Cuentos para leer en la casa | Leyendo con Manuela

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—Señora Manuela, ¿le gustaría escuchar un poema esta noche?
Manuela giró confundida sin saber de dónde provenía la voz, se exaltó y pensó que algún traidor había entrado en su habitación, Lima tampoco es muy segura para ella.

Oriana entra en la librería y se enamora del libro de las más hermosas cartas de amor entre Simón y Manuela. Sin pensarlo mucho lo lleva consigo. Ya tarde esa noche después de dejar todo listo para el día siguiente se dispone a leerlo en su cama. No había avanzado mucho cuando en la página 9 observa una pequeña etiqueta con código de barras bidimensional, así que toma su dispositivo y lo escanea.

Hasta ese día todo había sido normal y rutinario en su vida. Pero no sabía lo que el código QR era capaz de mostrarle.

La casa se alzó desde el suelo estremeciendo todo, cada cosa se movió de su sitio, hasta los ratones salieron de sus cuevas. Un resplandor salía de la casa y podía verse desde el otro lado de la ciudad.

La muchacha se sobrecogió ante el insólito episodio. Nunca se habría imaginado que en la soledad de la habitación pudieran flotar todos los objetos, las ventanas se empañaron, las puertas se abrieron. Ella alzó las manos tratando de contener el reloj que se despegó de la pared. En ese momento, vio una figura, parecía la fotografía de una mujer, pero podía observar cómo se movía. En un intento titánico por levantarse logró acercarse a la figura, pudo meter la cabeza a través de la pared. Sintió como si se sumergiera en el agua, le costaba respirar, quedó aturdida hasta que se serenó y pudo observar a la valiente, culta, hermosa y temeraria “Caballeresa del sol”.

Estaba sentada en su escritorio, frente a la hamaca “que estaba quieta como si esperara su dueño”. Pudo leer que escribía “Por su amor seré su esclava si el término lo amerita, su querida, su amante; lo amo, lo adoro, pues es usted el ser que me hizo despertar mis virtudes como mujer. Se lo debo todo, amén de que soy patriota”. Manuela…

Oriana no podía creer lo que veía, la situación la estremecía. En un magnífico esfuerzo logró meter el resto del cuerpo por la pared, sintió como este se desdobló y se adormecieron sus sentidos. Todo era azul, no podía ver nada más. Sentía vértigo y tenía taquicardia. No es fácil viajar a través de un portal que abre un código dentro de un libro.

Cuando por fin su cuerpo tuvo voluntad para volver a la normalidad pudo observar el resto de la habitación, sentir sus olores y hasta el coraje mezclado con dulzura de la libertadora del Libertador.

Sólo se le ocurrió decir: –Señora Manuela, ¿le gustaría escuchar un poema esta noche?

La guerrera la miró sorprendida, se levantó de prisa y tumbó la silla, la hamaca comenzó a mecerse y en segundos apuntaba a Oriana con un arma y le espetó: –¿quién eres sabandija?

La observó detalladamente, sus ropas extrañas que nunca antes había visto, los cabellos como arcoiris, dos cristales con bordes rojos frente a sus ojos, en una mano sostenía un extraño papel compacto con una imagen de ella y de Simón y en la otra una pequeña caja de material desconocido del que salía una luz blanca.

La muchacha tartamudeó su nombre y logró decirle casi como un susurro que venía del año 2016.

Manuelita se quedó paralizada. Bajó el arma, se acercó y tomó el libro de la muchacha. No podía creer lo perfecta que era su imagen y la de su amado en aquel papel. Lo abrió y allí estaban, muchas cartas entre ella y Simón, ¿cómo era posible?

Oriana balbuceó algunas palabras, –son sus cartas mi generala.

Manuela le dijo “mi asombro vive una verdadera y cruda realidad”.
Se sentaron y leyeron una página tras otra con una sublime calma. Hasta que asomó la aurora y la chica empezó a desorientarse, de pronto escucharon ruidos extraños y una fuerza desconocida creó de nuevo un vórtice en la pared, un torbellino la arrastró y la llevó de vuelta a su habitación.

Todo estaba igual que siempre, pero ella no era ya la misma.

Son las 6:25 dice, el reloj que ahora cuelga perfectamente en la pared.

LA AUTORA

Orimar Meneses es egresada de la Facultad de Educación de la Universidad de Carabobo en el área de Idiomas. Ha laborado en el diario Ciudad Valencia, en distintas actividades. Es madre de dos niños y escribe relatos.