PUNTO Y SEGUIMOS | ¿Gajes del oficio?

Mariel Carrillo García

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Acabo de leer una nota de EFE en la que se intenta informar sin exponer de frente el ridículo de la situación, que la Asamblea Nacional de 2015 autoextendió un año más sus funciones. Es evidente el esfuerzo de quien escribió por vestir de algún tipo de seriedad periodística a un hecho digno de aparecer en el Chigüire Bipolar, pero no lo logra. Comienza diciendo que el Parlamento aprobó las funciones de Juan Guaidó como doble presidente (del legislativo y del país) y después del primer punto y aparte se manda un “esto aun cuando la Constitución dicta que deben terminar en enero de 2021”.

Seguidamente, ante la abrumadora realidad de que eso indica la Constitución, y como pidiendo perdón por soltar una verdad tan poco favorecedora para la oposición, cita parte de la resolución publicada por el extinto Parlamento: “La continuidad constitucional será ejercida hasta que se realicen elecciones presidenciales y parlamentarias libres en el año 2021; ocurra un hecho político sobrevenido y excepcional en 2021, o hasta por un período parlamentario anual adicional a partir del 5 de enero de 2021”. Asumimos que ante semejante descaro, el redactor (o redactora) tuvo una pequeña crisis existencial, porque lo siguiente fue el intertítulo “Continuidad no mencionada”, en la que se ve nuevamente compelido a explicar que tal continuidad no se menciona en la Carta Magna venezolana.

A estas alturas de la noticia, hasta un lector descuidado, o un cursante del primer semestre de periodismo puede notar que los hechos tiran abajo el titular (“Parlamento venezolano alarga su período y reconocimiento a Guaidó por un año”); porque, veamos, si la Constitución no lo permite, es ilegal. Ergo, el fulano Parlamento no puede hacer lo que dice que hizo, ya que sería ilegítimo, y entonces Juanito no puede ser presidente de nada. ¿Raro, no? Porque cualquiera sabe que el único ilegítimo es Maduro y su Asamblea y todo lo demás. ¿Qué le pasa a la Agencia EFE que se pone a confundir así a sus lectores?

El conflicto entre la verdad y la línea editorial continúa hasta el final del texto, porque no se queda en lo señalado, sino que además reseñó hechos que no hacen sino decir disimuladamente que los “buenos” y los “democráticos” se están atornillando en un poder que ya no tienen, para seguir sosteniendo un plan que no cumplieron, anulando a dedo estatutos que ellos mismos crearon y que dejan en evidencia sus internas (AD se abstuvo porque se eliminó el Centro de Gobierno provisional que encabezaba Leopoldo López y se sustituyó por un Consejo Político, que depende directamente de Guaidó). Eso sí, a punta de citas. “Objetividad ante todo”.

La nota es digna de usarse como ejemplo en las aulas de periodismo en una clase de deontología de la comunicación, o redacción de géneros informativos; porque presenta hechos ciertos y comprobables, pero aún así, es velada, poco honesta y con una marcada posición político-editorial. Es como un Frankenstein. La tensión entre la verdad y la necesidad de encajar con los patrones de la empresa-medio se palpa desde el principio hasta el fin y esto, lamentablemente, ocurre en casi todos los medios.

En la Venezuela de hoy, la información, dependiendo desde donde se enuncie, se cataloga inmediatamente de chavista u opositora, cuando a veces es simplemente la verdad. Bien sabemos que la objetvidad como paradigma no existe y que siempre se marca posición, pero de ahí a la mentira y la manipulación hay un trecho largo que deshonra el oficio. Las escuelas de comunicación (y cualquier espacio que forme comunicadores) deben dar las herramientas para ejercer en estos tiempos convulsos con honestidad, escapando de las mentiras y los Frankenstein de medio camino entre lo que es y lo que queremos que sea. La tarea es difícil, pero necesaria, muy necesaria.

Mariel Carrillo García