Invictos

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Aunque parezca arrogante y so pena de ser pavoso, porque jactarse de ser invicto es el comienzo de la derrota, hoy trataremos esta palabra que nos concierne, aunque invictos sean los caballos, como “Motín”, un purasangre de carreras que tuvo papá en el hipódromo de La Limpia en Maracaibo, que hasta donde yo me acuerde fue invicto hasta su sacrificio por una lesión, lo que imposibilitó a mi padre de volver a tocar ese tema, sin embargo, quedaron fotos y recuerdos, uno de los cuales era que Domingo Noguera Mora fue su preparador y hurgando en su biografía me entero, que si estuvo en Maracaibo, tuvo que ser en 1953, año de mi nacimiento, o sea que estoy hablando de un recuerdo sin nacer, pero vaya, que ese no es el tema.

Los invictos que me atañen son los invitados asistentes a las rumbagenarias, de los cuales no se ha muerto ninguno, Hermes Vargas se curó en salud asistiendo a la primera, por pura intuición poética porque hasta entonces no se sabía que mis fiestas eran vacunas para la supervivencia temporaria. No pasó lo mismo con mi hermano Víctor Cuica que siempre quiso ir pero le coincidía con sus toques, o Blas Perozo por la lejanía de nuestro Maracaibo querido. Tengo que hablar con Alberto, Chuma y Maga porque a mi regreso al país tenemos que repetir la dosis para prolongar esta divina permanencia terrenal.

Mi mayor invicto es que he sido dejado por todas mis mujeres, y como nuestro caballo Motín, creo que moriré invicto, si es que alguna vez muero, más porque ya no tengo mujer que me deje, ni hay signos de floración, y si alguna apareciera, está escrito en mi condena, que me tendrá que dejar también. Algo así como Rumberto Díaz de Vivar, que después de muerto siguió ganando batallas con la espada invicta del Cid, Tizona y/o (ya) Colada, de aquel legendario apartotel de La Castellana.

Los únicos invictos son los negros, salvo aquel de Los invictos de Faulkner, “Ya no soy negro. Me han abolido”, y uno, que como decía Luigi Texidor: “Moreno soy porque nací de la rumba, y el sabor yo lo heredé del guaguancó”.

HUMBERTO MÁRQUEZ