LETRA DESATADA | ¡Campeón hasta siempre!

Mercedes Chacín

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Es difícil ganarle a la canalla mediática, sobre todo cuando no tienes conciencia de que existe. Y aun sabiéndolo es imposible. Todavía hay mucha gente en el mundo que cree ciegamente en lo que dicen los medios de comunicación. Gente que no se hace preguntas, que no contrasta, gente que simplemente cree, que consume información y entretenimiento. Para esa gente, para millones de personas que viven en el planeta Tierra, se producen películas, series, cuñas publicitarias, noticias, programas de cualquier cosa, que refuerzan las mentiras canallas. Es un trabajo en equipo casi perfecto. Huelga decir que saben hacer muy bien ese trabajo. Y ese trabajo no es otro que posicionar un discurso en el que los malos parecen buenos aunque hagan mucho daño. Los malos hacen la guerra y la gente aplaude. Es la gente que defiende, por ejemplo, al sistema capitalista, aun sabiendo que todos somos sus esclavos. Noticias (falsas) y entretenimiento. Es una industria, llamada cultural, muy poderosa. Incluso es más poderosa que las corporaciones militares. Y lo es porque en esa guerra cultural gana quien tenga más poder de penetración, más público, más gente consumiendo su basura. Más gente creyendo en su basura. Diego Armando Maradona luchó contra esa industria. Diego sabía el tamaño de su enemigo. Pero su enemigo sabía que él era grande. Que es grande.

Por eso el diario El Clarín de Argentina fue el primero que dio la noticia en Google. El mismo grupo comunicacional que ha tratado de destruirlo. Por eso la historia de Maradona es tan particular. Fue siempre Diego contra la industria cultural. No tenía Diego detrás de sí un gobierno, no tenía Diego un ministerio de comunicación trabajando como sí lo tuvieron Fidel Castro y Hugo Chávez. No tenía un ejército que lo cuidara. El vivió dentro del monstruo. Y vivió del monstruo, también. Usó la industria cultural y luchó contra ella.

Pelearon como iguales. Y ganó. Ganó porque nunca lo pudieron comprar.

Maradona fue amigo de Fidel y de Chávez y lo que los unía, más allá de la ideología, más allá de la “zurda”, fue que se enfrentaron a esa industria cultural con desparpajo, con autenticidad y con valentía. Sabiéndose cómplices. Cada uno en su estilo defendió su verdad, la verdad de su pueblo, la verdad de los pobres y en esa verdad se fundieron. En la verdad de sus pueblos. Nunca se entregaron. Nunca pidieron clemencia. Nunca se arrodillaron.

Por eso al conocerse la noticia de la muerte de Diego Armando Maradona, (¡ah! ya sabemos que la muerte siempre gana, lo dijo Google) millones nos emocionamos hasta las lágrimas. Y las lágrimas de millones demuestran que su verdad sigue viva. Que nuestra verdad sigue viva. Su vida fue la de aquel jugador solitario, argentino, que le hizo un gol de película a Inglaterra mientras la canalla veía su guion we are the champions destruido sin poder hacer nada. Perdieron. Tuvieron la noticia pero no el entretenimiento. Ganaste, Diego. Hasta la victoria siempre, campeón… Sigamos.

Mercedes Chacín