de una cultura devastada que merece un lugar de reconocimiento, como el libro de La última muerte del padre Blas Valero, por Héctor Enrique Dávila de Perú, que me enganchó desde el hecho que se esté señalando las cualidades de un sistema de escritura diseñado a partir de nudos, generado en la comunidad indígena.

—¿Cuánto hemos avanzado como mundo desde Zulay Montero y Leonora Armundeloy, sus personajes protagónicos de Solitaria solidaria y la mujer de este siglo XXI?

—Gracias por recordar a mis protagonistas de Solitaria solidaria, y eres acertado porque ellas vivieron en el siglo XIX y el XX, y estamos en el XXI, y las mujeres seguimos en la búsqueda de espacios para nuestra mirada sobre el relato de la vivencia trascendente o no, pero desde una perspectiva cada vez más compleja e incluyente, como mirada que ataja el mundo de lo secreto, subterráneo. Del cual se erige toda la poesía que percibimos en la novela de Perla Suez.

—Evaluando el trabajo del Estado venezolano por la literatura nacional y universal y la promoción del libro y la lectura, ¿cuál es su valoración de la edición de Filven 2020 en tiempos de pandemia?

—Lo primero que señalo es el reto de llevar a cabo la Filven con todo y pandemia, a través de espacios digitales muy creativos, con resultados exitosos. Aún no estamos acostumbrados a muchos de estos modos de comunicarnos, pero la pandemia ha dado un empujón en ese sentido, y la Feria presentó libros, dio charlas, organizó homenajes, comunicó a la gente de todas partes, como igualmente se está haciendo en muchos territorios del planeta en estos momentos, poniendo de lado lo presencial (para lo cual estamos vetados por un rato más, hasta que las vacunas hagan lo necesario), y con conferencias, charlas y todo tipo de actos, se ha realizado una Feria de mucha difusión.

El homenaje a ese gran periodista, narrador y humorista que es Earle Herrera, la continuación de los reconocimientos a nuestro muy querido poeta cronista, y dramaturgo: Aquiles Nazoa, y el espacio destinado al escritor, profesor y hombre comprometido con su realidad: Blas Perozo Naveda, quien nos ha dejado hace tan poco tiempo, son tópicos que resultaron buenas inyecciones de interés para los públicos participantes.

—Qué importancia le da a la edición 14a del Festival Mundial de Poesía en este formato y el hecho de homenajear a Blas Perozo Naveda?

—Felicito al poeta Willian Osuna por su constancia y su pasión por la poesía, que le ha llevado a construir ese rascacielos que es el Festival Mundial de Poesía en su 14a edición este año, y que reúne a poetas venezolanos y del mundo entero.

Este año de homenaje a nuestro querido e inolvvidable Blas Perozo Naveda.

Yo he participado, y estoy llena de asombro ante la abundante selección de voces que logra aglutinar Osuna y su equipo, y que esta vez disfrutamos a través de ViveTV.

En la apertura de este evento estuvo presente el Vicepresidente de Comunicación Cultura y Turismo Freddy Ñáñez, excelente poeta y editor. La organización garantizó la presencia virtual de gran número de poetas del mundo, y hemos escuchado sus lecturas por varios días.

— Cuál es su recomendación a los lectores venezolanos, a los promotores de lectura, a los editores, para la promoción de la lectura en tiempos de pandemia?

—Indudablemente lo venimos llevando a la práctica con este tipo de eventos, los cuales podrían estar suscritos en paralelo a la actividad escolar que se ha visto fuera de su espacio regular también por la pandemia.

El trabajo del maestro o profesor puede apoyarse en motivar a los alumnos a acercarse a este tipo de actividad que les pone en conocimiento de voces diferentes, de anclaje a lenguajes nuevos y experiencias particularmente creativas, abriendo significativos espacios para la posibilidad de buscar nuevos caminos al pensamiento y el orden de los descubrimientos en los procesos de creación del ser en nuestro tiempo.

Breve recuento de obras galardonadas

Novela ganadora XX edición
> El país del diablo (Edhasa, 2015), de Perla Suez (Argentina).
Finalistas de la XX edición
> Pasolini o la noche de las luciérnagas (Nocturna, 2015), de José García López (España).
> Las aventuras de la China Iron (Random House, 2017), de Gabriela Cabezón Cámara (Argentina).
> Moronga (Random House, 2018) de Horacio Castellanos Moya (El Salvador).
> La respiración violenta del mundo (Emecé, 2018), Angela Pradelli (Argentina).
> Hijas de Agar (Santander, 2016), Pilar Salamanca. (España).
> Seda Araña (Paralelo 21, 2019), de Antolina Ortiz (México).
> Hijo de la guerra (Seix Barral, 2019), de Ricardo Rapahel (México).
> La ruta de los hospitales (Alfaguara, 2019), de Gloria Peirano (Argentina).
> El bosque sumergido (Emecé, 2019), de Diego Vargas Gaete (Chile)
mujeres Ganadoras:
2007 XV Edición El tren pasa primero de Elena Poniatoswska (México)
1997 X Edición Mal de Amores de Ángeles Mastretta (México)
Ganadores recientes
2015. XIX Edición Tríptico de la infamia de Pablo Montoya (Colombia)
2013. XVIII Edición Simone de Eduardo Lalo (Puerto Rico)
2011. XVII Edición. Blanco nocturno de Ricardo Piglia (Argentina)
2009. XVI Edición. El país de la canela de William Ospina (Colombia)

Biografía Mínima

Caracas 1950.
Estudió Letras Hispánicas con Maestría en Literatura venezolana en La Universidad del Zulia. Allí Fundó el teatro de títeres. Ha publicado una amplia obra literaria y periodística, entre la que destaca La luna no es pan de horno, Solitaria solidaria y Dime si dentro de ti no oyes tu corazón partir. Promotora e investigadora del libro y la lectura. Guionista de cine y televisión. Recibió el Premio Nacional de Literatura y el Premio de Cuento de El Nacional. Preside la Fundación La Letra Voladora y produce el “Encuentro con la literatura y el audiovisual para niños y jóvenes”. Actualmente es columnista y asesora editorial del encartado Cuentos para leer en la casa del semanario CiudadCCS.

Ciudad Ccs / José Javier Sánchez