TRINCHERA DE IDEAS | Los prolegómenos de Carabobo (I)

Sergio Rodríguez Gelfenstein

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Después de la firma de los Tratados entre de Trujillo en noviembre de 1820, la guerra entró en un compás de espera que no significó paralización ni descanso para las fuerzas patriotas y para el mismo Libertador. De Trujillo se desplazó a Barinas para inspeccionar las tropas y revisar personalmente el acuerdo sobre el particular status de esa provincia establecido en el artículo 6 del Tratado de Armisticio.

De Barinas fue a San Cristóbal para estar cerca de Cúcuta cuando comenzaran las deliberaciones del Congreso de Colombia que habría de sesionar a partir del 1° de enero en esa ciudad. Y a finales de la primera semana de enero, ya estaba en Bogotá inmerso en una vorágine de actividades, la más importante de las cuales, era preparar las campañas militares en Venezuela y Quito para cuando se rompieran las hostilidades tras el fin del armisticio acordado por seis meses. En esta medida, Bolívar entendió que ambas campañas victoriosas creaban condiciones óptimas para la total liberación de la América meridional para lo cual intensificó sus vínculos con los hombres de Estado de las repúblicas del sur. Así mismo se dispuso a implementar las resoluciones del Congreso y no agotar la posibilidad de finalizar la guerra a través de una negociación con España.

Al asumir esta última contingencia se preparó para recibir a José Sartorio y al Capitán de Fragata Francisco Espolino, designados por el Rey para intentar una salida decorosa de España del conflicto. Con la misma lógica, Bolívar destinó a Rafael Revenga y José Tiburcio Echeverría como comisionados para viajar a España a discutir con las autoridades de la península acerca de las relaciones entre los dos países. La monarquía todavía aspiraba a que, a través de “medios suaves y conciliatorios”, los colombianos aceptaran como forma de gobierno una suerte de autonomía bajo tutela borbónica. Los comisionados nombrados por Bolívar tenían la instrucción de discutir acerca de los términos de la independencia y el reconocimiento formal de España a Colombia como nación libre y soberana. Para España se trataba de autonomía y paz, para Colombia de independencia o guerra.

En el plano de los preparativos para dar continuidad a la beligerancia si se rompían las hostilidades, Bolívar sobre todo instruía a sus generales instándolos a estar alerta ante los movimientos del enemigo y aprovechar la paralización de las actividades bélicas para incrementar la preparación combativa de las tropas y mejorar su avituallamiento y logística. Otro tanto ocurría en el ejército realista. Al igual que Bolívar, el jefe español Miguel de la Torre sabía que el desenlace de la situación se daría en el campo de batalla.

En ese contexto, la decisión de Maracaibo de separarse definitivamente de España, incorporarse a Colombia y pedir su protección el 28 de enero de 1821, vino a cambiar la ecuación del momento. Aunque la provincia estaba bajo jurisdicción española, Bolívar envió una división en su apoyo. La protesta de los españoles no fue óbice para que el Libertador afirmara que Maracaibo había quedado bajo jurisdicción de la república por decisión propia. Este fue el causal –en los hechos- del fin del armisticio y el reinicio de la confrontación en el terreno militar. Sin embargo, leal al compromiso asumido, en cumplimento de los acuerdos de Trujillo, el 19 de febrero le escribe al general Miguel de la Torre, jefe del ejército español, consultándole por los términos formales del rompimiento de hostilidades.

Continuará

Sergio Rodríguez Gelfenstein