Caracas Ciudad Caribe | El primer acueducto caraqueño

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La aceleración de la revolución urbana caraqueña estuvo determinada, en buena parte, por la necesidad de resolver el problema del abastecimiento de agua para la población hacia finales del siglo XVII. Ello se logró con la construcción de un verdadero acueducto y una red de ductos para distribuir el líquido en los diferentes sectores del espacio citadino. Como veremos más adelante, poco antes de que existiera dicho acueducto, el déficit de agua que experimentaba la población caraqueña debido al deficiente sistema de captación y distribución del líquido, sólo podía remediarse mediante los aguateros que la traían a lomo de mula o de burro desde el Catuche, para venderla a quienes podían pagar el servicio, de manera similar a los actuales camiones-cisterna que hoy en 2021, cuando se producen interrupciones del suministro de agua, salen a vender el líquido en las comunidades caraqueñas de clase baja, media o alta. Aquellas familias que no podían pagar enviaban generalmente de noche a sus mujeres de servidumbre a cargar agua en botijas en el lejano curso del Catuche, de manera similar a las mujeres y niños de los barrios pobres caraqueños que salen a cargar latas y cubos de agua en lejanas pilas públicas, subiendo y bajando cerros, para atender, aunque sea mínimamente, las necesidades de su vida cotidiana.

El mal servicio

La ineficacia del servicio de aguas caraqueño, hasta mediados del siglo XVII, afectaba a todas aquellas pequeñas empresas que dependían de la fuerza hidráulica como era el caso de los molinos. El trigo se cultivaba en Chacao y en otras zonas aledañas a Caracas, pero los establecidos aguas arriba del Catuchecuao requerían para su molienda de la utilización de un volumen importante de agua que debía restársele al consumo general de la población.

Para finales del siglo XVI la población ya había comenzado a extenderse hacia el sur del campamento original de Losada, asentada entre las actuales esquinas de Santa Capilla-Veroes, Torre y Principal, consolidándose el perímetro urbano como área eminentemente residencial.
Desde finales del siglo XVI el crecimiento de la ciudad en germen se hizo continuo. Las peticiones y concesiones otorgadas por el Cabildo en solares para la construcción de casas eran más numerosas que las otorgadas para el cultivo y la ganadería. De las 103 peticiones de tierras referentes al siglo XVII, 84, es decir, el 81,55% correspondía a solares (casas) que se concentraban entre los ríos o quebradas de Catuche y Caroata.

Debido al carácter desorganizado del crecimiento de la población, la inexistencia de calles bien definidas y de solares bien demarcados, para poder ejecutar esta obra de ingeniería fue necesario crear un nuevo ordenamiento urbano. En 1618 ya el Cabildo de Caracas había ordenado que se hiciese un relevamiento de los límites de la ciudad y un catastro de los títulos de propiedad de los solares y de su ubicación así como de los ejidos.

Rediseño de la traza urbana

Para mediados de aquel mismo siglo el cauce de la quebrada Catuchecuao mostraba evidencias del asolvamiento debido a botes de basura y escombros, lo cual disminuyó su caudal de agua. Fue justamente en su sesión del 27 de mayo de 1675 cuando el Cabildo de Caracas oyó la petición del licenciado Domingo Pérez Hurtado, clérigo presbítero, promotor fiscal del Obispado, de considerar un despacho del obispo Gonzales de Acuña donde éste pedía remediar la falta de agua existente en los lugares píos proponiendo traer el agua limpia desde el Catuche hasta la plaza mayor de la ciudad mediante conductos de mampostería.

Todo indica que en el año 1675 habría quedado refrendado el primer proceso importante de intervención urbana de la ciudad de Caracas, ya que la construcción del sistema de aducción de aguas por cañerías subterráneas hacía imperativo que el Cabildo de Caracas ordenase rediseñar la traza urbana. La puesta en práctica de dicho ordenamiento implicó la reestructuración y la reubicación de calles, solares y viviendas, modificándose en consecuencia la estructura de la propiedad territorial urbana.

La pequeña caja de agua de la esquina de Veroes fue reemplazada por una de mayor capacidad. Para sustituirla, en las actas del 22 de noviembre de 1677 consta que el Cabildo ordenó construir una nueva caja y un ducto, ambos de mampostería, con todos los refuerzos necesarios, a fin de traer las aguas directamente “desde su madre”, ello quiere decir, del Catuche mismo, no a través de uno sus efluentes.

Posiblemente la nueva caja de agua que se construyó se localizaba alrededor de las actuales esquinas de Mercedes y Caja de Agua, 150 o 200 metros al noroeste de la antigua tanquilla de Veroes. En aquel punto donde el curso del Catuche doblaba hacia el sureste, alejándose del núcleo urbano inicial, podría haberse formado un amplio remanso de donde se desprendía el curso del Catuchecuao en dirección suroeste, descendiendo a lo largo de la fachada este de la ciudad.

Represado el cauce del Catuche, las aguas arremansadas sobre su margen derecha entraban forzadas en el ducto abovedado construido sobre el lecho de la quebrada Catuchecuao y sus ductos secundarios, descendiendo por gravedad hacia el centro poblado caraqueño.

En 1994, durante la construcción de una tanquilla de la Cantv, en la esquina de Las Gradillas, pudimos observar restos bien conservados de aquel ducto de mampostería de finales del siglo XVII que bajaba en dirección norte-sur superpuesto al cauce de la quebrada Catuchecuao ya asolvado y rellenado con escombros, donde aparece como marcador histórico del siglo XVII la mayólica poblana Azul sobre Blanco. Dicho ramal es un ducto abovedado de mampostería de 70 cm. de ancho por 60 cm. de alto que corre en dirección sureste. La proyección del mismo indica que éste se prolongaba diagonalmente al eje norte-sur de la ciudad, terminando en la actual esquina de El Chorro. Es posible que el remanente de agua no utilizado brotara con fuerza de la boca del ducto formando un chorro, de allí el topónimo, formándose un riachuelo, la posible quebrada Cienfuegos, que se perdería en las vegas del Guaire.

MARIO SANOJA OBEDIENTE / IRAIDA VARGAS
CRONISTAS DE CARACAS