ARRIMANDO LA BRASA | José Vicente: La ética como vida

Laura Antillano

0

Desde hace días circulaba en redes la idea del quebranto de salud de José Vicente Rangel, y en el día de hoy, 18 de diciembre 2020, la familia ha confirmado el fallecimiento de este intelectual venezolano, que ha gozado a través de su vida del respeto de quienes consideramos su lealtad y disciplina profesional como rangos permanentes de su actitud ante el oficio que definió su vida, al lado de la ética, indudablemente, y el amor sin límites hacia Venezuela , su país y espacio vital.

José Vicente Rangel mantuvo siempre la misma postura política, como cuestionador de las circunstancias en busca de la justicia en beneficio de las mayorías. Ello le valió una vida de grandes períodos en peligro, por su valentía y arrojo siempre en busca de la verdad y la decencia. Otro grande del oficio, Earle Herrera, le señala como hombre del oficio periodístico en términos de una concepción perfeccionista de naturaleza vital, y escoge la relación entre entrevistador y entrevistado para señalarlo en términos de ese respeto: ”José Vicente Rangel domina con destreza el arte de la entrevista. Y empleo a conciencia plena la palabra arte. El género ha alcanzado ese estadio gracias a cultivadores de excepción que lo han enaltecido en la prensa, radio y televisión. El buen entrevistador no solo sabe preguntar con pertinencia, precisión y conocimiento (…)sino que también sabe escuchar. Sabe cuándo interrumpir casi por oído como los buenos músicos. Es por eso que frente al televisor, cuando vemos su programa, nos sentimos partícipes de la conversación (…). Para mí, cronista de los días, es un alto honor prologar un libro calzado con la firma de José Vicente Rangel” [1].

El abismo que señala la ausencia de seres humanos como José Vicente Rangel, en la vida pública del país, es tan grande como la tristeza que predica hoy su desaparición. Y son razones éticas las que respaldan nuestro respeto a su persona.

Una vida de lucha permanente, y una línea de acción siempre respaldada por el conocimiento de la ética como marco a su inestimable sensibilidad social, nos llevan a recordarle en el marco de la acción pública, donde su presencia siempre señaló el escenario de las causas justas como sus causas. Desde muy joven fue luchador social, periodista de medios impresos y televisión, y candidato a la presidencia de la República en más de una ocasión, y si algo definió su pensamiento es la idea de coherencia.

Hoy recuerdo con profunda ternura, la única situación en la cual estuve cerca físicamente de su persona. Fue en el marco de una campaña electoral en la cual se le candidateaba a la Presidencia de la República, estaba en Maracaibo justamente para un mitin programado, era ya la noche iniciada, y el lugar escogido era cercano a un elevado de la autopista en la ciudad de Maracaibo. Yo intentaba descansar y cargaba a mi hijo, un bebé de meses, y estaba como cuidando unas cajas de propaganda colocadas en ese breve espacio del elevado, la tarima de exposición cercana. Estaba sola meciéndole para dormirle un poco y llegó al lugar José Vicente, no había nadie más allí y él, querría como descansar un instante de la presión pública; se acercó, me saludo con discreción, y enseguida hizo buen “filin” con el niño, lo cargó con tranquilidad (dentro de mí había un juego de ironía, porque él conocía a mi familia por nexos profesionales y políticos, pero a mí no, y me gustó su gesto de percibir mi cansancio y ese gesto de ternura con el niño en medio del cansancio de la noche y las circunstancias fue un regalo, jugó un poquito con él y le tranquilizó, sin muchas palabras mostrándole los reflectores y las luces en lo alto, y preguntó cuántos meses tenía, con mucha serenidad. Vinieron a buscarlo, porque ya le tocaba subir a la tarima, me devolvió al bebé y se despidió con educación y ternura y subió a su lugar. Era una noche de mítines, y él lo hizo muy bien, como le correspondía.

Fue la única vez que le vi personalmente y decidí guardar esa imagen en la memoria, que hoy recuerdo, en coherencia afectuosa con mi respeto por el gran ser humano que fue y seguiremos recordando. Que brille para él la luz perpetua.

Laura Antillano

[1] De Yare a Miraflores, el mismo subversivo. Prólogo. 2012