CARNET DE IDENTIDAD | Acto de amor

Hindu Anderi

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Ejercer la autocrítica en ninguna época es sencillo y en tiempos de bloqueo mucho menos. El Comandante Hugo Chávez recomendó a los medios públicos contar con espacios para que el pueblo pudiera hacer las exhortaciones necesarias a los y las funcionarias y no dejar la crítica a quienes la hicieran de manera interesada. “…hagamos la crítica nosotros mismos, pero no tengamos ningún complejo… la autocrítica no le hace daño al proceso, le hace bien…ahora hagámosla con lealtad al proceso porque ya entonces la cosa viene envenenada…de manera ética con moral, la autocrítica y la crítica…”, pidió Chávez, quien además aclaró que la crítica entre revolucionarios no podía ser condicionada.

Pero así como muchas otras cosas no se decretan, la crítica y la autocrítica en las parrillas no resultó muy atractiva para algunos y algunas, y con salvadas excepciones se incorporó o se mantuvo, dado el caso. Y no sólo hablamos de medios públicos, para ser honestas, tenemos que ser más amplios en este sentido…Quizás los primeros en obligarse a permitir su propia revisión deben ser los medios alternativos y comunitarios.

Hay que tener mucho tacto para no herir susceptibilidades, pero el pueblo no necesariamente tiene como prioridad el uso de la seda para no afectar la piel de quienes se supone deben velar por su bienestar. Gobierno central, gestiones locales, instituciones nacionales y municipales son susceptibles a la necesaria revisión y cuestionamiento. De lo contrario, quienes conocen sus debilidades, omisiones y faltas, se convierten en cómplices automáticamente de dichas prácticas.

El Che Guevara lo planteó cuando recomendaba no tapar los errores para poder verlos y corregirlos. Un hecho nada extraordinario. Si tenemos en casa una filtración y no la atendemos a tiempo, luego no podemos lamentarnos porque la pared se vino abajo o toda la casa se derrumbó.

Pero para facilitar el ejercicio de la crítica lo primero que debemos colgar es la arrogancia, así mismo la soberbia, el ego y vestirnos de vergüenza para asumir la realidad y llenarnos de humildad y de voluntad para corregir los errores.

Los cargos pasan, o los hombres que los ocupan, son sustituidos por otros u otras. Lo que sí quedará es el reconocimiento de haber dado, dejado y permitido o transformado la realidad del colectivo para sumar a una vida digna y feliz.

Entonces tanto ejercer la crítica y la autocritica, como asumirla para cambiar, que es a fin de cuentas un acto de amor, no puede estar supeditado a los intereses y particularidades de unos pocos.

El Comandante Fidel Castro dijo durante un discurso a propósito de los 27 años del Asalto al Cuartel Moncada: “Y si alguna de las cosas que decimos las explota el enemigo y nos producen profunda vergüenza, ¡bienvenida sea la vergüenza, bienvenida sea la pena, si sabemos convertir la vergüenza en fuerza, si sabemos convertir la vergüenza en espíritu de trabajo, si sabemos convertir la vergüenza en moral!”.

Escuchar dónde están las fallas; donde se ubican las omisiones, dónde están los errores, es una gran oportunidad para transformar la realidad y beneficiarnos todos y todas. Es un hecho revolucionario, es un acto de amor.

Hindu Anderi | @AnderiHindu