HORIZONTE DE SUCESOS | Realidad y memoria

Heathcliff Cedeño

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También pensamos con la memoria, dije el fin de semana pasado. Tan difícil de definir como el tiempo y la literatura. Según Juan José Saer somos más memoria que deseo, y yo le creo.

Sin embargo, hay quienes se han acercado noblemente a un concepto. Bergson dice que la memoria es el punto donde el espíritu y la materia coinciden; para Christlieb es el lugar desde donde parte la historia; y la poeta Louise Glück dijo: “Miramos el mundo una sola vez, en la infancia. El resto es memoria”.

Y es que la memoria siempre está asociada a un elemento pasado y fundacional, desde donde parte todo, bien sea si nos referimos a una ciudad o a una persona. Los hechos más representativos de la fundación de una ciudad son los que quedan anclados en el tiempo.

Siempre nos refugiamos en ella cuando las cosas no andan bien o cuando buscamos la manera de encontrar una imagen sólida de nosotros mismos. Pasa con mucha frecuencia que cuando conocemos a alguien hurgamos en el pasado y extraemos lo más representativo, como si lo mejor de una época haya quedado plasmado en los pliegues de la historia.

Lo mismo sucede con las ciudades. Lo más representativo y lo que las sostiene no es el concreto, sino algo más abstracto y real al mismo tiempo. Sus esquinas y sitios donde ocurrieron hechos importantes son lugares que reafirman el presente.

Cada celebración de una fecha emblemática es un recordatorio de que venimos de esas vicisitudes que cada año nos inflan el espíritu. Es como si esos acontecimientos volvieran a ocurrir cada vez que se recuerdan colectivamente, como si los viéramos pasar frente a nosotros como en una cinta que se retrocede y nos maravilla.

Sin duda alguna, la memoria es un elemento fijo en la existencia, y una manera de comprobarlo es que sobrevive al tiempo. Por más capas de polvo que se acumulen sobre esos objetos, siempre hay una chispa que los pone frente a nosotros. Cada 24 de junio, por ejemplo, revivimos las glorias de nuestros libertadores y nos sentimos orgullosos.

Paradójicamente, son esos elementos del pasado los que nos hace pisar con más firmeza hacia el futuro, por eso no es descabellado decir que la memoria nos sostiene más que el impulso vital que nos hace estar de pie.

Heathcliff Cedeño