CARNET DE IDENTIDAD | Ahora sí nos quedamos sin Gasolina

Hindu Anderi

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Este año hemos visto partir a mucha gente buena, de esa que cuando muere no nos es necesario practicar la hipocresía para reconocer que en vida lo era de verdad. De esa que no tendría que irse nunca.

Ayer en el fragor de los debates por los resultados de las elecciones del 6 de diciembre, en los múltiples grupos de WhatsApp se coló la imagen de “Gasolina”. Así le conocimos desde siempre. Un sujeto particular y hasta incómodo para algunos, pero camarada, revolucionario, personaje de vanguardia para otros.

Siempre andaba con su cuatro a cuestas, que resucitaba después de cada presentación en tarima porque no tenía problema en lanzarlo contra quien fuera. Si Janis Joplin y Jimi Hendrix tenían su estilo, ¿porqué un caraqueño como él no podía tener el suyo?

Gasolina era un amante del blues, que interpretaba genialmente con su cuatro roto, ofreciendo un espectáculo maravilloso que a veces sonrojaba a cualquiera que lo viera. Su melena cana y su barba cuidadosamente descuidadas lo delataban. Era una especie de Reverón con Carlos Marx. ¡Allí viene Gasolina! Era como un grito de alarma, porque el hombre era combustible puro.

Alguna vez leímos un reportaje sobre él. Se enorgullecía lúcido de su irreverencia. Ese patrimonio cultural de hecho y derecho, explosivo y mágico maravilloso, se nos fue el 7 de diciembre, cuando inauguramos el Festival de Poesía del Sur. Quizás porque además era un poema duro de la calle, que lo vio con y sin prejuicios, y nos lo va a recordar siempre, porque allí se quedó, en el asfalto, con sus letras y su conciencia.

Gelio Arturo Acosta Yánez era su nombre real, pero nadie nunca lo llamó por otro que no fuese el apodo que con orgullo asumió, Gasolina. Y es que así era. No había tarima para la solidaridad que se salvara de un chispazo de ese combustible. Allí estaba él siempre. Si no lo dejaban cantar en tarima, entre el público se expresaba. El sí sabía lo que era decir sin pelos en la lengua lo que le viniera en gana y como quisiera, total interpretó muy bien el canto de Alí “…que la mayor grosería la dice esta sociedad”.

No hubo excusa posible para que su canto no se difundiera. El mismo grabó artesanalmente sus canciones y vendía copias de su disco en la calle. La Revolución luego, a través de la Universidad de las Artes, lo reconoció como Maestro Honorario por su aporte a la cultura popular del país. Pero quizás no fue suficiente. Esos genios, juglares de la música merecen más. Un día sabremos agradecer en mayor medida a los músicos, poetas y locos de amor por el arte, cuando la Revolución Cultural sea prioridad.

Estamos muy tristes. Nos quedamos con ganas de verlo, de oírlo nuevamente con su cuatro y su hermoso canto que nos recordaba el dolor de los negros arrancados de su madre tierra y esclavizados en Estados Unidos. Nos queda la frustración de no haberlo abrazado más. Ahora sí que se acabó el combustible y nos quedamos sin Gasolina.

Hindu Anderi | @AnderiHindu