Entrevista | Niedlinger Briceño Perdomo: La Asamblea Nacional debe tomar en cuenta a los movimientos feministas

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Existen muchos tipos de feminismo, pero lo importante es saber cuál es el necesario para seguir construyendo el proceso revolucionario. Bajo esa premisa la periodista y fiel defensora de los derechos de la mujer con el @Colectivatejedora, Niedlinger Briceño Perdomo, recuerda con claridad, luego de más de 20 años, cómo con la Revolución Bolivariana se ha continuado con una lucha histórica por garantizar los derechos de las féminas que en muchos casos viven en la terrible oscuridad de la violencia doméstica sin al menos la esperanza de que se haga justicia.

“Hoy el feminismo en Venezuela podríamos decir que es lo políticamente correcto, tanto para algunos movimientos como para el Gobierno. Es correcto que tengamos mujeres luchadoras, pero siguen existiendo limitaciones que no permiten la garantía de lo que nos corresponde. Salvando la Ley Orgánica de la Mujer, una herramienta valiosa que no podemos dejar de estudiarla, hay obstáculos en lo jurídico, en lo judicial que impiden la realización de discusiones que se tienen que dar en estos tiempos. Sin embargo, en estos últimos años ha sido bastante lo que se ha caminado en esta batalla y lo que se ha logrado por nuestras reivindicaciones.

—En esa línea, ¿usted cree que aún tenemos ese Gobierno feminista que ideó en su momento el presidente Hugo Chávez?
—Se habla de feminismo socialista. Efectivamente Chávez cuando llegó tenía una mirada hacia la mujer, tenía cierta perspectiva hacia la mujer, sabía que quienes estaban sosteniendo este proceso revolucionario, y quienes siguen sosteniéndolo somos las mujeres y hubo una reivindicación que fue bastante elevada y él fue estudiando todos esos procesos de lucha que datan de más de 50 años y que sirvieron para el impulso del feminismo o los feminismos en nuestro país. Pero, pese a esto, todavía no se han profundizado muchas cosas que son vitales para seguir avanzando.

—Desde su trinchera de lucha, ¿cuáles siguen siendo las principales exigencias de las mujeres al Estado venezolano?
—La principal, la más sustancial e importante es el tema de los femicidios y aquí aprovecho para diferenciarlo con los feminicidios. Lo primero es cuando la mujer es asesinada por su condición de género o las condiciones que la hacen ser más vulnerable. Mientras que lo segundo se produce cuando el Estado está implicado por omisión o de forma directa en ese delito. Por ejemplo, si hablamos de violencia obstétrica, cuando llega a un espacio público una mujer embarazada y muere en la sala de espera es considerado un feminicidio, es víctima de la negligencia. También, cuando una mujer tiene rato colocando una denuncia por acoso, por amenaza, y esa denuncia no se procesa y no se le da el trámite legal que se requiere para que esa persona sea protegida, eso también es un feminicidio.

Creo que esta es nuestra lucha fundamental. No hay cifras ni cantidades oficiales que nos digan cuántas mujeres son asesinadas mensualmente. Existen iniciativas de colectivos y observatorios de cuantificar estos casos pero realmente son los que aparecen en redes sociales, son las que investigamos por periódico, pero ¿cuántas son asesinadas en lo profundo de los barrios?, entonces lo que pedimos es que paren de matarnos y de reseñarnos los medios como lo hacen y para ello tiene que haber un seguimiento y un sistema jurídico, legislativo y judicial efectivo.

—¿Varios tipos de feminismo podrían convertirse en un factor que juegue en contra de la lucha que ustedes llevan a cabo?
—Sin duda. Sinembargo, hay puntos que tenemos en común y a partir de ahí hemos logrado acciones de calle, agitación en las redes sociales, es decir, tenemos una articulación, pero hay diferencias que no podemos hacer nada sino “patear la mesa y adiós”, como por ejemplo existen compañeras que sostienen un discurso apoyado en temas musicales que dicen: el Estado opresor es un macho violador, y nosotras no comulgamos con esa frase. Hay feministas que están a favor del aborto, otras que están más bien con esto de la violencia obstétrica, otras con el derecho a un nacimiento digno, de un parto humanizado, y con el aborto no se meten. Esto no pasa solo en Venezuela, pues en todos lados hay distintos tipos de feminismo, lo hay racistas, que omiten la diversidad sexual, son contradictorios pero llevan un largo recorrido de lucha.

—De acuerdo a algunas estadísticas, durante la pandemia los casos de violencia contra la mujer se han incrementado, ¿a qué cree usted que se deba esto?
—En el 2019, antes de la pandemia, nosotras dentro de la organización que formo parte nos declaramos en emergencia feminista, pero cuando vimos que la pandemia llegó para quedarse nos dimos cuenta que esa declaración teníamos que afianzarla más porque las cifras se dispararon de una forma preocupante. En ese sentido, hemos hecho algunas encuestas en zonas populares, identificando las condiciones deprimentes en las que viven algunas familias y en esos núcleos las mujeres hacen vida con su agresor o agresores, porque se ven obligadas ya que económicamente no tienen otra opción.

El tema de la violencia sexual también se ha elevado en tiempos de pandemia, niñas que viven con sus familiares, tíos, primos o personas cercanas con vínculos sanguíneos son violentadas porque se presentó el ocio, mucho tiempo de estar en casa, porque si bien el llamado fue a quedarse en el hogar por un tema de cuidado al covid-19, debemos analizar en qué condiciones se quedan en casa. Entonces el problema también está en que muchas veces estas mujeres dependen de su agresor en lo económico, incluso en lo emocional y no tienen para dónde irse.

—Muchos colectivos como el que usted representa incluyen en sus peticiones la legalización del aborto y el reconocimiento de la comunidad sexodiversa, ¿qué sucede con estos temas sensibles por un lado, pero cuestionados por otro?
—Tenemos una lucha desde hace bastante rato por el aborto legal, seguro, gratuito o la interrupción voluntaria del embarazo. La palabra “aborto” le choca a muchas porque suena así como “asesinas”, entonces hemos aprendido a manejar el lenguaje, llegamos de una manera más cercana y directa a las mujeres con ese lenguaje popular que existe en los barrios. Esta lucha ha sido bien visibilizada en América Latina. En diciembre pasado aplaudimos bastante lo alcanzado en Argentina sobre este tema. Hay cosas que aprender de esas mujeres que han hecho un trabajo extraordinario. Pero creo que a nosotras para materializar ese derecho en el país nos falta mucho.

Sobre los detractores de este álgido punto, inmersos incluso dentro del actual Gobierno, Briceño agrega que: si no se da el debate, si no se da la discusión no habrá preparación para tomar decisiones en altos espacios como la Asamblea Nacional, pero entonces nos preguntamos ¿quiénes están dando las discusiones allí?, no es el movimiento feminista, nosotras estamos en otros espacios. De hecho, no hay duda que las instituciones religiosas también influyen de manera desfavorable en esto.

El feminismo también está trasversalizado en la lucha de la diversidad sexual, es una comunidad que ha sido excluida históricamente, pero creo que el matrimonio igualitario me parece que ciertamente es un derecho, finalmente una decisión, aunque no está por encima del derecho a la vida. No es lo mismo que pidas que no maten a los gay o lesbianas a que soliciten el matrimonio, pues ahí me parece que podría haber cosas más sustanciosas para exigir hoy en el contexto de Venezuela, como la dignidad. No obstante, apoyo esa reivindicación de la unión que tiene mucho tiempo marchando.

El trabajo en El Valle se hace casa por casa y busca sensibilizar sobre el tema, además detectar casos de violencia.

—En Venezuela existen organizaciones feministas que prefieren estar lejos de cualquier vínculo político, ¿cuál es su postura frente a eso?
—Eso ha pasado porque se ha perdido la esperanza en ese proyecto inicial donde todas íbamos a ser incluidas y que con el tiempo más bien algunas han sentido temor hasta de ser perseguidas. Pero yo creo que ya con el hecho de pertenecer a un colectivo ya estás haciendo política, pues la política no es solo partidista, tú eres político cuando empiezas a transformar el mundo, cuando se te ocurren ideas sociales y colectivas, de hecho con la entrada al país de organizaciones no gubernamentales que financian proyectos de mujeres con un recorrido de trabajo de base, éstas no pueden dar ninguna opinión con respecto al contexto político, incluso hay compañeras que por mucho tiempo han sido entrevistadas y ahora te dicen que no pueden ofrecer testimonio porque laboran para estas organizaciones que prácticamente se lo prohíben bajo un contrato firmado.

Si se están dando los recursos por una labor que se sigue realizando pues no hay problema, porque muchas de nosotras no aparecimos de paracaídas, sino que venimos trabajando desde hace tiempo en varias comunas en Caracas y el interior del país. Es importante decir que nunca será lo mismo trabajar con un financiamiento que con las uñas.

—¿Es posible incorporar al hombre en esta batalla que, al parecer, lideran solo las mujeres?
—Yo creo que los hombres no pueden ser totalmente feministas, porque el feminismo es algo que nos atraviesa a nosotras, nos descose y nos permite volvernos a coser y no es lo mismo que un hombre viva violencia doméstica, porque sí los hay, a que una mujer lo sufra, no hay manera de que ellos entiendan muchas cosas porque tienen otra posición, tienen otra visión, y esa es la invitación que nosotras les hacemos a ellos, que empiecen a discutir más de este lado y debatan entre ellos sus propios privilegios, que no tengamos que confrontarlos en todos lados, eso no va ni con nuestros principios socialistas, porque creo que ya es suficiente con todo lo que tenemos encima.

De hecho, aquí hubo conocimiento de lo que es el feminismo desde que empezó la revolución y al hacer ese llamado de una revolución feminista se abrieron un montón de cosas que estaban apagadas. Más bien creo que esta lucha debe ser acompañada es del debate sincero, porque el problema es de fondo, desde lo cultural. Los hombres tienen mucho trabajo por hacer sobre esta materia, tienen mucho que cuestionarse y no es responsabilidad de las feministas.

—¿Cómo y en qué momento se debe abordar a una niña para orientarla y cuidarla de la violencia en todos sus géneros?
—Todo pasa por el tema de la crianza respetuosa y con apego, además tiene que ver con esa mirada que reconozca tu cuerpo como mujer, de honrarlo, de quererlo. No hay una edad específica para hablarles a las niñas de lo que puede estar permitido y lo que no, de sus deseos, de lo que sientan. Eso tiene que ser un ejercicio constante, incluso de confianza con nuestros hijos. No existe una metodología, un manual, pero no dejemos que se lo explique la televisión, seamos nosotros con palabras que puedan entendernos.

—¿En qué está trabajando actualmente sobre esta campaña feminista?
—Ahora estamos haciendo un trabajo en la unión comunera, el objetivo allí es el tema de la comuna antipatriacal, estamos ancladas a la comuna 5 de Marzo, Comandante Eterno, en la parroquia El Valle, ahí estamos haciendo acompañamiento a mujeres en situación de violencia, acompañamiento jurídico, y ya tenemos una casa de la mujer. Hemos ido caminando con mucha firmeza. Quiero aclarar que el acompañamiento no debe partir desde la imposición, creo que primero deber existir un reconocimiento de los tipos de violencia que se presenten y avanzar

Nosotras impulsamos el feminismo popular que creo es un proceso que es de a poco, que está siendo como empujado hacia la defensa de ellas, para todo eso tenemos a disposición una línea telefónica: 0426-2155183 y 0426-2155184.
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Soberanías Sexuales es ahora su vitrina

Briceño Perdomo tuvo la oportunidad de escribir por al menos un par de años en Ciudad CCS, luego emprendió otros proyectos aunque sin dejar a un lado su amor hacia el periodismo, que ahora lo condensa en la columna Soberanías Sexuales, un espacio semanal que le brinda la revista Épale. También perteneciente a la Fundación para la Comunicación Popular de la Alcaldía de Caracas.

“Ha sido una experiencia buenísima Cuando me ha tocado decir que tengo una columna de sexualidad la gente se asombra y me pregunta si soy sexóloga y, aunque no lo soy, en toda mi experiencia de vida he manejado varias cosas que hoy les doy un sentido.

Recuerda que hasta el parto es un acto sexual, amamantar es un acto sexual, entonces cómo la sexualidad se abre a otros temas que quizás no conocemos o no nos permitimos poder leer y poder hablar, no se trata de pornografía, es decir, se trata de entender desde allí la sexualidad, que la vivimos todos los días, desde un mundo más amplio.

En general, el periodismo para mí ha sido la gran oportunidad de mostrar cosas que se están haciendo no solo en el proceso feminista venezolano sino también en lo más extenso. Es un ejercicio que extraño bastante porque no lo desempeño como tal desde que me fui de esta redacción.
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*BiografíaMínima

Niedlinger Briceño Perdomo es caraqueña, criada en la parroquia 23 de Enero, sin embargo, vivió un tiempo en Cabudare, estado Lara, donde aprendió a manejar bicicleta, una de sus tantas aficiones. Cursó estudios en la Universidad Bolivariana de Venezuela alcanzado la licenciatura en Comunicación Social, no sin antes intentar entrar en la carrera de Agroecología. En esta casa de estudios dio sus primeros pasos como militante con el Frente Cultural de Izquierda, organización en la cual se mantiene. Celebra que su núcleo familiar tenga aún con mucha salud a sus padres, un hermano y dos hermanas. Actualmente comparte sus tareas con la crianza de su hija.

TEXTO HAROLD URRIETA | FOTOS VLADIMIR MÉNDEZ