LETRA DESATADA | Cuentos de Altagracia

Mercedes Chacín

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Con la aprehensión de la banda de corruptos que operaba en Pdvsa-Gas, también llegó a la urbanización Banco Obrero de Altagracia de Orituco el gas comunal. Hacía tanto tiempo que no llegaba que ni mi mamá, ni mi hermano Luis, ni mi hermana María del Valle, recordaban cuánto había que pagar por la bombona grande. La misma bombona, de una empresa local llamada Radelco, de golpe y porrazo comenzó a costar en octubre 20 dólares. Es decir, que esos 20 dólares no eran para el dueño de la empresa privada Radelco, eran para los malandros de cuello blanco que decidieron un buen día comenzar a vender el gas en dólares a la empresa privada. Que no sería problema si el gas fuera de ellos, pero no, no es de ellos. Es de la familia venezolana. Esa empresa vende la bombona pequeña en cinco dólares, lo que equivale a unos 8 millones de bolívares. Esa misma bombona cuesta 400 mil bolos en la versión comunal. La diferencia es bestial. Tan bestial como el tamaño de la corrupción. Hay personas que no tienen los ocho millones para comprar gas a esa empresa privada y han tenido que cocinar con leña. Lo hecho por esos funcionarios corruptos, además de un delito es una coñoemadrada porque, aunque diga groserías, “el pueblo tiene derecho”.

También en un día de Carnaval, hace un bojote de años, mi hermano Pedro, Teresa Ovalles y yo íbamos rodando por la autopista, rumbo a Altagracia de Orituco, y de repente en la radio comenzó a sonar una canción de Alí Primera. No sabíamos de su muerte a pesar de que eran como las nueve de la mañana. A mí me pareció extraño que radiaran a Alí. Minutos después, al terminar la canción, dieron la noticia: Falleció Alí Primera en un accidente de tránsito en la autopista Valle Coche.

Debatimos un momento para decidir si seguíamos el viaje o si nos regresábamos a Caracas. Decidimos seguir. Estando ya en Altagracia, antes de ir a la casa de mamá, pasamos por Cambural, donde vivía Orteguita, un pana de Pedro. Así lo recuerda Teresa: “Pedro hizo serios cuestionamientos ese día, por despecho y tristeza, a todos sus amigos. Creo que medía o intentaba medir el compromiso revolucionario de todos. A Pedro le afectó mucho el fallecimiento de Alí. Estaba muy triste”.

Recuerdo que Ednodio Reyna, amigo de Pedro, ya fallecido también, lo provocó por enésima vez, porque mi hermano había manifestado su decisión de regresar a Caracas, al velorio de Alí en el Aula Magna. Ednodio le espetó una pregunta con saña: “¿De dónde coño conocías tú a Alí Primera, bocabierta?”. El zafarrancho verbal de ese día fue largo y muy intenso, tal como lo recuerda Teresa. Gracias a Pedro lo escuché por primera vez. El acetato de la carátula en blanco y negro con la cara de Alí en primer plano estuvo años en la casa de mamá. Dos tragedias distintas separadas por 36 años. La corrupción y la muerte. Sigamos.

Mercedes Chacín