Correo de Carabobo | Sobredosis de amor

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Ilustración Javier Véliz

Sobredosis de pasión: el Libertador no fue el sujeto fúnebre y acartonado que cierto imaginario ha querido imponer. Muchacho desaforado e hipersensible, este relato lo retrata en facetas poco conocidas

Una cosa son los testimonios de venezolanos e incluso españoles que conocieron a Bolívar o tuvieron referencias muy cercanas de su carácter y personalidad; otra cosa muy diferente es leer lo que sobre él dijeron algunos sujetos totalmente distintos, extranjeros en todo el sentido de la palabra (por origen, formación y visión del mundo). Por ejemplo, un tal capitán Cowe. Así se hacía llamar un legionario o mercenario británico, de los muchos que se embarcaron para estas nacientes repúblicas con el fin de hacer la guerra, ganarse una plata y unas charreteras, o simplemente participar en una aventura al lado del legendario general Bolívar, del que todo el mundo hablaba en Europa en la segunda década del siglo XIX.

Y mira que se ganó los reales y las charreteras este tipo. Llegado a Margarita en 1818, acompañó a Arismendi y a Bolívar en varias batallas, combates y peripecias, incluyendo un curiosísimo viaje desde Bogotá a Angostura, con tránsito en precaria embarcación por el río Orinoco, con el Libertador y un pequeño grupo de colaboradores e indígenas.

El inglés cuenta en un libro invalorable cómo fue que él mismo, Bolívar, O’Leary y un acompañante de apellido Fernández, fueron emboscados por varios escuadrones españoles; Bolívar se salvó de ser asesinado en una encerrona e incendio provocado en un pueblo ribereño, alcanzando de vainita la embarcación que esperaba en un muelle. Más adelante, acosados por enemigos, los cuatro tuvieron que empuñar las armas y matar a varios de ellos a tiros; Bolívar se llevó en los cachos a tres con asombrosa puntería y astucia.

Pero de las docenas de anécdotas contadas por Cowe, la siguiente es la que retrata al Libertador en un flanco más insólito y desconocido. Paréntesis: conste que el tal Cowe se declara en ese mismo texto decepcionado, porque la noche que conoció a Bolívar el hombre empezó a beber y a reírse a carcajadas de chistes o cuentos muy groseros no aptos para gente delicada: “La conversación con Bolívar tampoco me satisfizo porque esperaba encontrarla más elevada (…) su condescendencia y aun su aplauso para las conversaciones y gestos obscenos que ocurrieron durante el banquete, me desencantaron (…) todas esas circunstancias hicieron que fuera para mí motivo de desencanto el ser presentado a tan distinguida personalidad”.

Llegados a Angostura luego de tan accidentado viaje, Bolívar convoca al Congreso (diciembre de 1819), con un fin específico: matar diplomáticamente lo que sentía como un alzamiento en puertas de parte de Juan Bautista Arismendi. Este y sus militares más cercanos habían destituido al vicepresidente de Venezuela, Francisco Antonio Zea, sin el consentimiento de Bolívar. Este, en lugar de proceder con mano dura como lo había hecho ya con Piar, se limitó a removerlo de su cargo y encargarlo de la jefatura militar del Oriente. El inglés se escandaliza entonces de que el Libertador haya saludado al general Arismendi al llegar, con grandes abrazos y besos en las mejillas, y que menos de 24 horas después, instalado ya el Congreso, lo destituyera.

Justo antes de convocado ese Congreso, narra el inglés Cowe el revuelo que causó Bolívar en el pueblo: “La inmensa muchedumbre que se había reunido (…) lo aclamaba a cada paso. Al llegar a la escalinata el clamor fue atronador y el presidente se volvió hacia el pueblo para hablarle, y comenzó una vibrante oración que debía interrumpir a cada frase ante los gritos enloquecidos del pueblo, que le ofrecía su adhesión. Al fin, Su Excelencia exclamó: ‘¡Este afecto del pueblo me emociona enormemente!’ Al decir estas palabras, cayó desmayado.

“El frenesí del pueblo por levantarlo, socorrerlo y hasta tocarlo fue tal, que el lujoso uniforme quedó hecho jirones y hubo de volver a vestirse de nuevo. Yo presencié en otra oportunidad igual cosa y oficiales que recorrieron con él Nueva Granada me han asegurado que al llegar a pueblos donde lo aclamaba la multitud, el presidente en el paroxismo de la emoción perdía el conocimiento, y que esto llegó a ocurrir hasta tres veces en un día”.

Testigo y protagonista 

El libro del capitán Cowe (así está firmado) que recoge estas anécdotas se titula Recollections of a service of three years during the war of extermination by an officer of the Colombian Navy (Londres, 1828). Fue reeditado y retitulado en español, lacónica o tajantemente: ¡Guerra a muerte! Fragmentos de esos testimonios están recogidos, junto con otros, en un volumen compilado por Juan Úslar (Memorias de legionarios extranjeros en la Guerra de Independencia, Monte Ávila Editores Latinoamericana, 1988).

DATOS SUELTOS

La travesía

Dieciocho días duró el viaje desde Bogotá hasta Angostura (actual Ciudad Bolívar), incluyendo los atentados, enfrentamientos y emboscadas en el viaje por el Orinoco.

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Bolívar sin dejar rastro

El Libertador viajó en esa oportunidad de incógnito, para despistar a los enemigos y también para sorprender a Arismendi y su grupo, enseñoreados ya del poder mientras Bolívar estaba en Bogotá.

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Roscio irrestricto

Como vicepresidente de Venezuela, en sustitución de Arismendi, fue nombrado Juan Germán Roscio. Cowe lo llama “hombre envejecido y debilitado por los vicios”, pero incondicional de Bolívar.

José Roberto Duque / Equipo de investigación