Convivir para vivir | Debemos vivir con energía y fortaleza para el trabajo que da sus frutos

0

Saber de este simpático y agradable entrevistado –tomándonos un rico café–, es conocer la voz de la experiencia. Se trata de José Daniel Pimentel, caraqueño de pura cepa. Nació en la Maternidad Concepción Palacios, el 29 de octubre de 1951. Felizmente, lleva 50 años de casado. Tiene 4 hijos, 10 nietos y 4 bisnietos. Desde su niñez le tocó trabajar fuerte para ayudar a su familia. Se desenvolvió como limpiabotas, pregonero de periódicos, vendedor de café, ayudante (de puestos de mercado, de farmacia, de locales de repuestos), comerciante informal, taxista, motorizado, vigilante y mensajero. Creció y vivió por 5 décadas en el Barrio 1° de Mayo de El Cementerio, en la parroquia Santa Rosalía.

“Fueron momentos difíciles vivir en ese lugar con mi familia. Veía de cerca cómo la pobreza extrema, la droga, la delincuencia y la muerte destruían hogares ¡Sentía que también ese mal iba a perjudicarme! Trabajé sin descanso día y noche, para darle un techo seguro a los míos. Recuerdo que se me presentó una oportunidad laboral en Maracay y no lo pensé dos veces. Compré una casa y allí viví por 18 años.

Ya añorando la capital, regresé con mi familia a Caracas y me puse a trabajar con mi moto. Desde hace 5 años se me abrieron las puertas en la Administración Pública, de lo cual me siento bendecido. Siendo de la tercera edad mis aportes son útiles a la patria, como a la institución que me abrió las puertas”.

El lado oculto de la pandemia

Oyendo los planteamientos de Pimentel, comparte unas reflexiones sobre el lado oculto de la pandemia. Bajo su apreciación, el covid-19 ha traído apatía, descontento, agresividad, miedo. “¿Cómo vamos a sacar adelante un país, cuando el confinamiento desde nuestras casas ha afectado nuestra calidad de vida con el pretexto de “cuidarnos”? Lo más preocupante, es que los más afectados somos la clase trabajadora.

No hay la misma energía como antes, e incluso, cobran sin hacer nada ¿Qué está pasando ahí, me pregunto? Fíjate en mi caso: tengo 69 años y tengo energía y ánimos para hacer algo positivo a la institución que me abrió las puertas. Aunque por mi edad debo evitar exponerme al peligro de contraer el coronavirus, pero quiero hacer algo productivo y mantenerme ocupado. Gracias a la creatividad y contar con el apoyo de la familia –como de las autoridades de la institución donde laboro–, logré un permiso para vender café, infusiones, golosinas, helados y cigarros en la entrada, mientras me llamen a realizar mi trabajo como es. Lo bonito de esta experiencia es que me ha permitido ser un terapeuta popular de mis clientes y de mis compañeros y compañeras de trabajo, porque al disfrutar un producto que les ofrezco, me cuentan sus tristezas, sus desamores, sus impotencias, lloran, patalean y me toca levantarles el ánimo con una palabra amiga y solidaria, hacerles reír con un chiste o con alguna anécdota ¡No queda de otra! Hay que ayudarnos unos a otros”, argumenta Pimentel.

Curarnos de energías tóxicas y negativas

¡La maldad siempre ha existido y en esta pandemia más aún! Exclama nuestro entrevistado y prosigue: “Cómo se le han caído las máscaras a mucha gente y saber quiénes son en verdad. Ahí conoces su propia miseria humana y moral. ¿Si el venezolano se ha caracterizado por ser una persona de nobles sentimientos, por qué ha permitido toparse con la indiferencia y la mala fe? Tenemos mucho que dar y aportar a esta sociedad. Hay que enfrentar el egoísmo, la envidia, el pesimismo, la anarquía. Caracas es una ciudad para vivirla y amarla. Debemos llenarla de respeto, de espiritualidad, de paz, de amistad, de ciudadanía… Si cada habitante, cada trabajador, cada madre o padre de familia pusieran de su parte, Caracas no estaría convulsionada por el caos, la basura o la violencia. Hay que saber educar a nuestros niños y jóvenes. Te confieso, se ha perdido el respeto, la cortesía y el amor a las personas. ¡Urge curarnos de energías tóxicas y negativas!”, acota el entrevistado.

El gobierno hace un esfuerzo sobrehumano

Para Pimentel, el Gobierno Nacional hace un valioso esfuerzo para ayudar al pueblo venezolano, respecto a atención social: Clap, bonos de la patria, cancelación de salarios a la clase trabajadora en tiempos de pandemia y otros beneficios de interés. Pese a esta exacerbada inflación, dolarización, bloqueo económico, situación con la gasolina, pandemia, dificultad con servicios de salud, etc. “Estamos conscientes que vivimos fuertes adversidades, pero hay que valorar lo que tenemos y seguir luchando. Nos falta ese sentido de pertenencia, de colaboración, de ayudar al prójimo, de estar agradecidos. La vida misma nos pone duras pruebas y eso nos sirve de experiencia. El que quiera dañarse, se daña. El que quiera salir adelante lo hace y con su propio esfuerzo. No podemos permitir que todo lo malo que vive el país se lo achacan al Gobierno ¿Y la oposición qué? ¡También ha hecho daño!”

El trabajo nos dignifica como personas

Para nuestro entrevistado, Caracas –como el resto del país–, se rescataría si existiera respeto y equilibrio ante las diferencias políticas, religiosas, familiares, personales, laborales… Es cuestión que cada ciudadano y ciudadana ponga su granito de maíz para que todo fluya de forma positiva y cordial. ¡Así se respira el aire que nos contagia de alegría, paz, esperanzas, vida… siendo una manera bonita de construir la ciudad que queremos.

“Para ser alguien en la vida hay que batallar muy fuerte. Mientras yo tenga fuerzas y energías a montón realizo algo productivo y satisfactorio. ¡Hay que romper con los vicios, con la flojera y la sinvergüenzura! Eso daña la sociedad que vivimos. He visto a vagos de oficio que piden dinero o les regale comida. ¡Aún tienen edad para trabajar, aunque sea barriendo calles o cuidando carros! El trabajo nos dignifica y nos permite salir adelante, sin importar la edad que tengas”, concluye el amigo Pimentel.

Quien se anime a disfrutar un café, un té de malojillo o de toronjil, de disfrutar un helado o fumarse un cigarrito y, por supuesto, compartir una grata conversa con nuestro entrevistado de hoy, lo pueden ubicar en las esquinas de Manduca a Ferrenquín, edificio Luz Garden (cerca del liceo José Ángel Álamo), La Candelaria.

SIBONEY DEL REY / CIUDAD CCS