DATE CON LA CIENCIA | Delfines «hablan» como humanos

Nerliny Carucí y Guillermo Barreto

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“¡Dime qué dices, mar, qué dices, dime!
Pero no me lo digas; tus cantares
son, con el coro de tus varios mares,
una voz sola que cantando gime”
Miguel de Unamuno

Es temprano en la costa de Aragua y los pescadores regresan de la faena. La gente se acerca buscando buen pescado. Hay saludos, regateos e intercambios de mercancía y dinero. Todo esto ocurre entre alcatraces y cotúas que esperan su parte. El litoral central de Venezuela es un hermoso paisaje donde los bosques de la cordillera central llegan hasta la costa. Por un lado, el mejor cacao del mundo. Por otro, un mar rico en recursos pesqueros y, allí, entre peces de muchos tipos, tenemos habitantes muy interesantes y especiales: los delfines.

Pocos saben que en Venezuela se han registrado 15 especies de delfines. Se trata de mamíferos adaptados a la vida acuática, emparentados con las ballenas. Son animales, con un sistema nervioso muy desarrollado, que muestran patrones de comportamiento complejo. Son altamente sociables, y pueden verse afectados por choques con embarcaciones, impactos de la pesca artesanal e industrial, derrames de petróleo y contaminación en general. Los efectos del calentamiento global y la acidificación de los mares constituyen impactos aún por evaluar.

Estudiar grupos de delfines requiere de mucha paciencia y perseverancia. El biólogo caraqueño Sergio “Kike” Cobarrubia cuenta con esas virtudes, así como con una gran pasión por estos animales. Por años, Sergio ha estudiado delfines y les hace seguimiento en la costa de Aragua. Allí cohabitan dos especies: delfín nariz de botella (Tursiops truncatus) y delfín manchado (Stenella frontalis), siendo el primero el más común y el que este biólogo venezolano ha estudiado con mayor énfasis.

Sergio realizó recorridos en un bote tipo peñero desde la boca de la bahía de Turiamo hasta Cuyagüa, a 2 kilómetros aproximadamente de la costa. Una vez que avistaba un grupo, procedía a acercarse, a contar los individuos, a caracterizar su comportamiento y a tomar fotos de las aletas dorsales cuyas características únicas permiten identificar a cada individuo de estos cetáceos. Con la base de datos construida, fue posible estimar abundancia de la especie, tiempos de residencia y supervivencia, entre otras variables.

Luego de cien recorridos, Sergio pudo reconocer la presencia de un grupo residente, de aproximadamente 11-12 individuos; un grupo vecino del primero, de unos 16-17 individuos; y grupos externos, que hacían incursiones ocasionales en el área. Asimismo, pudo observar que esta especie hace asociaciones con delfines manchados, en su búsqueda de alimento. Para hacer algunos análisis, Sergio contó con el apoyo de la bióloga Alimar Molero, maracucha que también estudió delfines comunes en el Parque Nacional Mochima y ha aportado información sobre el uso de hábitat de esta especie.

El conocimiento de los delfines nariz de botella incluyó, además, el análisis de sus vocalizaciones. Los delfines manejan un repertorio complejo de vocalizaciones con las cuales ubican a sus presas. Este es conocido como “ecolocalización” (sonidos pulsados, de banda ancha). El “lenguaje” de los delfines también comprende comunicación entre sí (sonidos continuos, de frecuencia modulada, o silbidos). En este estudio, participaron la bióloga Esquisa Omaña y el biólogo Daniel Romero, quienes grabaron los sonidos emitidos, los analizaron y los relacionaron con el comportamiento observado en superficie. Entre otros resultados, estos científicos venezolanos determinaron que durante los viajes los delfines utilizaban silbidos de complejidad media (ascendente-descendentes) que, a su vez, eran evitados durante los momentos de socialización. Cuando socializaban, por otro lado, los silbidos eran más largos, de mayor ancho de banda y frecuencias más bajas. Al socializar, los delfines emitieron tres veces más silbidos múltiples que durante los viajes, lo que indica una comunicación más compleja.

Los grupos de delfines estudiados son liderados por una hembra adulta acompañada, posiblemente, por sus hermanas y primas, más las crías de cada una. Es un sistema que se denomina “matriarcado”. Los machos jóvenes abandonan el grupo al salir de la adolescencia, y se aventuran en pequeñas alianzas hasta alcanzar la edad adulta, momento cuando buscarán pareja.

Sergio hizo las primeras investigaciones desde el Laboratorio de Manejo y Conservación de Fauna de la Universidad Simón Bolívar (USB). En la actualidad, desde el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC), analiza a fondo la estructura de los grupos de delfines, su comportamiento y las relaciones que se establecen entre miembros de un grupo o entre grupos. Es un hecho que hay relaciones definidas y un sistema de comunicación complejo, a la vez que existe un período prolongado de crianza e incluso evidencias de que cada individuo tiene conciencia de sí mismo (autoconciencia). Hechos que nos llevan a pensar acerca de si existe “cultura” en estos animales, un término tradicionalmente vinculado exclusivamente a humanos. Con estas investigaciones, se abren puertas para repensar y cuestionar las nociones antropocéntricas propias de la ciencia hegemónica. Este grupo de biólogas y biólogos de nuestro país está ayudando a abrir ese horizonte.

Nerliny Carucí y Guillermo Barreto