HORIZONTE DE SUCESOS | Gravedad II

Heathcliff Cedeño

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Adelanté la semana pasada que la gravedad, al igual que el espacio-tiempo y la velocidad de la luz, es una de las verdades innegables desde el punto de vista científico. También dije que la misma hace que todo lo existente en la malla que sostiene la realidad sea un poco más verdadero.

Paradójicamente, estos elementos que sostienen la existencia son imperceptibles para cualquier entusiasta observador. Es decir, que en términos de la percepción de la realidad debemos confiar en la certeza de cosas que no podemos ver, sino, a veces, sentir.

Si dije que la gravedad termina por darle carácter a todo lo existente en la suerte de malla cósmica que constituye el espacio-tiempo es porque la densidad de los cuerpos, por más pequeños o grandes que sean, determina su presencia a través de la fuerza que ejercen en el universo.

Y esto no depende necesariamente del volumen de los cuerpos. Un ejemplo palmario de eso son las estrellas de neutrones, cuya densidad es tan grande que un fragmento del tamaño de una cucharilla puede pesar, literalmente, un mundo.

Otro ejemplo dramático de la imperceptibilidad de la fuerza de gravedad lo “podemos” ver en los hoyos negros, verdaderos monstruos del cosmos. Lo sorprendente de estos elementos es que no se pueden ver, pero su fuerza de gravedad descomunal muele todo lo que encuentra a su paso y solo se puede percibir a través de lo que atrae. Es preciso recordar que una de sus partes dio nombre a esta columna dominguera.

A 26 mil años luz, en el centro de la Vía Láctea, uno de estos monstruos cósmicos devora estrellas, planetas y cualquier material que se acerque. Este hoyo negro supermasivo que tiene a los astrónomos maravillados se llama Sagitario A. Sin duda alguna son de temer, pero que esté a 26 mil años viajando a 300 mil km por segundo nos hace pensar que está un poco lejos.

Este tema tiene mucha tela que cortar porque la gravedad tiene implicaciones que van desde lo más grande hasta los más pequeño. También tiene, como todo lo que he dicho desde el principio de este espacio, elementos muy humanos, los mismos con los que está hecho todo lo que existe en el universo.

Heathcliff Cedeño