Ya se había despedido: “Gracias a la pelota”

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“Gracias por haber jugado al fútbol, gracias por haber jugado al fútbol, porque es el deporte que me dio más alegría, más libertad, es como tocar el cielo con las manos. Gracias a la pelota. Sí, pondría una lápida que diga: gracias a la pelota”.

Eso respondió cuando se entrevistó a sí mismo en su programa de gran audiencia en la televisión argentina “La Noche del Diez”, fue hace 15 años y el Diego moderador le preguntó al futbolista: “Si tuviera que decir unas palabras desde el cementerio a Maradona ¿qué le diría?

La respuesta encierra lo que fue toda su vida, fútbol y pelota, sus más fieles compañeros, nunca le reprocharon nada, sin importar los errores que cometiera y siempre estuvieron allí para él.

Según biógrafos de El Pelusa, como lo apodaban, su pasión por el balompié comenzó a los nueve años, con Los Cebollitas, una categoría. Eran tiempos de escasez y entonces entre las pocas cosas que tenía estaban el fútbol y la pelota.

Con el fútbol tuvo la seguridad que quizás no le ofrecía la escuela a un niño como él, de una familia en la que era el quinto de ocho hermanos, casi un equipo de fútbol, por lo que no llegó a concluir el primer año de bachillerato, poca preparación académica para enfrentar esa gran complejidad que encierra el fútbol como negocio y las tentaciones que no faltan para quienes se convierten en estrellas de cualquier deporte.

Gracias a su habilidad y empeño llegó a desarrollar un total control en la conducción de la pelota, que aunado a ese ímpetu para defender lo único que se tiene lo llevaron a salir, él y su familia, de Villa Fiorito, entonces un barrio pobre de la provincia de Buenos Aires en el que transcurrió su infancia y del que siempre se mantuvo pendiente y cercano, aún en sus más grandes momentos de gloria.

Dominaba el balón como si se tratara de una parte de su cuerpo, podía mantenerlo en el aire con toques de cabeza, pies, rodillas, hombros, el tiempo que se propusiera. Con diez años de edad llegó al Argentinos Juniors y no tardó su fichaje, en la categoría conocida como Los Cebollitas y con su equipo mantuvo un invicto de 136 en partidos, sobresaliendo entre sus compañeros.

Su destreza era el centro de atención y podía mostrarla en los entretiempos de los partidos del equipo de primera división de Argentinos Juniors, entonces se convertía en el dueño de los aplausos en el estadio y ya entre los asistentes existía el convencimiento de que pronto en vez de tomar el balón durante el descanso le correspondería ir al camerino con los demás integrantes del plantel principal.

Fue en esos años cuando tuvo su primer encuentro con las cámaras de televisión. Le preguntaron sobre sus sueños y respondió tener dos, uno “jugar el Mundial” y dos “salir campeón”.

Debut a los 15 años en primera

Su debut profesional ocurrió con 15 años, el 20 de octubre de 1976. El 30 cumpliría los 16. “Juegue como lo hace en los entrenamientos, como usted sabe, y si puede tire un caño (túnel)”, le dijo su entrenador.

Unos sostienen que en su primera jugada logró la encomienda del entrenador, el caño, pero él mismo aclaró posteriormente que fue en la tercera. Ahora que no estará (falleció el miércoles) para corregir cualquier exageración en las discusiones sobre su trayectoria con seguridad su leyenda aumentará.

Sus sueños de niño los hizo realidad en 1986, en México. Integró la selección nacional argentina que intervino en el Mundial, comandada por el director técnico Carlos Salvador Bilardo, que ganó el torneo.

Además, en el choque de cuartos de final contra Inglaterra, que también contaba con una gran connotación política por la llamada Guerra de Las Malvinas que enfrentó a ambos países (1982), logró las jugadas más recordadas de su carrera deportiva y para las mismas apenas necesitó cuatro minutos, hizo los dos goles de la albiceleste (minutos 51 y 55) en un partido que ganaron por 2-1.

Uno de esos tantos es considerado entre las mejores jugadas en Mundiales, recorrió casi tres cuartos de cancha, dejando a cinco ingleses en el camino. El otro es conocido como “La Mano de Dios”, pues en un salto contra el arquero levantó la extremidad y le dio dirección a la pelota, pero el árbitro no se percató.

En la misma autoentrevista que se realizó El Pelusa afloraron sus tormentos cuando se cuestionó sobre de qué se arrepentia, y respondió sin temor, como siempre, de manera frontal como actuaba, sin importar las consecuencias.

Expresó su pesar por “no haber disfrutado del crecimiento de las nenas (hijas), de haber faltado a fiestas de las nenas. Me arrepiento de haber hecho sufrir a mi vieja, mi viejo, mis hermanos, a los que me quieren. No haber podido dar el cien por ciento en el fútbol porque yo con la cocaína daba ventajas. Yo no saqué ventaja, yo di ventaja”.

Debut adelantado

> En primera división de su país, con Argentinos Juniors, debutó en 1976, a diez días para cumplir 16 años. Con ese equipo se mantuvo hasta 1980.

> Fue el máximo goleador argentino en los torneos de 1978, 1979 y 1980.

> Con la selección de su país en 1979 se tituló en el Campeonato Mundial Juvenil y en 1981 logró el campeonato argentino con el Boca Juniors y quedó listo para su campaña europea.

> En Europa jugó con el F.C. Barcelona (1982-84) y con el equipo catalán ganó la Copa de la Liga y la del Rey (1983), así como la Supercopa de España (1984), con Nápoles (1984-91) ganó las ligas de 1987 y 1990, la Copa UEFA de 1989 y la Supercopa Italia (1991), y con Sevilla (1992-93).

> De regreso a su país estuvo con el Newell’s Old Boys y en el Boca Juniors antes de retirarse en 1997.

> Como integrante de la selección argentina participó en cuatro mundiales, ganando el de México (1986).

> Teminada su carrera como jugador fue director técnico de Argentina (2008 y 2010) y desde 2019 estuvo al frente de Gimnasia de La Plata en su país.

Ciudad Ccs / Juan Cermeño 

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Tras marcar gol a Venezuela dio ánimo a Nelson Carrero

Nelson Carrero, ex integrante de la selección nacional, entrenador, abogado y ahora aspirante a presidir la Federación Venezolana de Fútbol, recuerda el partido contra el combinado argentino de Diego Maradona correspondiente a la eliminatoria para el Mundial de México-86, en junio de 1985 en el estadio Pueblo Nuevo de San Cristóbal (Táchira) que ganaron los visitantes por 3-2.
Ese fue el primer choque de ambos equipos que compartían el Grupo 1 junto a Colombia y Perú.

“Fue un partido muy bueno. Lamentablemente nos hicieron tres goles de pelota parada. Estaba Diego en su mejor momento, en sus (mejores) facultades futbolísticas y mentales”, expone Carrero.

“Fue una experiencia muy buena porque jugábamos contra el equipo donde estaba el mejor jugador del mundo y tenían al lado a jugadores que, yo sigo insistiendo, eran también del mismo nivel, con condiciones para ser campeones del mundo como terminaron siendo un año después”.

En ese encuentro Maradona hizo dos tantos (minutos 2 y 57) que definieron el partido, el otro fue obra de Daniel Passarella (42). Por el combinado criollo anotaron Torres (8) y Márquez (58).

“El primer gol fue un tiro mal cobrado por él y tengo una anécdota. Yo le dije a un compañero que estaba cerca ‘coño vale que cagada de gol’, asimismo le dije y resulta que al tipo (Maradona) lo tenía al lado y me expresó ‘vamos dale, dale, dale que todavía queda partido”.

Esa respuesta sorprendió al venezolano. “O sea, el tipo estaba dentro de la cancha, me hace el gol y me dice ‘dale que todavía queda partido, que esto está bueno’. Ahí fue cuando me di cuenta que (él) disfrutaba de eso, de estar dentro de la cancha, que mucha gente que lo criticaban nunca entendieron eso y pienso que Maradona era un tipo excepcional, esa fue una gran experiencia para nosotros. Luego fuimos a jugar a Argentina (perdimos 3-0).

Ciudad Ccs / JC