Caracas Ciudad Caribe | El problema del agua en Caracas: siglos XVI-XVIII

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La primera caja de agua

El crecimiento de la ciudad de Caracas originaria estuvo condicionado, en sus inicios, por la necesidad de contar con un volumen del vital líquido suficiente para satisfacer las necesidades de la población. La toma de decisiones para resolver el problema se materializó, hacia finales del siglo XVI, en la construcción de una pequeña caja de agua al noreste de villa-campamento para represar la corriente del riachuelo o quebrada de Catuchecuao que bajaba por la hoy esquina de Veroes hacia las actuales La Torre-Gradillas y, finalmente, continuaba su curso hacia las vegas del Guaire.

La caja de agua estaba constituida por un muro de contención, de piedra, transversal al curso del río, posiblemente de unos 15 m de largo por 1 o 2 de alto, que sirvió para represar las aguas de la quebrada. Según el Estudio de Caracas, todavía en el siglo XVII se hablaba en las actas del cabildo de la quebrada que surtía de agua a la ciudad. El mantenimiento de la caja de agua por los vecinos no parece haber sido muy efectivo; evidencia de lo anterior sería el depósito de arcilla fina de color oscuro que parece marcar –en el corte estratigráfico– el asolvamiento del estanque por no remover los sedimentos finos que se depositan en agua arremansada. En la base de la fachada sur del muro de la caja de agua se construyó un piso de cantos rodados, parte del cual todavía se puede observar en la excavación de la Casa Mendoza, cuya finalidad era evitar la erosión de las bases del muro. Es posible que las aguas del estanque, al rebosar el muro de contención, cayesen en cascada sobre aquel piso empedrado hacia el lecho del riachuelo, para continuar rumbo al sur, siguiendo su cauce, donde era captada, tal vez, por otros bucos y acequias y repartida en los diversos solares que se hallaban fuera de los límites de la villa-campamento.

Las aguas de aquel estanque se distribuían por gravedad, aprovechando las pendientes hacia el suroeste, mediante una acequia abierta que canalizaba el agua hacia otros componentes poblacionales del sistema urbano caraqueño. La probable proyección del curso de la acequia indica que ésta podría haber pasado unos 50 m al norte de Santa Capilla, continuando hacia la actual esquina de Carmelitas donde se hallaba la aldea o barrio que hemos llamado de San Mauricio. Desde este punto, la acequia habría bajado en línea recta hacia el sur, en dirección del Hospital Real y la aldea de San Pablo, llevando el agua por gravedad hasta dicho sector.

Es probable que de aquel estanque partieran, en diagonal hacia el sureste, otras acequias que alimentarían el espacio urbano y su periferia.

La acequia que iría de desde San Mauricio hasta San Pablo, habría marcado la orientación de la calle que después bajaría desde la actual esquina de Carmelitas hasta la Plaza San Pablo, transformándose posteriormente, quizás hacia finales del siglo XVII o mediados del XVIII, en una aducción subterránea que distribuía el agua mediante una red de canales secundarios, hacia los solares ubicados a ambos lados de la calle. Es posible que de esta acequia principal se derivasen otros ramales en diagonal que se subdividían en tantas ramas como calles o viviendas hubiese. Es oportuno recordar también a este respecto que los grabados del siglo XIX muestran una fuente o pila de agua que existía en la plazoleta frente al Hospital de San Pablo. Estas aguas venían seguramente de una fuente ubicada hacia el norte, inicialmente la quebrada Catuchecuao y posteriormente el río Catuche. Es posible, como dijimos, que otros bucos o represas menores se hubiesen construido aguas abajo de la anterior, a los fines de derivar el agua mediante una acequia o canal hacia el Convento de San Francisco y hacia la ranchería que, al parecer, existía en su alrededor en el siglo XVI.

El perfil estratigráfico de la antigua superficie del valle expuesto en la Casa Mendoza, cuadra de Veroes a Jesuitas, nos ofrece una secuencia cronológica de la manera cómo fue utilizada la quebrada hasta su desaparición. Podemos establecer la forma cómo el lecho de la misma se fue asolvando al abandonarse o descuidarse el mantenimiento de la caja de agua, por lo cual las aguas de la quebrada Catuchecuao fueron canalizadas en una acequia o formaron un nuevo cauce de dimensiones más reducidas. El cauce de la acequia fue recubierto con arcilla en un período posterior observándose que en algún momento, quizá en el siglo XVII, su cauce fue obstruido también con depósitos de basura doméstica donde aparece mayólica poblana de aquella época y, finalmente, cegado con un depósito de arcilla amarilla.

Posiblemente, ya en el siglo XVIII, una vez desaparecida la caja de agua por los rellenos sucesivos que obliteraron el antiguo curso de la quebrada Catuchecuao, se construyeron sobre la misma nuevas viviendas que completaron la intervención antrópica del viejo paisaje natural caraqueño del siglo XVI, para producir un nuevo paisaje urbano, algunos de cuyos elementos todavía subsisten en la Caracas del siglo XXI.

Las fallas en el mantenimiento de las acequias y cajas de agua, la negligencia de los vecinos para el uso y cuidado de las aducciones hechas al reducido cauce del Catuchecuao, como vemos, redujeron al mínimo el volumen de agua que transportaba su cauce hacia comienzos del siglo XVII, así como la ración de agua que recibían diariamente los vecinos. Estos problemas ocuparían la atención del Cabildo de Caracas en diversos momentos del siglo XVI y las primeras décadas del XVII, ya que, al parecer, los ciclos de sequías y el maltrato al cauce de la quebrada ocasionaban graves carencias de agua para uso de los vecinos, dificultando una distribución equitativa de la misma.

MARIO SANOJA OBEDIENTE / IRAIDA VARGAS
CRONISTAS DE CARACAS