DATE CON LA CIENCIA | Renta tecnológica

Nerliny Carucí y Guillermo Barreto

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Piden romper la dictadura de las patentes

“¡Ciencia! ¡verdadera hija del tiempo tú eres!
que alteras todas las cosas con tus escrutadores ojos.
¿Por qué devoras así el corazón del poeta,
buitre, cuyas alas son obtusas realidades?”
Édgar Allan Poe, en Soneto a la ciencia

El sistema capitalista ha provocado un gran daño a la humanidad.

El capital ha ocupado todos los espacios vitales y ha deformado la mente y las relaciones humanas. No solo ha envenenado la Tierra y agotado recursos naturales que no se renovarán nunca, y de los cuales la humanidad tendrá gran necesidad en el futuro, sino que, además, se ha apoderado de los conocimientos de los pueblos.

La propiedad privada sobre los medios de producción en la sociedad industrial, hoy, se convierte en la propiedad intelectual; es decir: los derechos de propiedad privada sobre el conocimiento. Este tema se puede comprender así: los derechos de propiedad privada se imponen sobre los derechos sociales, a pesar de que el conocimiento es un hecho social y humano.

La propiedad intelectual se expresa en derechos de autor, marcas, patentes, secretos industriales, con los que las grandes corporaciones mantienen el control sobre la cadena productiva, sin tener que contar con todos los eslabones. Así incrementan sus ganancias. De esta manera, la tecnología, entendida como conocimiento aplicado, se padece como forma de reproducción de las condiciones de explotación y desigualdad impuestas por el sistema capitalista.

Es la máxima expresión de la plusvalía. La renta tecnológica equivale a la mercantilización de la tierra (renta del suelo). Las corporaciones se apropian de un descubrimiento o un invento tecnológico hechos por la comunidad científica/innovadora (colectivo) o un científico/innovador (individual), como lo hace un terrateniente que se cree dueño de grandes extensiones de la naturaleza. El terrateniente le alquila al campesino la tierra para que la trabaje. El campesino solo obtiene un salario, mientras que el primero obtiene una ganancia sin trabajar y sin tener que invertir más dinero.

Un caso similar ocurre con las empresas que patentan una tecnología, por ejemplo una semilla. Alquilan la semilla, pero la semilla nunca será de la familia campesina, sino que esta siempre debe volver a pagar por el recurso fitogenético. ¡Así el capitalismo domina la alimentación! No en vano dice el refrán: “Quien tiene la semilla, tiene el poder”; un sentido filosófico que puede aplicarse a la tecnología en general.

La narrativa para proteger y preservar el capital material funciona así:

capital

trabajo

tierra-tecnología

ganancia

salario

renta

Estos discursos con sus representaciones, imaginarios, creencias y valores presentes en las relaciones sociales de la producción justifican el “derecho” que tienen las corporaciones de hacerse del conocimiento, incluso sin meter más real ni pagarle a otro trabajador.

A eso es lo que Francisco Durán, matemático venezolano, experto en análisis de datos, llama renta tecnológica: es la apropiación de una ganancia parasitaria. Más allá de las fuerzas de trabajo cotidiano, de la plusvalía de la clase trabajadora, las corporaciones se apropian de un pedazo del conocimiento, de un capital intelectual, del que obtienen una ganancia continua.

Esta es la realidad del capitalismo actual: la tasa de ganancia de los capitalistas es mayor con la renta que obtienen de los conocimientos privatizados. Lo peor: las leyes, las normas y los acuerdos internacionales, definidos y negociados por el sistema capitalista, están dirigidos a que suceda de esa manera.

El derecho de propiedad y los derechos del mundo van en correspondencia con el desarrollo industrial. Estos derechos responden al orden económico impuesto a la humanidad, y lo sustentan.

La Organización Mundial del Comercio a la cual está suscrita Venezuela, y muchísimas otras naciones, reconoce el derecho de propiedad sobre modalidades de innovación universitarias, empresariales, individuales y privadas. Es decir: el Norte privatiza el conocimiento y nosotros firmamos esos acuerdos.

En las IX Jornadas de Apropiación Social de las Tecnologías Libres, Francisco quiso mostrar cómo el capital, desde su lógica de muerte, se apropia de un derecho colectivo de los pueblos. En esta línea, subyace una interpretación decisiva de Karl Marx, que es necesario recuperar: “Desde el punto de vista de una formación económico-social superior, la propiedad privada del planeta en manos de individuos aislados parecerá tan absurda como la propiedad privada de un hombre en manos de otro hombre. Ni siquiera toda una sociedad, una nación o, es más, todas las sociedades contemporáneas reunidas, son propietarias de la tierra”. Esta misma situación ocurre con el conocimiento. La suma de las luces es un bien esencial de los pueblos, es un proceso social que no debe ser privatizado.

¿Hasta qué punto podemos hablar de conocimiento libre? La postura de Francisco Durán es que, para que haya conocimiento libre, deben desaparecer los derechos de propiedad privada. Es necesario romper con la dictadura de las patentes. Porque ¡cómo puede haber conocimiento libre, frente al desenfreno capitalista!

El problema es mayor: “Los Estados subsidian la construcción de conocimientos que pueden ser privatizados después. ¡Cómo puede haber conocimiento libre así!”.

El futuro de las luchas por el conocimiento y las tecnologías libres tiene que ser repensado. Esta lucha debe superar la mera retórica, ante la política de desigualdad y de dominio del Norte. Francisco lo describe en esta fórmula: “Los conocimientos del Sur están desprotegidos ante la voracidad capitalista. El 90 % del conocimiento del Norte está privatizado, y los países empobrecidos deben pagar una renta para acceder a este. Pero el Norte no paga por apoderarse de los conocimientos del Sur: comunitarios, indígenas, ancestrales, populares, artesanales”.

Toda la biodiversidad que hay en el mundo está en el Sur, y se usa para temas farmacéuticos. ¡Todo eso es libre y es gratuito! Pero, si el Sur quiere utilizar una molécula para un medicamento, tiene que pagar. Es una geopolítica mundial del conocimiento basada en la dominación, en la explotación y en la economía del desprecio a otras formas de conocimiento.

Francisco Durán alumbra la necesidad de reconocer y proteger el saber, sin privatizar, así como la importancia de mantener la lucha por el conocimiento libre; pero, ¡eso sí!, sin caer en la trampa del capitalismo que solo retiene de las luchas populares aquello de lo que se puede apropiar. En este sentido, advierte: “En el capitalismo, el conocimiento ‘libre’ aumenta la tasa de ganancia de unos pocos, profundiza las desigualdades y contribuye a un mayor desarrollo del sistema del capital. ¿Qué significa eso? Para que las tecnologías y el conocimiento sean libres, deben pasar por un proceso de descolonización de lucha contra el capitalismo mundial y la transformación de nuestro sistema educativo, científico y económico”.

Para fortalecer la lucha por el conocimiento y las tecnologías libres, es preciso acudir a la reflexión histórica: las tecnologías, los conocimientos no serán libres, mientras haya desigualdades. Para que haya tecnologías libres deben desaparecer los derechos de propiedad sobre el conocimiento, en todo el mundo. Este es conocimiento venezolano para el debate que nos alimenta e inspira.

Nerliny Carucí y Guillermo Barreto