AfroUrbe | Génesis de Herencia en la ciudad de la enseñanza-aprendizaje (I)

Mónica Mancera-Pérez

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Herencia es luz. Luz propagada sin límites en la Ciudad Universitaria de Caracas, claridad que mantiene vigente las palabras del Libertador Simón Bolívar en su última visita a Venezuela, hospedado en la casona de la Hacienda Ibarra [1], el 10 de enero de 1827: “Yo estoy dispuesto a emplear todo el poder que me está confiado para hacer que este cuerpo (la Universidad Central de Venezuela) ocupe un lugar distinguido entre las universidades del mundo culto” [2].

Sin proponerse la similitud de las fechas ni de su significado histórico, 172 años después nace Herencia, el domingo 10 de enero de 1999, en un almuerzo organizado por Jimmy Laguna junto a Carlos Luis Tábata y Félix Manuel López en la “platabanda” de su casa en el callejón El Tanque del barrio los Frailes de Catia. Entre el sabroso pabellón, rememora Jimmy Laguna –humanista por convicción y bajo el manto de una familia que lo apoya irrestrictamente– en una entrevista concedida para este artículo, ese trío impetuoso le propone a Armando Manuel Moreno, quien era docente y músico percusionista en La Trapatiesta –emblemática agrupación de danza y música tradicional popular venezolana, adscrita a la Dirección de Cultura de la Universidad Central de Venezuela (UCV)– la necesidad de lograr ser algo en la Universidad y para ellos ese algo se constituía en formalizar una agrupación musical.

Laguna, López y Tábata eran estudiantes de la Escuela de Economía. Con la inquietud musical llegaron a ser alumnos de Moreno, al que –según Carlos Tábata– absorbieron al 100-150% y con el que hallaron mediante su didáctica la identidad venezolana. Así lo afirma Laguna: “La interrelación del alumno con el maestro, un profesor que te hablaba de otras cosas más allá del toque de tambor, te hablaba de un modo de ver la vida, una filosofía y surge ese gusanito de pertenecer a algo y desenvolverte en algo”. Esa identidad se tradujo en la constitución de un grupo de sonoridades afrolatinocaribeñas en la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales (Faces). Esta meta la cumplen a partir de la obtención de un piso político desde el centro de estudiantes para acceder a las autoridades universitarias y, así, tener acceso a espacios para materializar una propuesta musical.

Ese deseo musical estaba influenciado por la apropiación de los espacios y del protagonismo estudiantil como respuesta al proyecto de privatización de la UCV para 1998; aunado a la búsqueda por “mantenerse de manera seria en la Universidad” y para conseguirlo “tenían que tener una organización y un porqué”. Porque –a juicio de Laguna: “Siempre he dicho que los grupos que trascienden, trascienden porque tienen una identidad. Si nosotros no tenemos una identidad, una definición muy clara y precisa de lo que somos, los grupos se vuelven guataqueros y ya”.

Desde ese momento en la UCV crepita el fuego interior, sonido que evoca la chispa iniciadora de toda vida. Fuerza indómita que recorre esa casa de estudios como el viento mensajero de la lluvia torrencial, es el anuncio inequívoco del repicar de los tambores de Herencia. El nombre de la agrupación deviene del ejercicio fomentado a través de la pedagogía “Dime con tus manos quien eres”, desarrollada desde la cotidianidad del formador Manuel Moreno: “El tambor siempre habla de acuerdo a lo que nos acontece. Lo que me he enfocado cómo a través de las manos puedes descubrir y hablar mediante ellas quién eres, porque todos tenemos una herencia”.

Continuará…

Mónica Mancera-Pérez | @mujer_tambor

[1] Un siglo después serían los terrenos adjudicados a la Universidad Central de Venezuela.
[2] Xiomara González. El Cronista de la Ciudad Universitaria de Caracas, Prof. Ildefonso Leal, visitó al Consejo de Preservación y Desarrollo. Disponible en http://bit.ly/1PonJm8