PERFIL | La siempre pionera Carmen Clemente Travieso

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Si hubiese que ponerle un solo título, a Carmen Clemente Travieso le vendría bien el de pionera. Uno lee sus reseñas biográficas y se encuentra con que fue la primera mujer venezolana en varios importantes campos, entre ellos el del periodismo profesional, que con el tiempo pasó a ser dominado casi hegemónicamente por el género femenino.

También fue de las que abrieron el camino en las luchas feministas, en la participación política, en la reivindicación del amor por la ciudad de Caracas, en la militancia comunista y en el sindicalismo.

Tal vez venía con ese destino marcado. Nació el 24 de julio, por lo que compartía cumpleaños con el Libertador Simón Bolívar. Su llegada a este mundo ocurrió en 1900, con los aires del siglo entrante. Además, tenía material genético, pues era bisnieta del almirante Lino de Clemente, firmante del Acta de la Independencia y otro precursor, porque es considerado el primer ministro de la Defensa venezolano.

Caraqueña, de soltera creció en las cercanías del Panteón Nacional, entre las parroquias San José y La Pastora. Luego vivió entre las esquinas de Pelota y Punceres, que ahora forman parte de la avenida Urdaneta.

Fue protagonista de una hermosa relación con Andrés Eloy Blanco, a quien retó a que le escribiera un poema. El cumanés, que era rápido de verbo y en las artes del cortejo, escribió: “Haga usted unos versos… / y un mal de profetisa / de tus labios perversos / fue el fulgor de tu risa / Yo he dicho mil cantos / Para ti… fueron sabios / ante tus mil encantos / los fuegos de mis labios / Y si tus labios rojos / y la sed de tus ojos / me inspiran de este modo / diré un nombre secreto / Y esto es más que soneto / ¡Carmen! … Eso es todo”.

En su larguísima lista de amistades aparece casi toda la intelectualidad caraqueña de la primera mitad del siglo XX, así como los forjadores del pensamiento de izquierda moderno en Venezuela.

Tempranamente se activó para luchar contra los desmanes de la dictadura de Juan Vicente Gómez. Tras la muerte del tirano tachirense participó en las luchas por la conquista de los derechos políticos de la mujer, fue una de las primeras mujeres vinculadas directamente al Partido Comunista de Venezuela.

Sus lecturas de los autores marxistas fundamentales la convirtieron en algo más que una articulista de prensa. Sus trabajos eran verdaderos ensayos que hoy siguen teniendo vigencia inequívoca. Solo a manera de muestra, leamos algo que ella publicó en 1940 en el mítico diario Ahora:

“Desde tiempos muy remotos –podríamos asegurar que desde tiempos en que hombres y mujeres no conocían otra sociedad que la de la tribu primitiva– a la mujer se le dio una educación completamente diferente que la del hombre, diferencia que es la que ha formado y alentado esa desigualdad existente entre el hombre y la mujer en todas las sociedades antiguas y modernas, la cual ha sido conservada cuidadosamente a través de los siglos y transmitida a todas las generaciones de mujeres, llevando a los dos componentes de la familia humana a transitar por diferentes sendas, y obligándolos a tener distintos y hasta opuestos conceptos de la vida y de sus problemas. Si la educación de la mujer desde el comienzo hubiese sido similar a la del hombre, especialmente en ese concepto básico de lo que forma la vida, no veríamos con tanta propiedad los antagonismos existentes entre ambos sexos en lo referente a los negocios públicos. Estos antagonismos y esta diferencia de apreciación entre el hombre y la mujer se deben totalmente a la diferencia de educación entre ambos, en la que el hombre fue siempre el amo y la mujer la esclava, marchando cada uno por la vida por diferentes caminos”.

Ese tipo de reflexiones la convirtieron en víctima de ataques de los sectores patriarcales, incluyendo la Iglesia católica. En el diario La Religión, monseñor Jesús María Pellín fue uno de los más duros. Decía que las mujeres no debían andar en la calle ni escribiendo en periódicos dedicados a la agitación, porque así lucían como prostitutas locas. Debían quedarse en sus casas, haciendo oficio.

En la biografía escrita por el periodista Omar “el Compañerito” Pérez se citan las palabras de María Azcoaga, una de las amigas más cercanas de Clemente Travieso, quien se refiere a aquellos tiempos de ruptura de paradigmas: “Creo que ella fue la primera mujer que salió a la calle armada de libreta y lápiz, porque ella era atrevida, era capaz de hacer lo que las demás no harían”.

También fue de las que tomó la batuta, junto a Analuisa Llovera, en la conformación de la Asociación Venezolana de Periodistas, antecesora del Colegio Nacional de Periodistas, en 1941; así como del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa, cinco años después.

En 1947 fue una de las primeras mujeres postuladas para un cargo de elección popular de rango nacional (la Asamblea Constituyente).

Esa década de los 40 fue clave en el desarrollo del periodismo moderno venezolano. Entraron en escena Últimas Noticias y El Nacional.

Clemente Travieso es considerada la pionera del trabajo reporteril de barrio. Fue la primera en “subir cerro” para decirlo claramente. En el ensayo biográfico de Omar Pérez se cuenta una anécdota esclarecedora (tal vez autobiográfica, del autor). Carmen estaba con un colega en una cena cuando oyó que unos vecinos de mesa cuchicheaban acerca de ella. Uno dijo no conocerla y el otro la reprendió: “¡Cómo va a ser que no la conozcas, ella es Carmen Clemente Travieso, la que inventó el reportaje en Venezuela!”. La aludida consultó con su acompañante: “¿Oíste lo que dijo ese señor?”. Y el amigo le contestó: “Dijo la verdad, Carmen Clemente, no seas tan modesta, tú fuiste la primera que escribió de esa manera”.
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Retahíla de méritos

No alcanza el espacio para reseñar todo lo que hizo Carmen Clemente Travieso en su vida de 83 años. Intentémoslo:
En 1935 fue cofundadora de la Agrupación Cultural Femenina. En 1937 se incorporó a la Liga Nacional Por Presos, por la reforma del sistema penitenciario. Se involucró en numerosos medios, algunos de ellos rematadamente clandestinos, como La Boina, El Imparcial y El Martillo. En 1940, en la Conferencia Preparatoria al Primer Congreso Venezolano de Mujeres, fue designada para escribir la tesis sobre los Derechos Políticos de la Mujer. En 1942 publica la biografía de Luisa Cáceres de Arismendi y recibe el premio de la Asociación Cultural Interamericana. Participó en la lucha contra la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, siendo detenida por la Seguridad Nacional por varios días. En 1956 publicó su obra Las Esquinas de Caracas. En la era democrática representativa siguió luchando por los derechos de los excluidos, en especial presos, mujeres y niños. Estuvo en los comités de solidaridad contra la injerencia e invasión imperialista en República Dominicana, Guatemala y Cuba. Y en 1973 denunció el golpe de Estado contra el presidente chileno Salvador Allende. Donó su biblioteca particular para fundar la Biblioteca Cultural Gual y España. Su nombre le fue asignado a una condecoración que se otorga a periodistas (mujeres y hombres) que trabajan en pro de las luchas de la mujer.

CLODOVALDO HERNÁNDEZ