LUNASOL | La interpelación

William E. Izarra

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El objetivo del Consejo de Investigación de las FAN (1981) es evaluar las sanciones que se le deben aplicar a los oficiales que incurren en hechos de grave indisciplina. Mi caso era calificado como muy grave: “presunta conspiración marxista-leninista en el seno de las Fuerzas Armadas Nacionales”. Lo que podía arrojar una decisión de retiro de las FAN y prisión.

La noche anterior al día en que se realizaría el Consejo, el Tcnel. Ramón Guillermo Santeliz me cita para vernos en el Hotel El Conde, en el Centro de Caracas. Allí me presenta a Walter Márquez, su amigo y practicante de la corriente universal de la confraternidad gnóstica. Walter, a su vez, me pone en contacto con María, mujer vidente quien tiene un mensaje que darme. Me dejan solo con ella y María echa las cartas y me describe cómo se va desarrollar el acto del día siguiente. Me dice que va a ser un interrogatorio muy intenso, pero que debo tener la suficiente confianza en mí, para dar respuestas irrebatibles y con un convencimiento pleno de mi verdad. Que eso es lo que va a permitir que salga vencedor de esta adversidad. Me dice que van a estar cinco personas. Dos vestidas de azul, dos de beige y una de verde.

Salí del hotel con dudas acerca de lo dicho por María; me intrigaban los colores de la ropa. Para el Consejo de Investigación se emplea el uniforme No. 3. En la FAV eso equivale al uniforme azul, en la marina y en el ejército al uniforme color beige. Lo que no me cuadraba era el color verde. De los cinco miembros, dos eran del ejército, uno de la marina y dos de la aviación. De tal manera que los uniformes a usar serían el azul y el beige, pero de ninguna manera el verde.

El día del Consejo tengo que arreglármelas para colocar en el salón todo el material que había preparado para mi defensa. Eran seis legajos bastante voluminosos de informes referidos a mi inocencia. Si bien sabía en lo que andaba (Movimiento ARMA), no así lo tanto que conocían ellos de mis actividades. El nivel de incertidumbre me obligó a preparar ese material que recopilaba mis alegatos para refutar cualquier acusación. Todo estaba agrupado en seis carpetas grandes de tres ganchos. Una para cada miembro del Consejo y otra para mí. También tenía que llevar el retroproyector (equipo que proyecta las imágenes elaboradas en acetato ya que en esa época no existía el computador personal, ni los equipos Video Bim), la pantalla portátil para proyectar y las láminas que explicaban las distintas respuestas que debería dar. No sabía cuáles serían las preguntas de manera específica. Por eso preparé en láminas de transparencia, diferentes situaciones basadas en supuestos.

Ese día estaba de guardia como ayudante del Ministro el mayor Joffre Márquez Molina, quien era amigo mío. Por lo tanto, unas horas previas a la realización del Consejo, le solicité su colaboración para que me dejara entrar al salón antes de la hora fijada. Jofre actuó con solidaridad y lo abrió para que cumpliera mi objetivo. Sólo en el salón, pude efectuar el reconocimiento del área. Revisé todos los ángulos de la sala, verifiqué el sitio de colocación de cada miembro del Consejo, establecí el mejor punto para ubicar el equipo retroproyector y la pantalla portátil para proyectar las láminas. Sentí el frío del ambiente y me imaginé cómo podía soportarlo encontrándome en un estado emocional no frecuente.

A las 4.00 pm me encontraba en la antesala del Consejo de Investigación y a las 4.30 me llaman. Yo estaba muy tenso. Tanto que la boca y la garganta las tenía secas. Cuando se abre la puerta y me paro firme a fin de pedir permiso para entrar (norma de la disciplina militar), tremenda sorpresa que me llevo. Estaban dos oficiales vestidos de azul, dos de beige y uno de verde. El Ministro, el general Vicente Narváez Churión, venía de trabajar en uniforme de faena, que es verde de mangas cortas. No se cambió por el No. 3 (beige). El Ministro era el único que podía concurrir con otro uniforme distinto al reglamentado. Por eso la sorpresa. En milésimas de segundos, repasé todo lo que me había dicho María la noche anterior. Todavía parado firme en la puerta de entrada, una sensación de serenidad recorrió mi cuerpo. Los colores de los uniformes vigorizaron mi espíritu y alimentaron la esperanza de salir bien de la interpelación.

William E. Izarra