Tres en 1 | Diego Sequera: La corrupción demanda atención ahora

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Licenciado en Letras. Analista político. Comunicador. Investigador y columnista del grupo Misión Verdad.

—En Argentina, Fernández por Macri. En Bolivia, Arce por Jeanine. En México, López Obrador por Peña Nieto. ¿Cómo se analiza esta situación en América Latina?

—El mismo rumbo histórico; procesos, experiencias históricas y evoluciones diferentes, pero sobre la misma línea maestra. Esto no es una observación ingenua o automáticamente optimista. Mientras más le metes aumento se ven las diferencias o lo desnivelado que en algunas cosas puede ser dependiendo de qué país estamos hablando. Y la experiencia de la última década, años en que la restauración neoliberal se anotó unos cuantos goles, en todas partes hizo que se vivan o vivieran reversiones económicas y políticas, cuando no el franco desmantelamiento express por todas las vías de casi todo lo alcanzado, y esa experiencia hace que estos movimientos de reconquista política cobren fuerza, pero tal vez también que traiga otro tipo de inseguridades pero que también trae un nuevo registro de cómo resistir, además del acumulado histórico.

Bolivia de esa lista es el caso más dramático y alentador, porque tiene los dos extremos: del golpe violento a la vuelta a la democracia en poco menos de un año. Pero, al final, ninguno de los casos que mencionas o cualquier otro que se quiera incorporar se escapa del otro elemento que los pudiera unificar a todos, cosa que se hizo evidente en el paso de esta década: nuevos métodos, instrumentos y mecanismos para desestabilizar, manipular la percepción y en definitiva construir el contexto para eventos traumáticos de cambio de
régimen. No es un fenómeno uniforme, ni reproduce al calco la primera oleada del cambio de época.

La vivencia de la pandemia también hace que se tense la cuerda social, que quede en evidencia la verdadera función de los gobiernos neoliberales y que cobren fuerza opciones de poder que o son alternativa o ya demostraron en el pasado reciente que lo pueden hacer mejor. Lo que ahora mismo estamos viendo en Ecuador: que también incluye un despliegue de tecnología política e influencia para impedir un retorno, con Andrés Arauz, de lo que ya se había conquistado con Correa y que Moreno desmanteló.

No es una repetición del primer ciclo, no puede serlo aunque de ahí provenga, claramente es la continuación de esa experiencia como respuesta a la crisis, a pesar de tanto empeño de los enemigos declarados en todas partes para que esto no ocurra.

—Joe Biden ha reculado en algunas políticas aprobadas por Donald Trump, ¿reculará con las medidas tomadas contra Venezuela?

—Tal vez el principal recule de la administración Biden, que apenas se está terminando de instalar, es la de “suspender” su participación en la guerra saudita contra Yemen, incluyendo, según declaró el propio Biden, cancelar algunos acuerdos de venta de armamento. Pero que mantendría un apoyo “defensivo” al reino saudí; habría que ver en qué se traducirá ahora ese defensivo. Yemen es la crisis humanitaria artificial más obscena que hay hoy en el mundo y es producto exclusivo del embargo violento que Arabia Saudita
sostiene, y que EEUU apoya. Y comenzó durante la administración Obama, así que, técnicamente, ni siquiera es un recule a una medida de Trump, que se encargó más bien de apretar las tuercas de la situación.

En otros frentes, siguen reconociendo a Jerusalén como capital de Israel y sede de su embajada, se niega a reingresar primero al acuerdo nuclear del 5+1 con Irán (fue EEUU el que se retiró) para retomar negociaciones, no disminuye la hostilidad con Rusia y China, Julian Assange seguirá preso y el Pentágono tiene el ojo puesto en Irak, Siria y Afganistán, donde en los dos primeros, por arte de magia, comienzan a reaparecer acciones y ataques del Estado Islámico, señalando más conflicto, otra vez indirecto, como en los días
de Obama.

Esa falta de “recule” no quiere decir que no estén pasando cosas que pudieran ser esperanzadoras. Por ejemplo, a pesar de que hasta ahora la posición del Departamento de Estado respecto a Venezuela es seguir reconociendo a Guaidó etc., sale el informe de la Oficina de Rendición de Cuentas sobre el impacto de las sanciones sobre la economía venezolana, que además fue bienvenido por los líderes del Comité de Relaciones Exteriores del Congreso, no es algo menor. El congresista Gregory Meeks (demócrata), uno de los dos
jefes del Comité, conoce Venezuela, no es un fanático improvisado. Algo cambia, así sea eso, en relación a cómo venía. Por más que la retórica se mantenga (Venezuela es un tema bipartidista), eso tiene su valor. Toca esperar.

—¿Siente que la discusión política en Venezuela ha subido de nivel, o por el contrario, ha llegado a lo más bajo?

—Si se mide por la política sintética de un Juan Guaidó o un Julio Borges eso ya alcanza registros subterráneos y creo que van a seguir asombrando.

Pero en la discusión política entendida como la conversación nacional, todo lo relativo a lo bueno, lo malo y lo gracioso del momento en que se dé, es como el zamuro, que en la misma con la que escarba carroña y bailotea, de repente vuela alto y a veces posa de elegante.

Las redes sociales lo que hacen es embaular el caudal de muchos de estos temas a la vez que tienes menos filtros emotivos a la hora de manifestar algo.

Lo que también sirve para darle forma a discursos a partir de elementos como el malestar o la desinformación, con otros fines. Puede que lo que se gane de comunicación “directa” se pierda en calidad y otras cosas. Pero igual aquí la discusión política en general sigue siendo algo bastante dinámico y extendido, vaya para un lado o pal otro. A veces termina bien, y a veces a los carajazos.

Y pareciera, más bien, que comienza a haber más recepción que antes a tratar otros temas que hace poco estaban mucho menos movilizados a nivel de discusión.

—Después de veinte años hablando del socialismo como solución al capitalismo, ¿no cree que todavía lo individual está por encima de lo colectivo?

—No lo sé. Así como con lo individual existe un fetiche con lo colectivo también y creo que básicamente uno no existe sin el otro. Y así como en estos siete años de dificultades se acentuaron conductas individuales en desmedro de lo colectivo no es menos cierto que se hayan establecido nuevas (y viejas) experiencias de comunidad. Igual es inevitable que sea más chocón y se note cuando en alguna circunstancia que involucre a varias personas venga una individualidad a imponer sus intereses únicos. Todavía se ve feo, por cierto, y
eso debería tomarse como señal de salud. Pero sea socialismo, bolivarianismo, cualquier combinación de esas vías en tanto proyecto, nadie está exento de tener que lidiar con las fatalidades de vivir en capitalismo y estar en pugna por hacerlo de otra manera donde no exista estridencia entre lo que es bien para varios a la vez que bien para una sola persona.

—Alguien preguntó por ahí: “¿Corrupción, dónde estás que no me alcanzas?”. ¿Será que la corrupción alcanzó más rápido a nuestros políticos que la ética?

—La corrupción está y ha estado ahí desde hace un buen rato. Es un problema secular pero también uno de este momento, que demanda atención ahora. Y así como se reconoce que existe no hace menos excluyente que se conozca también los usos y abusos narrativos que también se emplea con fines menos orgánicos que la solución o la denuncia, cuando además tampoco es algo que no se esté enfrentando. Y de paso siempre va de la mano de la pose ejemplar e impoluta. También es un rasgo que se acentúa en tiempos de presión
económica.

Ahora bien, por más grave y por más necesario que esas prácticas acá tengan que ser denunciadas no me parece un fenómeno menos corrupto que las propias sanciones, mucho menos el sistema que lo habilita ni la doctrina que les hace creer que tienen la legitimidad para disfrazar medidas de fuerza como esas. Que además son el paso uno para el saqueo que viene después. Y cómo eso corrompe y exacerba todas las escalas de corrupción (desde la más estúpida folclórica y rutinaria de apearse para no pagar una multa hasta montar un sistema mafioso paralelo para la distribución de gas doméstico) que se establecen en la dinámica de un país bajo asedio y embargo. Que de ninguna manera exime a nadie de nada respecto a sus acciones, pero que también obliga a ver el tema de forma tal que de verdad se quiera enfrentar, en todas sus escalas y materializaciones “culturales”, las raíces del problema.

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Retrato Hablado

“Nada está perdido si se tiene el valor de proclamar que todo está perdido y hay que empezar de nuevo”. Así afirmó un día en una entrevista ese escritor extraordinario que fue Julio Cortázar. En 1950 publicó su primera antología de cuentos, Bestiario, y a partir de allí comenzó a tener presencia como escritor y poeta. Fue en 1963, cuando publicó la novela Rayuela, que se convirtió en una de las figuras más relevantes de la literatura argentina. Muchas mujeres comenzaron a presentarse como la Maga o Lucía, una de las protagonistas de la novela. También Julio Cortázar fue un hombre solidario con la revolución cubana y la revolución sandinista. La venta de sus libros las dedicaba a los presos políticos de algunos países. Cuando asesinaron al Che Guevara escribió un poema que siempre es recordado: Yo tuve un hermano. Después de Rayuela vinieron otras obras: Historias de famas y Cronopios, Final del juego, La vuelta al día en 80 mundos. Fue un maestro del cuento. Su relato, Casa tomada, es uno de sus cuentos más comentado. Había nacido en Bruselas, Bélgica, el 26 de agosto de 1914, su padre era embajador de Argentina ahí. Y murió en París, un día como hoy 12 de febrero de 1984.

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El Viernes de Lira

Ciudad CCS / Roberto Malaver