La Caraqueñidad | Cuaresma en cuarentena, realidad 2021

0

Acaba de suceder en Caracas, Venezuela, y en el mundo el tradicional aunque atípico Miércoles de Cenizas 2021; donde todo, absolutamente todo, a pesar de lo sagrado y poderoso que es la Iglesia Católica, se movió al ritmo del coronavirus.

A 11 meses exactos de la orden gubernamental para el confinamiento anticovid 19, se da inicio oficial a la cuaresma que marcha en paralelo a la cuarentena radical y flexible, según órdenes e intereses.

Inició así el camino a esta nueva Pascua para que las multitudes que representan la feligresía católica, religión mayoritaria en la cuna del Libertador, ponga su fe absoluta en que algunas de sus deidades allegadas a las máximas instancias de poder divino posen sus manos benditas y su misericordia que tanto promocionan los curas y las sagradas escrituras, para erradicar el microscópico enemigo que tiene al mundo en vilo.

Pues bien, este Miércoles de Cenizas inició el conteo regresivo de cuarenta días para nuestra segunda Semana Santa en pandemia. Ese lapso representa, según la tradición eclesiástica, los 40 días que Jesús pasó en el desierto, enfrentando tentaciones y haciendo sacrificios para que su padre, Dios, se compadeciera del resto de los mortales ante tantas acciones oprobiosas.

Este inicio de cuaresma, que implica además ayuno y abstinencia de carnes rojas –porque este lapso es una especie de preparación del cuerpo y el alma para recibir la semana mayor–, insta a sus seguidores a rememorar con profunda devoción los misterios de la pasión, muerte y resurrección de Cristo.

Pero, como ya se dijo, este virus –que según la ciencia le huye al agua con jabón, no se sabe su procedencia, ni hasta cuándo andará por estas tierras de Dios–, ha condicionado todo: entonces las típicas misas para imponer la ceniza fueron a 40% del aforo de cada templo, la flexibilidad no solo es para la cuarentena sino para el rito porque ahora, contrario a lo que férreamente dictaba el mandato eclesial, la gente podrá recibir sus dosis de restos de combustión hasta el domingo (o sea, hay chance aún).

La cosa no es una cruz en la frente para evitar contagios; ahora se vale que los curas esparzan una menuda cantidad de polvo obscuro en las cabezas de quienes creen en el milenario rito. Todos los favorecidos llevarán ventaja sobre el resto, por estar más cerca de los privilegios que emanan de la fe. En serio.

Paralelamente, también desde Caracas, llueven –no obstante el radiante sol propio de la época–, noticias oficiales como el inicio de la vacunación con las dosis del antiviral ruso, con algunas prioridades que como es más que lógico generaron corrientes adversas desde el seno de la oposición –y de habladores de oficio quienes en uso de su sagrado derecho a opinar nunca nada les parece bien, pero que ya están planificando itinerario para colocarse su inyección–. Con esa noticia también se oficializó la extensión de la flexibilización de días con licencia para que el mercado y el pueblo comerciante siga activo en vías de recuperación. Lo que no se sabe a ciencia cierta es si el virus respeta el método.

Importancia de la ceniza

Según variada literatura especializada, cuando usted permite que le impongan la ceniza sagrada se está trasladando a un bojote de años atrás cuando imperaba la iglesia primitiva.

Quienes recibieran el sacramento de la reconciliación estarían preparados para la semana en que se conmemora la vida, pasión y muerte de Jesucristo. Esa ceniza simboliza el producto de combustión (pureza). Para los más simplistas es chévere eso de la ceniza porque con ella se queman simbólicamente todos los pecados del año anterior, ¡qué jamón! …Y otras connotaciones más.

Los sacerdotes nunca advirtieron acerca de la obligatoriedad del llamativo ritual de “polvo eres y en polvo te convertirás” –“Arrepiéntete y cree en el evangelio” (Mc 1, 15) o “Acuérdate de que eres polvo y al polvo has de volver” (Gén 3, 19) –, pero siempre dejaron entrever que quien lo reciba es un favorecido. Algo así como la Sputnik V, cuya inoculación acaba de oficializarse, al menos el anuncio. Lo que sí debe ser sagrado es el ayuno y la abstinencia de la carne para el inicio de la cuaresma al igual que el viernes santo; cosa que con esta hiperinflación que entre sus consecuencias acabó con el poder adquisitivo amén de la descarada dolarización especulativa, no solo de carnes rojas fue, es y será el requerido ayuno y la abstención.

Nuestras alocadas micro y macroeconomía –ateas ambas– hicieron su aporte en este aspecto netamente religioso.

¿Pecados presagrados?

Pecamos y robamos a Wikipedia esta definición: “La Cuaresma es el tiempo litúrgico del calendario cristiano destinado a la preparación espiritual de la fiesta de la Pascua. Se trata de 40 días de purificación e iluminación interna, celebrado en las iglesias católicas, copta, ortodoxa, anglicana, y buena parte de las protestantes…”.

También simbolizan “los 40 días que duró el diluvio universal, además de los 40 años de la marcha del pueblo israelita por el desierto, y las 40 décadas que duró la esclavitud de los hebreos en Egipto”.

Es una tradición con origen entre los siglos II y III aunque fue en el IV cuando se fijan los 40 días de celebración litúrgica. Hoy XVII siglos más tarde se mantiene la esencia de la tradición con variantes propias de la evolución… y de la pandemia.

Llegó a ser tan estricto lo referente al ayuno y la abstinencia que ciertas literaturas relacionan el origen del término griego “asko” (y su significado moderno) con la repulsión necesaria y obligante a la carne como método de ascetismo para purificar el alma en fechas próximas a la Pascua o Resurrección de Jesús…

Aun así no hubo ni este ni el año pasado proliferación de festividades, de vestimentas litúrgicas con predominios púrpuras (asociado a la penitencia y el sacrificio), ni flores, ni aglomeraciones en las iglesias. Privó la bioseguridad aliada con las nuevas costumbres.

No hubo largas filas de feligreses que antes salían de las iglesias a lucir con orgullo sus frentes marcadas cual “pinerones” con aquellas cruces negras. Ahora la marca es en cualquier parte de la cabeza, tan imperceptible a la vista humana como el mismísimo virus, pues.

¿Se cumplirá este deseo celestial marcado en los libros (Isaías: 58:6-9) para las ancestrales celebraciones cuaresmales según las cuales “el ayuno agradable a Dios consiste en compartir el pan con el hambriento, dejar entrar en la casa a los pobres sin techo, vestir al que se ve desnudo y no volver la espalda a los demás”?

¿Acaso brotará como la aurora la luz del sincero penitente que debería ver cómo sanan sus heridas y que si llega a pedir justicia y socorro divino será asistido desde las alturas?

Resiliencia en fe

Factores que ponen a prueba la resiliencia en el marco de la fe, para adaptarse a la nueva normalidad donde la ceniza no es ceniza, la frente ahora es la cabeza, la cita no es solo el miércoles, los sacrificios, ayuno y abstinencia tienen otra connotación, las misas son telemáticas, el feligrés no tiene contacto con su santo o virgen de preferencia para besarle los pies o las manos según sea el caso; pero confía en su preparación espiritual, para aportar su grano de arena en la petición global de erradicar el virus.

Los devotos actuales tienen antecedentes en quienes durante los días de la peste en Caracas les correspondió liar con el Nazareno de San Pablo y fueron testigos del famoso Milagro del Limonero. Sus ancestros batallaron con la mal llamada gripe española, erradicada entre ciencia y poderes divinos, según las creencias. Hoy, con o sin ceniza, se añora el fin del coronavirus.

Ciudad Ccs / Luis Martín