VITRINA DE NIMIEDADES | Capitolios, bisontes y democracia

Rosa Pellegrino

0

Quiso 2021 abrirse camino vinculando dos conceptos que deberían andar juntos, pero ciertos caprichos los separan convenientemente: parlamento y democracia. Allá en Washington, en un asalto que dejó imágenes que muestran lo rocambolesco que pueden llegar a ser quienes pretenden imponer sus criterios, y acá, en Caracas, donde apostamos por iniciar una nueva era; la vida política nos da un baño de realidad –bien alejado de los rituales de año nuevo– para entender que nada es una conquista definitiva.

Si algo hay que reconocerle a Donald Trump es que incongruente no es. A diferencia de sus predecesores, que jamás habrían hecho tambalear la institucionalidad de Estados Unidos de esa forma, decidió irse por la senda insurreccional que tanto aconsejó para otras naciones. Nunca se tomó en serio aquello de no realizar ciertos experimentos en casa porque pueden ser peligrosos, para convertirse en la propia amenaza inusual y extraordinaria de su país. No hay orden ejecutiva que aguante eso.

Ese nivel de apego a la prédica solo fue la patadita que derrumbó la ilusión de invencibilidad del poder institucional estadounidense, sus fuerzas de seguridad y hasta su narrativa cinematográfica. El Capitolio, ese espacio que fornidos hombres salvan en películas solo a punta de tiros e instinto superior al de una madre, terminó siendo un espacio vulnerable donde la violencia se combinó con escenas salidas de Los Simpson, Los Picapiedras, alguna que otra película de humor gringa y hasta la banda Jamiroquai, que debió aclarar que su logo nada tiene que ver con el hombre vestido de bisonte que las agencias de noticias hicieron icono de lo ocurrido este 6 de enero.

Si no fuese porque es real y causa estragos, con muertes incluidas, podría pasar más por una historia de Chespirito que por una crisis política. Pero esa es la paradoja de los momentos fuera de norma: cuando tienen una narrativa previa idealizada, el panorama resultante puede ser completamente diferente al esperado, dejando un desconcierto mayor para rayar en lo increíble.

Y el impacto se incrementa en algunos sectores cuando en otro capitolio, el caraqueño, el chavismo volvió a ser mayoría. Más allá de los primeros efectos que trae el nuevo Parlamento, como personajes aislados en el plano internacional porque ya no tienen “soporte institucional”, el reto que ahora tenemos como país es monumental: hacernos partícipes de un nuevo proceso de reinvención en todos los campos.

Aunque algunos pasos ya se están dando, en este momento es clave propiciar un debate verdaderamente amplio, no solo entre partidos. Si algo debería ocurrir en este momento es que todos los sectores sociales participen y se sientan verdaderamente escuchados, para dar las respuestas que realmente demanda la realidad que afrontamos como país. No es tiempo para que los disfraces de bisonte nos ganen la partida.

Rosa Pellegrino