RETINA | Ganar el cielo

Freddy Fernández

0

Mark Twain pone en duda que sea buena la oferta de cielo que nos hace el cristianismo. Dice que la gente, incluso la de mayor apego a las iglesias, no soporta mucho más de media hora de oraciones y cantos. Argumenta que la imagen promovida del cielo cristiano se parece bastante a esos momentos de la misa. Promete una “eternidad feliz” hecha de cantos y oraciones.

Su duda la sustenta en la consideración de que la humanidad siente más felicidad en placeres que no son de contemplación y de espiritualidad. En su disertación uno siente que el cielo debería estar más cerca de la fiesta que de la misa.

Así ocurre en otras culturas, en las que los cielos no carecen de bebidas alcohólicas, manjares y hasta sexo. Hay cielos incluso en los que las almas se divierten combatiendo, como ocurre por ejemplo con la mitología escandinava.

Quizá era este tipo de cielo el que tenía en mente el sueco Emanuel Swedenborg cuando afirmara que los pobres no tenían posibilidades de ir al cielo porque no conocían los placeres.

Dice Jorge Luis Borges que es por ello que Swedenborg reprueba el ascetismo. La prueba aportada es la de un supuesto eremita que había ganado el cielo a través de la soledad y el desierto, pero que en el cielo “no puede seguir la conversación de los ángeles ni penetrar las complejidades del Paraíso”. Lo único que logra es proyectar en su entorno la imagen del desierto y allí se queda, “como estuvo en la tierra, mortificándose y rezando, pero sin la esperanza del cielo”.

Hasta donde alcanzo a ver, el cielo es además una invención patriarcal. Parece más clara la imagen de cómo estarán los hombres en el cielo y no lo es tanto la visión de lo que ocurre con las mujeres.

A las ateas y ateos nos está prohibido el cielo y no por no conocer los placeres sino como castigo a nuestra absoluta carencia de fe. El tema no tiene por qué preocuparnos. No creemos en algo posterior a la vida, aunque ya sé que más de uno se convierte y empieza a trabajar para alcanzar el cielo. No me ha pasado.

Me gusta recordar lo que narra Homero en la Odisea de la visita que realizara Odiseo al reino de Hades, donde entre otros se encontró con Aquiles, quien era reverenciado entre los muertos como el héroe que fuera en vida y, sin embargo, el propio Aquiles confesó que preferiría ser el más humilde de los pastores vivos antes que el más aclamado de los héroes muertos.

También recuerdo con frecuencia el cuento del general que en la antigua China debía preguntar a un monje por los conceptos de cielo e infierno y que, apenas formulada la pregunta, fue inmisericordemente insultado por el religioso por lo que se dispuso a desenvainar su espada. El monje lo detuvo con un gesto y con la frase “ahí comienza el infierno”. Al regresar el arma a su funda, escuchó al monje decir “ahí comienza el cielo”.

Freddy Fernández | @filoyborde