HORIZONTE DE SUCESOS | Adiós, Barrilete

Heathcliff Cedeño

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En este espacio siempre hablo de vainas medio cósmicas y esta vez no se puede dejar pasar la oportunidad de rendirle tributo a Diego Armando Maradona, y no porque lo apoden el Barrilete Cósmico, sino porque el rey del fútbol, el papá de los helados, el rock, Dios y cuanto apelativo quieran usar, desde hace rato cruzó el velo de la inmortalidad y constituye una de esas figuras inamovibles de la cultura universal.

Desde que se supo de su muerte, el 25 de noviembre, el mundo entero ha estado en una atmósfera que se debate entre el dolor, la memoria y el extravío.

En redes sociales y medios de comunicación han circulado infinidad de historias en las que de alguna manera el astro del fútbol mundial directa o indirectamente salvó a alguien o a un grupo. Relatos que nos arrugan más de lo que estamos porque finalmente nos dimos cuenta de que estamos emparentados a mucha gente que también comparte un fragmento del Diego. Claro, que también algunos pocos salieron a pasear sus miserias, pero esos no tienen cabida en ningún lado y esas se olvidan rápido sin dejar rastro.

En una conversa con un grupo de amigos, todos llegamos a la conclusión de que el sentimiento de dolor y pérdida solo era comparable con lo que sentimos el 5 de marzo de 2013 cuando murió el Comandante Chávez. Esa sensación de orfandad que todos compartimos es un fenómeno extraño, decía uno, porque al menos con el Comandante compartíamos el terruño.

“Los pobres vivimos en una orfandad total, tipos como Chávez y Maradona se convierten en nuestros referentes, los hacemos nuestros, y nos duelen como tal”, copio tal cual de uno de los amigos.

Y es que cuando revisamos la historia de estos personajes universales nos damos cuenta de que en común tienen que son adorados por los pobres del mundo, los asediados por la guerra, los derrotados de siempre, los silenciados por el capitalismo. Lo que molesta a algunos es que Chávez y Maradona, quienes además eran grandes amigos, eran sujetos comunes con los que uno se puede identificar fácilmente.

Sí, dos tipos que fueron pobres como uno y por más fama y poder que tuvieron no dejaron de ser quienes eran en esencia, unos sujetos comunes y auténticos. Por eso no sorprende que en cualquier rincón del planeta se les nombre con adoración familiar.

Heathcliff Cedeño