Mestizajes 1

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Cuando decía que los únicos invictos somos los negros, salvo aquel de Los invictos de Faulkner, “Ya no soy negro. Me han abolido”, quería enfatizar en que nunca podremos ser blancos, ni a lo Michael Jackson, y aunque pareciera un chinazo racial es exactamente todo lo contrario. Mi abuela blanca, de la rama Mujica, nos echó la vaina cuando rechazó al negro que la sacaba a bailar, pero de tanta perseverancia las 5 veces que bailó se cambió de ropa e imagino que a la sexta cambió el paso y se le rompió el vestido al llevársela a un matorral, y de allí salieron mis dientes frontales separados de primate. La negrura se impuso a favor y en contra. Las blancas se cogieron a los negros y viceversa, igual las negras con los blancos y de allí surgieron nuestras despampanantes morenas y mulatos que son orgullo de la más dulzura étnica posible, sobre todo en Venezuela. Para no ponernos intensos, digamos que quedamos empatados.

Benny Moré era descendiente de un rey africano del Congo, su tatarabuelo fue secuestrado niño, en una playa africana por traficantes de esclavos, y luego de varias compra-ventas el linaje se complementó al comprarlo el Conde Moré, dueño de la Central La Santísima Trinidad, de Santa Isabel de Las Lajas. De allí le vino el donaire de negrito fino de tanta gracia al bailar, y su estilo bastonero. Los blancos hicieron lo suyo con el salero español y el glamour de algunos portugueses, si no que lo diga Xica Da Silva, que con su hermosura y sensualidad se templó aquel comendador portugués Joao Fernandes, y terminó siendo, en 1750, la primera dama negra de Brasil.

Y no podían faltar los indígenas taínos y ciboneyes en Cuba, que aun cuando fueron arrasados quedó aquel areito de Anacaona, india de raza cautiva, que ni era areito, porque según Fernando Ortiz es un canto afroide del vudú haitiano, fórmulas rituales de hechiceros congos, como las que aún se usan en Cuba. Ni era cautiva porque era reina de los taínos, o famosa cacica de la Maguana, aunque López de Gomara la señala como “hembra absoluta y disoluta”.

HUMBERTO MÁRQUEZ