Cuentos para leer en la casa | El conejo

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Un día un conejo estaba haciendo un mapire. Mientras lo hacía apareció un tigre y le dijo:

—Hola conejo, ¿para qué estás haciendo ese mapire?

—Ujú… Ay tigre, y ¿tú andas por allí tan tranquilo?

—Pero, ¿qué es lo que pasa?

—¿No te has enterado de que hay una creciente grandísima que viene llegando de las cabeceras del río?

—No, no estaba enterado. Aunque eso sea cierto, ¿se puede saber para qué estás haciendo ese mapire?

—Para que cuando la creciente llegue por aquí, me encuentre colgado allí arriba.

Entonces el tigre le dijo: –Conejo, si es así la cosa, ve haciendo primero mi cesto.

—Está bien, tigre. Voy a hacer primero tu cesto.

Y el conejo comenzó a hacerlo inmediatamente teje que teje.

Cuando estuvo hecho, le dijo:

—Tigre, acomódate adentro para probar cómo quedó.

El tigre se sentó dentro del cesto. Y, ¡qué bien estaba a la medida!

Entonces el conejo arrancó un bejuco de un árbol y comenzó a coser la boca del cesto, cose que cose.

Cuando el conejo acabó de cerrarlo, le preguntó al tigre: –¿Dónde quieres que te cuelgue?

–Cuélgame de ahí mismo. –Le respondió aquel.

Entonces el conejo, agarrando aquel mapire-jaula lo colgó donde el tigre le había indicado y le dijo: –tigre, ya me voy a buscar juncos. Ahorita mismo vengo, pues tengo que hacer mi cesto.

Y diciendo esto se marchó.

En todo el día no apareció. Llegó la noche, pasó toda la noche y el conejo no había regresado. Volvió a amanecer y oscurecer y nada.

Ya habían pasado dos días.

Y el tigre se estaba muriendo de hambre.

En eso llegó por allí una bandada de pájaros.

Eran guacamayos azules.

Entonces el tigre le dijo a un guacamayo.

—Guacamayo, quítale el bejuco al cesto.

—Um…jú… Tú me quieres comer.

—No, no te comeré.

—Yo creo que sí, mejor no le quito el bejuco al cesto.

Y se marcharon los guacamayos.

Detrás de ellos llegó una familia de araguatos. Cuando llegaron el tigre le dijo a uno: –Araguatico, quítale el bejuco al cesto.

El araguato le dijo: –No, no. Tú me vas a comer.

Y diciéndole esto, se marcharon.

Y sucedió que detrás de ellos llegó una numerosa familia de monos. Al primero de todos ellos el tigre le dijo: –Monito, quítale el bejuco al cesto.

—Ujúm… Tú me vas a comer.

—Te aseguro que no. Yo no te voy a comer, anda, monito, quítale el bejuco…

—Pero, ¿es verdad que no me comerás? Tú me vas a comer…

—Te juro que no te voy a comer.

—Pues, siendo así, le voy a quitar el bejuco al cesto.

Y comenzó a destejer la boca del cesto: descose que descose, descose que descose… Ya solo faltaba una puntada, y cuando el mono la estaba sacando, el tigre le echó las garras y ambos cayeron al suelo.

Nada más caer, el mono le dijo al tigre: –Si me comes de esta forma te vas a atragantar.

Por eso es mejor que me lances un poquito hacia arriba. Así cuando vaya de bajada, caeré directo en tus fauces.

El tigre le dijo: –Me estás engañando.

Pero el mono aseguró: –Tigre, te digo la verdad, cuando yo suba para allá arriba tú abres la boca. Así yo podré caer bien dentro de ella. De este modo no se te cortará la respiración.

Y efectivamente el tigre lanzó alto, hacia arriba, al mono. El mono en el aire moneó y brincó muy alto, desde allí vio la bocota del tigre abierta esperándolo. Pero él salió corriendo a todo brinco.

Al escapársele, el tigre siguió muerto de hambre… se acostó y quedó panza arriba. Y luego se dijo: –Ahora, como logre ver al conejo, lo atrapo y me lo como. Se levantó y siguió la vereda del conejo. Camina, caminando y vio al conejo. Nada más verlo lo atrapó. El conejo al sentirse atrapado le dijo: –Tigre, si me comes de esta forma te vas a atragantar, yo tengo un venado de buen tamaño, si me dejas te lo voy a traer. Espérame aquí.
El tigre creyó las palabras del conejo y lo soltó.

Al instante el conejo salió corriendo. El tigre se quedó esperando al conejo, espera que espera pero…nada.

Entonces dijo entre dientes: –Ahora sí es verdad que cuando vea al conejo me lo como. Salió tras él pero le fue imposible encontrarlo.

Y así fue como una vez más, el tigre casi murió de hambre por la astucia del conejo.

Cuento indígena warao/versión de Maruja Casanova