Carta Magna del 99 ha sido modelo para otras constituciones del mundo

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Isaías Rodríguez

Hace 21 años las y los venezolanos vivimos un momento histórico cuando el presidente Hugo Chávez recibió, de parte de un grupo de constituyentes, el proyecto de Constitución redactada por 131 hombres y mujeres que habían sido elegidos por el pueblo de la patria de Bolívar, con la firme idea y convicción de refundar los cimientos de este territorio bendecido por los dioses griegos o por el todopoderoso Dios de los cristianos –todo depende de la creencia de nuestras estimadas lectoras y lectores– e iniciar la reconstrucción de un terruño que había sufrido por el caudillismo, la guerra civil y las pequeñas confrontaciones gestadas a partir de la muerte del Libertador Simón Bolívar, así como de crueles dictaduras y una pseudodemocracia displicente, que se preocupó más por asesinar y desaparecer a quienes actuaban contra sus actos antipopulares y poco democráticos, que por darle una vida digna a una ciudadanía que se encontraba en la pobreza.

Necesario es recordar que el gran significado de ese proyecto de Carta Magna radicaba en una consulta popular solicitada mediante decreto por el Comandante Hugo Chávez, apenas llegó al poder en 1999, y porque el pueblo fue partícipe en su redacción y en su posterior aprobación el 15 de diciembre de ese mismo año. Es la primera Constitución de nuestro país aprobada por el soberano, que fue un protagonista indirecto al hacer llegar sus propuestas en diversos encuentros que sostuvieron con los constituyentes.

Uno de esos constituyentes fue Isaías Rodríguez, exvicepresidente ejecutivo y exfiscal general de la República, quien nos cuenta que en el último año del segundo milenio las venezolanas y los venezolanos habían ido a ejercer su derecho al sufragio para elaborar una nueva Constitución, con un nuevo proyecto de Estado.

“Los venezolanos eligieron una Asamblea Nacional Constituyente (ANC) de 131 integrantes de los cuales 6 con argumentos no coincidentes se opusieron al Estatuto de Funcionamiento, al poder constituyente originario de la Asamblea y a la acción de intervenir los poderes públicos existentes. La elección popular se impuso a los intereses de partido”, rememora Rodríguez y acota que aquella ANC estuvo integrada, no por uno, sino por cuatro partidos, tres representantes de los pueblos indígenas más seis individualidades opositoras con tendencias diferentes.

“Hubo desacuerdos, se votaron propuestas disímiles, pero se respetó el criterio de la mayoría. Las diferencias se dirimieron, primero, dentro de las 20 comisiones permanentes designadas para elaborar el proyecto de artículos por temas y, luego, en las 22 plenarias realizadas para aprobar en dos discusiones el proyecto de Constitución que se sometió a la votación popular en el mes de diciembre”, recuerda el exvicepresidente ejecutivo de la República.

—Nos podría decir, desde su punto de vista, ¿cuáles son las normas más destacadas en la parte dogmática de nuestra Carta Magna?

—Una Constitución es como un árbol, tiene raíces, es la parte dogmática integrada por Principios Fundamentales que determinan la configuración política del Estado. En este sentido, nuestra Constitución visualiza a la mujer como participante activa de la sociedad, la incorporación de ella a las luchas y a la construcción social venezolana es una realidad que nadie puede negar.

Si comparamos la actual Carta de Derechos Sociales con la de 1961 es notable la superación respecto a la Carta Magna anterior; amplía derechos y sujetos hasta el punto de que, en algunas materias, prevé la aplicación directa por los tribunales y demás órganos del poder público de normas cuyo ejercicio y goce sean más favorables a las establecidas “en esta Constitución”.

Pero vamos a la respuesta concreta, lo más destacado en la parte dogmática, desde mi óptica, son las normas sobre el sistema de referendos y la iniciativa constituyente; aplicándolas, el presidente Maduro logró pacificar un país al que pretendían conducir a la guerra civil. Pero, aún más, en la gestión del presidente Chávez el protagonismo popular agregó un nuevo referéndum, no establecido expresamente, el “Aprobatorio”, hechura del pueblo con el cual se dejó sin efecto el “Revocatorio” solicitado contra el mandatario. Realizados de acuerdo con lo establecido por las leyes, estas normas, en mi opinión, el sistema refrendario y la iniciativa constituyente son el gran acierto de nuestra Constitución.

—En la Constitución de 1999 se les dio rango constitucional a algunos derechos tales como la jornada laboral, derecho de los pueblos indígenas, derecho al deporte, derecho a la educación y educar, derecho a la cultura y a la protección de la cultura popular, así como el derecho de los ancianos y de los discapacitados. ¿Nos podría explicar la razón de esto, de por qué se ampliaron los derechos y deberes que estaban precisados en la Constitución de 1961?

—Se les dio rango constitucional porque es frecuente la modificación de las leyes a través de otras leyes; la idea de mantenerlos en el texto constitucional fue con el fin de hacer más compleja su modificación y permitir la modificación de ellos solo mediante la elaboración de una nueva Constitución.

—En la parte orgánica de nuestra Carta Magna, además de establecer en la estructura del poder público los poderes ya conocidos como el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial, se plasmó la creación de dos novísimos poderes como el Ciudadano y el Electoral, ¿qué razones tuvieron los constituyentes para la creación de estos nuevos poderes? ¿Fue útil la implantación de estos dos nuevos poderes?

—El Poder al que Simón Bolívar denomina Poder Moral es inherente al proyecto de nación independiente, para cuya concreción se requiere educación, justicia social y moral. El concepto de moral no tenía, para el Libertador, carácter individual ni de conducta privada, sino una idea político-social necesaria para la transformación de la sociedad colonial en beneficio de las mayorías desposeídas.

La intención del constituyente de 1999 fue incorporar esta idea propuesta por Bolívar para la Constitución de Angostura. La ANC debatió y consolidó este nuevo poder y lo llamó Poder Ciudadano. El otro Poder, el Electoral, es inherente a todo el sistema refrendario para decidir materias de especial trascendencia nacional, estadal, municipal y parroquial, así como los procesos para la participación de los ciudadanos en los asuntos públicos.

Parlamento unicameral es más eficaz

—¿Por qué se inclinaron los constituyentes por la conformación de un Poder Legislativo unicameral en vez de uno bicameral? ¿Fue esa una manera de reducir la burocracia parlamentaria?

—Las razones para el Parlamento unicameral expuestas en la ANC de 1999 fueron inicialmente cuatro: simplificar el procedimiento para la formación de las leyes, reducir costos de funcionamiento, eliminar la duplicidad de los órganos de administración y control, evitar el doble funcionamiento de las Comisiones Permanentes para una misma actividad. El debate agregó otras: “Tenemos muchos años de bicameralismo (desde 1811 a 1999) y nunca se han defendido las regiones y los estados”.

Para eliminar la Cámara de enfriamiento se trajo el ejemplo de Ecuador, Perú y los países centroamericanos, los cuales son unicamerales. Constitucionalistas extranjeros partidarios del Parlamento unicameral agregaron otros beneficios: la unidad del pueblo se expresa mejor con una sola Cámara; si ambas Cámaras discrepan, una de ellas no representa la voluntad popular; la existencia de dos Cámaras plantea el riesgo de que la más superficial entorpezca el trabajo de la otra; con una sola Cámara las funciones parlamentarias son más eficaces. En todo caso, la propuesta fue intensamente debatida, se votó y la moción de mantener las dos Cámaras fue derrotada con 70 a favor y 49 en contra.

—Otra de las innovaciones de la Constitución de 1999 fue la creación de la figura del Vicepresidente de la República, que es designado por el Jefe del Estado, ¿por qué no optaron los constituyentes para que éste fuera elegido por el soberano en fórmula junto al Presidente?

—Experiencias externas hicieron ver en los debates la inconveniencia de posibles enfrentamientos entre el Presidente y el Vicepresidente cuando ambos son electos por voluntad popular. Se prefirió optar por la figura del Vicepresidente Ejecutivo, designado por éste para la colaboración directa en la acción del Gobierno; se le asignaron funciones específicas: suplir al Presidente en ausencias temporales, proponer el nombramiento y remoción de ministros, presidir el Consejo Federal de Gobierno, coordinar las relaciones con la Asamblea Nacional.

—Democracia participativa y protagónica es poder para el soberano. ¿Qué diferencia hay entre la democracia participativa y protagónica, consagrada en la Carta Magna de 1999, y la democracia representativa establecida en la Constitución de 1961?

—En la democracia representativa el titular del poder político no lo ejerce por sí mismo sino a través de representantes electos por él, quienes formulan las leyes y deciden los problemas públicos en su nombre; este tipo de democracia se caracteriza por un menor activismo del ciudadano; en la democracia participativa y protagónica hay mayor acción del ciudadano, puede estar presente en la toma de decisiones y ser parte activa en las tareas del Estado, puede ejercer funciones contraloras, promover revocatorias de cargos, magistraturas y mandatos de elección popular, proponer, abrogar, reformar o enmendar leyes o decretos del Presidente de la República, tiene iniciativa constituyente y, cumpliendo las formalidades de ley, puede ejercer directamente su soberanía en cabildos abiertos y asambleas de ciudadanos.

—¿Usted considera que nuestra Carta Magna es una de las más avanzadas constituciones del mundo?

—Sin duda alguna; ha sido modelo para otras constituciones latinoamericanas y en la doctrina constitucional se la valora. Pienso que los acosos y el asedio permanente a nuestro proyecto no nos han permitido implementarla en toda su magnitud. No está agotada, puede perfeccionarse, pero en ella está buena parte de las soluciones a nuestros problemas.

En Chile son conscientes de la desigualdad

Con respecto a los procesos constituyentes que se avecinan en América Latina, en Chile ya se asoma en el horizonte, o que pudieran darse como el caso de Perú, donde el pueblo ha salido a las calles exigiendo una nueva Constitución, el exvicepresidente asegura que los procesos constituyentes implican rupturas históricas, y quienes ostentan el poder y han sido beneficiados de la legalidad establecida del sistema, usan como escudo esa “legalidad del sistema anterior” e intentan frenar los avances propugnados por el pueblo.

“En Chile hay conciencia de la desigualdad y voluntad de cambios expresada en los resultados de la consulta popular. Aprobaron con el 78% de los votantes elaborar una nueva Constitución y escogieron una convención constituyente formada por 155 ciudadanos elegidos por voto popular para debatirla. Tendrán momentos difíciles, pero avizoro que lograrán nuevas instituciones, un mejor equilibrio social y político”, sentencia Rodríguez para finalizar un diálogo ameno sobre el proceso constituyente de 1999.

Los imperios tardan en morir

En relación a si son una muestra de decadencia imperial los hechos suscitados en Estados Unidos, que a casi un mes de las elecciones presidenciales Trump no termina de reconocer a Joe Biden como presidente electo, y todavía se están recontando votos en ciertos estados de la unión, poniendo en entredicho el sistema electoral estadounidense, Rodríguez considera que el reconocimiento mundial de la mayoría de los gobiernos y las contradicciones internas en el partido de Trump no dejan lugar a dudas del triunfo electoral de Joe Biden.

“El problema electoral no es uno de sus principales signos de decadencia. Este país desafía su propio orden y eso sí es una manifestación de deterioro, desafía acuerdos y relaciones internacionales, afecta instituciones que creó para sostener el equilibrio planetario. Por otra parte, su superioridad científico-tecnológica y las condiciones de vida de su sociedad han mermado; mantiene, sin embargo, su poderío militar global y el sistema político creado alrededor de ese poderío”, sentencia Rodríguez.

Precisa, que si bien “es cierto que existe un evidente crecimiento económico, científico, tecnológico y militar de China y Rusia, y ello configura un eje de conflictividad que se manifiesta, entre otros lugares, en América Latina”, no necesariamente puede considerarse como un signo de extinción, porque “la agonía de los imperios no es como la de los seres humanos, tardan en morir”.

Biografía Mínima

Julián Isaías Rodríguez nació en Valle de la Pascua, estado Guárico, en diciembre de 1942, estudió Derecho en la Universidad Central de Venezuela (UCV), de donde egresó como abogado, además cuenta con una especialización en Derecho Laboral. En los años 90 del siglo pasado se unió a la campaña del entonces candidato Hugo Chávez y fue electo senador en 1998 y en 1999 fue escogido por votación popular constituyente. En el año 2000 se convirtió en el primer vicepresidente de la República y en 2001 fue designado Fiscal General de la República, cargo que ocupó hasta el año 2007. También fue embajador de Venezuela en Italia desde 2011 hasta el 2019, con una pequeña pausa, en 2017, cuando fue elegido para ocupar una curul en la Asamblea Nacional Constituyente.

Ciudad Ccs / Juan Carlos Pérez Durán