Letra Desatada | Hulk y Bolívar Pueblo

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Impotencia. ¿Cuántas veces le ha sucedido últimamente que un producto cueste distinto dependiendo de la moneda que use? El “aplique” de los comerciantes consiste en buscar la mayor cantidad de dólares (para meterlos debajo de la cama), devaluar aun más el bolívar y joder al prójimo como a sí mismo. “Si paga en divisas cuesta tres dólares pero si paga en bolívares vale cuatro”. Cuando el abuso es evidente y la impotencia aparece, quien escribe siente que desde los pies hasta el músculo cardíaco sube una especie de líquido caliente que va afectando el cuerpo y al llegar al corazón uno se imagina que se pone verde como el hombre increíble, aquel fortachón de la serie de televisión gringa, y acaba con aquel establecimiento comercial y lo vuelve pedacitos. Muchos pedacitos. Pero eso no se puede hacer. En ese momento hay que acordarse de las normas del buen oyente, de las del buen hablante, de la arepa reina pepiada, del cariaquito morao, de los clavos de Cristo, del dulce de lechosa, de las empanadas de carne mechada con plátano frito, de una buena cocada en La Guaira, de un amor bonito “que me llene de alegría”, del cafecito en la mañana, de la casa de la mamá comiendo arepitas dulces con queso blanco rayado por encima, de la sonrisa de la hija, del peor chiste, de la torta de chocolate y del chocolate, de la leche en polvo con azúcar, de una parrilla con los amigos o la familia (una parrilla siempre es buena), de caminar por el Waraira “Ávila” Repano, del espíritu de Carabobo… Y respirar tres veces, mentarle la madre en silencio al dueño o dueña del local y pirarse de allí. Porque en ese momento, cuando uno se vuelve Hulk, aparece la autoridad. Y bueno, no es esa la autoridad que necesitamos.

Correo de Carabobo. Hoy en la última página de este semanario (si tiene en sus manos el impreso) donde habitualmente está la columna de Roberto Malaver, estará por unos meses otro contenido. La columna de Malaver cambia de lugar, solamente por un tiempo. Pero dejaré que el propio coordinador de la página nueva, llamada Correo de Carabobo, José Roberto Duque, la anuncie: “En estos 200 años de la Campaña y Batalla de Carabobo (la batalla fue el desenlace; la campaña, todos los preparativos y circunstancias previas) nuestra misión, como equipo editorial, complementario de los muchos equipos y comisiones activadas desde los ámbitos institucionales, consistirá en emplear los espacios de esta página para acercar a nuestro pueblo y nuestra ciudadanía el conocimiento, el interés e incluso el disfrute del relato de aquella gesta heroica” (…) “Hemos decidido entregar nuestros esfuerzos a la misión de humanizar a Bolívar, de despojarlo de esa aura de Dios o ídolo romano con que cierto discurso se empeña en embadurnar al venezolano más universal, y esto no se logra sino ubicándolo y comprendiéndolo en su dimensión más obvia, aunque desdeñada: el Libertador era un carajo brillante que se equivocaba; un sujeto imperfecto que tenía impulsos e ideas geniales; un tipo que cometía errores e injusticias en la misma medida y profusión con que moldeaba hazañas sublimes. Quien quiera comenzar a entender cómo era en realidad ese Bolívar no tiene sino que mirarse al espejo: allí está un ser humano que se mete o es metido en problemas y es capaz de salir de ellos. Eso es “popularizar”: reconocernos como pueblo en un caballero a quien la guerra lo acercó irremediablemente a los excluidos y humillados de la historia”.

Puede leer el texto completo en la página 24 y seguir este relato, esta narración, coleccionable, como quien sigue una novela por entregas, revivir con nosotros el espíritu de Carabobo y conocer a Bolívar Pueblo. Sigamos.

MERCEDES CHACÍN