VITRINA DE NIMIEDADES | Caverna, tregua y pandemia

Rosa Pellegrino

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La sensación de andar atropellado me ha acompañado esta semana de flexibilización. Quiero moverme rápido, pero hay una fuerza que me frena: el ritmo de los otros, que parecieran haberse olvidado de activar el sentido de la agilidad que el mundo prepandemia nos obligó a desarrollar. Sí, el encuentro con los ríos de gente ya no me resulta grato, y sé que no estoy sola en semejante problema.

En el imaginario se impuso la idea de que detrás de la puerta de cada casa hay gente ansiosa, moviéndose de un lado a otro, casi al borde del desespero, esperando que le abran para salir en carreras a la calle. Pero hay muchas otras puertas que ocultan a quienes prefieren quedarse en casa, para huirle a ciertas formas de vivir que pueden ser más tenaces que el covid-19.

Ya la psicología, en esa tarea de descubrirnos a pesar de nuestros extraordinarios esfuerzos por mantener oculto lo que realmente somos, advirtió sobre la posibilidad de sufrir del síndrome de la caverna, ese deseo de quedarse en casa porque se está más cómodo y tranquilo. Y ante las opciones, por no decir imposiciones, que nos trajo 2020, para algunos permanecer en su propio techo puede ser una forma de vida.

El mundo laboral ha saboreado las ventajas y los vacíos legales de tener a sus trabajadores activos desde casa. Y, especialmente, aprovecha que la necesidad tiene cara de encierro: madres sin niñera, por ejemplo, optan por trabajar desde el hogar para poder moverse entre los oficios y los hijos.

Y aunque hay campos donde la idea del “hecho desde casa” no termina de cuajar en nuestro país, como la educación, exponernos menos al rigor de la calle convulsa y poco amable no deja de ser tentador, especialmente ante los embates de un bloqueo que restringe servicios como el transporte y vuelve costoso moverse en la calle.

¿Puede una población con los desafíos económicos como los nuestros optar por mantener los cambios que nos ha tocado atravesar en los últimos meses? ¿Estamos dispuestos a derrumbar mitos como las horas/trabajo como sinónimo de productividad? ¿Es posible entender este raro momento como una ocasión para hacernos la cosa más amigable?

Creo que, sin tener respuestas claras aún, hay algo que podríamos proponernos: hacernos la vida un poco más llevadera. Quizás, la ventaja que usted logra de alguna situación, muy a su pesar y sin proponérselo, es el mal momento de otra persona.

Y a eso hay que sumarle esas cosas que fuimos construyendo en medio de este momento, aparentemente inmóvil, casi suspendido, que sacudió fibras tan profundas que no sabemos qué saldrá de semejante historia.

Mientras eso se aclara, trato de llevar la flexibilización con calma. Esta exposición a cuentagotas con el ajetreo, con la gente aún con ritmo de cuarentena, es un desafío. Quizás esa caverna que algunos creamos pueda ser una alternativa por un tiempo más. Porque al cuerpo y al alma también les sale su tregua.

Rosa Pellegrino