DATE CON LA CIENCIA | Cada árbol tiene una historia

Nerliny Carucí y Guillermo Barreto

0

“Desde lejos los árboles exhiben
el porte arisco de altivos personajes,
que no se quitan nunca los sombreros
ni se doblegan con servil anuencia.
Y aunque se escuche mal el pulso sosegado
de sus conversaciones, eso poco importa,
con tal ellos se oigan y se entiendan
y comprendan el mundo aunque no puedan verlo”
Jesús Alberto León, en Árboles de ciudad

En Venezuela, solemos ser muy particulares a la hora de dar una dirección. “Es justo frente a una mata de mango”; “Pasando un mamón, a unos 50 metros”; “Es la casa que tiene un almendrón, en la acera”. La dirección es precisa, siempre y cuando la persona reconozca la especie del árbol a la cual se refiere el informante. Hay árboles muy longevos, y por su sombra es mucha el agua que ha corrido. Por eso se convierten en referencias: son parte de la historia y de nuestra identidad.

La vida en las ciudades, lamentablemente, nos separa de la naturaleza. Más aún, en ciudades nacidas de una visión de sociedad individualista fundamentada en valores que separan lo humano de la naturaleza. Los árboles son parte de las ciudades, pueblos y caminos, y testigos tanto de eventos históricos como de citas románticas.

Conocer los árboles que nos rodean nos conecta con la naturaleza, con nuestros paisajes, y nos da un sentido de pertenencia tan importante en momentos cuando nuestra patria requiere nuestro mayor esfuerzo por defenderla y hacerla bonita. Un aporte, en esa dirección, nos la ofrecen Patricia Márquez y Heryck Rangel. Dos investigadores que acaban de presentar en la Filvén su libro Árboles nuestros, un enfoque sociocultural desde la perspectiva histórica de los árboles emblemáticos de Venezuela, con ilustraciones de Marianella Mora y Airán Cadavid, y prólogo de Aristóbulo Istúriz.

Patricia, historiadora; y Heryck, politólogo, son dos compatriotas entusiastas y amantes de la naturaleza; ambos con posgrado en Ecología del Desarrollo Humano. Su libro es el resultado de una investigación en la que seleccionaron 26 especies de árboles e indagaron su significado histórico, a fin de “ofrecer una muestra de la amplia gama de nuestro universo botánico, como un aporte a la lucha por la concientización, el impulso y la difusión del valor histórico de nuestro patrimonio natural”.

Es significativo que, en el prólogo del libro, se reproduce íntegro el decreto firmado por el Libertador el 19 de diciembre de 1825, en la ciudad de Chuquisaca (hoy Sucre) en Bolivia, y conocido popularmente como el “Decreto de Chuquisaca”. Allí el Libertador, consciente de la necesidad de salvaguardar las cuencas con el objetivo de contar con el agua necesaria para la producción de alimentos, ordena el resguardo de estas y la reforestación de hasta un millón de árboles. El Libertador comprende que la protección de los bosques es tarea vital en la construcción de las recién independizadas repúblicas.

Los árboles tienen historia, y Patricia y Heryck nos recuerdan parte de esas historias, así como poemas y canciones dedicadas a estos seres tan especiales.

Comienzan con el araguaney, nuestro árbol nacional. Una especie de bosques secos, que nos regala flores de amarillo intenso cuya vivacidad contrasta con el ambiente sin hojas de la temporada de sequía. Algo similar ocurre con el apamate, de la misma familia del araguaney. Los apamates producen flores de distintos tonos de rosado y violeta. Ese violeta, justo en tiempos de Semana Santa, emula el morado de las túnicas de quienes salen a rendir oraciones al Nazareno. “Los apamates ya se vistieron, como en Cuaresma los nazarenos”, cantó nuestro cantor Alí Primera.

Algunas especies, como el samán, árbol majestuoso, marcan paisajes y son refugio y alimento de numerosas especies.

Hay samanes especiales como el samán de Güere, gigantesco árbol que dio sombra al Libertador cuando juró traer la libertad a nuestra tierra. En ese mismo sitio, jurarían, en el siglo XX, los patriotas que liderados por Hugo Chávez prometieron luchar para consolidar esa libertad que nos dio Bolívar.

De ese samán, hay un hijo y está en Caracas, justo frente a la Sala Juan Bautista Plaza, en el Foro Libertador. Tiene varios nombres: samán de Catuche, del buen pastor, de Bello. Esta última denominación es porque allí Andrés Bello dio lecciones al Libertador.

Son 26 especies con relatos interesantes, de árbol a árbol, que nos conectan con nuestras raíces, nuestra naturaleza y nuestro ser. Uvero de playa, palma de moriche, sarrapia, ceiba, guayacán y otros tantos que hemos visto. Es un aporte al conocimiento de quienes investigan para nosotros mismos y divulgan sus resultados para la reflexión, el aprendizaje y la continua búsqueda del conocimiento.

Nerliny Carucí y Guillermo Barreto