Tres en 1 | Hay que apoyar a cultores y cultoras de nuestras tradiciones

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REVELE SU ROLLO Roberto Malaver

Daisy Gutiérrez, La Cantora de Cumaná, así la llamamos los que la admiramos desde que
se inició en el canto. Su voz, cantarina y solidaria, siempre está presente
al lado de nuestras más queridas manifestaciones de amor al país.

—¿Será verdad que la música oriental es la música más bella del país? –Es una provocación.

—Amo toda la música de todo nuestro país, y la considero la más hermosa del mundo. Para esta cumanesa, por supuesto que es la música de mi tierra oriental, con los sonidos peculiares del cuatro, la guitarra, el floreo de un bandolín, la fuerza de las maracas… la que me hace estremecer el alma y avivar la memoria de mis querencias cercanas.

—Con más de 30 años de carrera artística, ¿a qué conclusiones has llegado en cuanto al canto y al apoyo y al entusiasmo y a la querencia?

—Vengo transitando los caminos del canto y la canción desde el año 1975 (siendo estudiante liceísta). Desde el principio entendí la importancia vital de interpretar la música popular y tradicional venezolana, esa que nos identifica con nuestras raíces históricas y culturales, asumiendo el accionar de su promoción y difusión, a manera de franco compromiso amoroso y militante con mi país. Creo que el canto debe mantener un propósito y, para mí, ha sido el de contribuir con la elevación del sentido de pertenencia a esta nuestra tierra-Patria-Matria, vibrando en la vitalidad espiritual del pueblo que somos.

Creo también que, aparte del compromiso y el entusiasmo que desde nuestra individualidad le pongamos al trabajo artístico, es muy importante contar con los apoyos necesarios para remontar todos los escollos y retos a superar, en el contexto del modelo económico-social capitalista, con su industria cultural dominante. En tal sentido, el Estado venezolano tiene la responsabilidad de cumplir con el mandato de nuestra Constitución Bolivariana, capítulo De los Derechos Culturales, sus artículos 98 al 101, generando políticas culturales de un mayor y más efectivo apoyo a cultores y cultoras de nuestras tradiciones populares, valorándolos como verdaderos depositarios del saber popular, asumiendo como esencial la formación y el fortalecimiento de una conciencia venezolanista, en las nuevas y futuras generaciones, como soporte de nuestra soberanía.

—Ahora que no hay conciertos presenciales ni actos culturales por la pandemia, ¿dónde está cantando Daysi Gutiérrez?

—Desde que comenzó la pandemia hemos tenido una modesta presencia, con nuestros cantos, en las redes sociales, así como algunas participaciones en la programación de Venezolana de Televisión. Estamos en proceso de adaptación a la realidad virtual que nos impone el distanciamiento social.

—¿Ha sido fácil la participación de la mujer como cantante en ese mundo artístico?

—Evidentemente que en la sociedad machista y patriarcal, como la que vivimos, para la mujer no resulta nada fácil desarrollar una carrera artística.

—“Aquí viene el muerto de Marigüitar/ cuatro pescadores lo van a enterrar”. De ese Polo Doliente, de Aquiles Nazoa, te escuché una historia. ¿Me la puedes volver a contar?

—La historia a la que te refieres es la siguiente: mis padres eran oriundos del pueblo de Marigüitar, estado Sucre. Mi padre, Saturnino Gutiérrez, era pescador y agricultor. Me contaron mi madre y mis hermanas mayores que allá, por el año 1948, un 7 de octubre, en medio de las festividades de la Virgen Nuestra Señora del Rosario, patrona de Marigüitar, apareció un ahogado en la playa, generando un fuerte revuelo en todo el pueblo. Era tan avanzado su estado de descomposición que las mismas autoridades no se atrevían a retirarlo del lugar. Entonces se les ocurrió ofrecer la libertad a cuatro detenidos que tenían en la Prefectura, por “alteración de la paz ciudadana”, si ellos se encargaban de recoger el cuerpo, desde la orilla de la playa. Fue así como mi padre, y otros tres pescadores (Chirringo, Chucho González y Emiliano Vera) se convirtieron en los cargadores del “muerto de Marigüitar”.

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Retrato Hablado

“La literatura es mi esposa legítima y la medicina mi amante. Cuando me canso de una, paso la noche con la otra”. Así decía el escritor, médico, dramaturgo y humorista ruso Antón Chéjov. Desde muy joven empezó a escribir cuentos cortos humorísticos, Relatos de Motley fue su primer escrito de humor, publicado en 1886. Ejercía la medicina y al mismo tiempo se preocupaba por crear grandes textos. Así publicó su obra de teatro, La gaviota, que fue montada por el reconocido Director de Arte Konstantín Stanilasvski. Luego de ese gran triunfo vinieron sus otras obras: El Tío Vania, Las tres hermanas, y El jardín de los cerezos. Fue un maestro del cuento corto. Por eso afirmó: “La brevedad es la hermana del talento”. Y convirtió esa frase en su filosofía literaria. Así nos dejó también sus cuentos: La dama del perrito, y una Antología de Relatos Cortos. Murió a los 44 años, el 15 de julio de 1904, dicen que fue víctima de la tuberculosis, enfermedad que contrajo de sus pacientes. Una vida breve que dejó una obra de gran trascendencia. Había nacido en Rusia el 29 de enero de 1860.

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El viernes de Lira