HORIZONTE DE SUCESOS | El tiempo de los irresponsables

Heathcliff Cedeño

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Desde que empecé a escribir en este espacio lo había hecho sin interrupciones hasta el 27 de diciembre del año pasado, domingo, en que supuestamente publicaría la última columna del año. Para que no me pasara como en las anteriores, que fueron un gol en el descuento por olvido o por circunstancias ajenas (y eso se nota en algunas más que otras), los días previos venía masticando el tema a escribir para darle un cierre digno a Horizonte de sucesos.

Paradójicamente, la columna que fue pensada con antelación no salió publicada. Y digo pensada porque del pensamiento a la escritura hay un gran trecho. No la escribí. Esta vez, la vorágine que me agarró fue diferente, en un ambiente festivo en el que el fin de semana se convirtió en la octavita de la Nochebuena o la continuidad de los parques. El asunto es que uno en esos días se vuelve más irresponsable que el resto del año y se otorga ciertas licencias.

Para la que sale este domingo (no importa cuando lea esto) me costó conseguir sobre qué escribir y una justificación más o menos decente. Entonces recordé que en este espacio el tiempo es unos temas más recurrentes y con eso resolvía la última columna del año pasado y la primera de este que recién empieza.

Cómo sabemos, tenemos la idea de que el tiempo es un vector o línea recta que empezó en algún punto de la existencia y que se extiende infinitamente sin interrupciones hasta donde nadie sabe. Sin embargo, se puede decir que también hay otras formas de concebir el tiempo.

Que en esa línea recta podamos establecer marcas grandes o pequeñas como los milenios, siglos, décadas, años, meses, días, horas, minutos y así, nos da la tranquilidad de que las cosas malas que nos pasan las podemos encapsular en estas porciones de tiempo y las consideramos superadas, en el pasado. Por eso también el tiempo es cultural, el que nos envuelve a todos como sociedad.

Es recurrente que existan años “malos”, como 2016 y 2020, y a final todos estemos contentos e ilusionados porque la pava de ese periodo se acaba con el cañonazo (no les quiero cortar la nota). Es mejor que sigamos pensando de esa manera. Al menos da consuelo para renovar el espíritu y sentir que empezamos de nuevo, porque nadie aguanta el peso de la historia sin esas pausas por más ilusorias que sean.

Sí, estamos de acuerdo con que el tiempo es lineal y continuo. Pero en esa línea aparece la vida para darle ritmo a todo como si los segundos, minutos, días, años y así, fueran los latidos de un gran corazón que le da pulso a la existencia, y viceversa.

Heathcliff Cedeño