DATE CON LA CIENCIA | Mística de la papa bonita

Nerliny Carucí y Guillermo Barreto

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Científicos venezolanos mejoran y multiplican semillas de papa para pisos bajos

Papa, dulce manjar
de mi tierra andina
de vientos cantarina,
alimento del cholo, del indio,
del negro, del blanco, la raíz divina
para el labrador amante de la tierra andina.
[…]
germinas para alimentar,
para eliminar del hombre su tristeza,
su congoja y su hambre
Elizabeth Chacón, en Papa, dulce manjar

Venezuela tiene cinco años sin importar semilla de papa. Un logro extraordinario de la Alianza Científico-Campesina. Las autoridades han notificado un ahorro diario de al menos 1 millón de dólares que, antes, debía invertir el pueblo agricultor.

Los protagonistas de esta experiencia de comunalización de la ciencia para la producción son más de tres mil familias campesinas y un grupo de investigadores académicos que, hoy, tienen la satisfacción de saber que están en plena capacidad de abastecer al país en semilla soberana de papa, un tubérculo que se ubica entre los 10 alimentos que más consume el pueblo venezolano.

La variedad de papa más deseada y querida en Venezuela, en esta época, pareciera ser la María Bonita. Esta papa ha cobrado mucha importancia en nuestro país; ya que, a diferencia de la mayoría de las variedades de papa que prefieren el frío paramero, María Bonita crece muy bien en los pisos bajos.

Sobre las características de esta variedad, desarrollada en el Instituto Nacional de Investigaciones Agrícolas (INIA), indaga en la actualidad el Laboratorio de Mejoramiento Vegetal del Instituto de Biología Experimental de la Universidad Central de Venezuela (UCV). La lideresa de este centro es Maira Oropeza. Esta guarenera es inteligente, dedicada y cálida. Es doctora en Ciencias, Mención Botánica y premio nacional de ciencia, tecnología e innovación. Bajo su cuidadosa mirada, la Alianza ejecuta un procedimiento de mejoramiento vegetal asistido de la papa. ¿Por qué es asistido? Porque se valen de biotécnicas para germinar las semillas de papa en condiciones controladas. De alguna manera, es lo que han hecho los campesinos y las campesinas por siglos, pero en condiciones más controladas. ¡No es transgénesis!

A mediados de 2020, Maira empezó una investigación sobre las potencialidades de los frutos botánicos de la papa María Bonita, en articulación con Antonio Indriago Rivero, un joven estudiante universitario, que se ha destacado por sus aportes en la Corporación para el Desarrollo Científico y Tecnológico (Codecyt).

En pocos meses, este par de científicos esperan cruzar el grano de polen de la variedad María Bonita con el óvulo de otra variedad para tener semillas que podrían aportar una gran variabilidad genética y características favorables adicionales a este cultivo. Estos venezolanos usaron, para sus estudios, frutos de la planta de papa María Bonita suministrados por un agricultor de la parroquia La Pastora, en Caracas.

Cuando decimos “fruto de la planta de papa”, no estamos hablando del tubérculo. El tubérculo también se usa como semilla: es una semilla asexual, porque cada ojo es un brote que puede regenerar una planta completa (usted siembra una papa y, de ahí, sale una mata de papas). Pero, en esta oportunidad, nos referimos a las bayas: esos frutos de la planta de papa que son muy parecidos a los del tomate silvestre; es más: son de la misma familia.

Todas las variedades de papa —de pisos altos, pisos bajos; comerciales o silvestres; ¡todas!— florecen, si les damos el tiempo necesario para florecer. Las plantas de papa germinan impresionantes y hermosas flores blancas o moradas, las cuales permiten distinguir las variedades. Luego, estas flores forman los frutos (las bayas). Las bayas son un fruto carnoso, pequeño y de forma arriñonada, con semillas rodeadas de pulpa; pueden ser de colores amarillos, con algunos tonos de marrón. Estos frutos contienen la semilla sexual de la papa, que se origina por la fecundación del óvulo (gameto femenino) y un grano de polen (gameto masculino). Estas dos estructuras están dentro de la flor de la papa.

Cada variedad de papa prefiere cruzar los gametos de su propia flor y, por esa razón, muchas veces escuchamos decir que “la papa es autógama”. Sin embargo, las investigaciones de Maira y Antonio sobre la María Bonita han mostrado que lo bonito de esta papa es que se pueden conseguir variedades con otras características que también se adapten a pisos bajos, a partir del cruce de gametos de diferentes individuos. La evidencia científica sugiere que el empleo consciente de la semilla sexual de esta papa como recurso genético de conservación, no solo mantiene la variabilidad de la papa, sino que también la incrementa.

Tradicionalmente, muchos productores se inclinan a que la papa no florezca, por cuanto se presume que la formación de la flor y del fruto con sus semillas hace que los recursos energéticos se desvíen hacia las partes aéreas y la planta tarde más en formar tubérculos; también que es un gasto energético grande y que esos componentes no llegan al tubérculo, que es el órgano que consumimos. De ahí el llamado de los investigadores del Instituto de Biología Experimental de la UCV para que los agricultores dejen florecer, de tiempo en tiempo, a la María Bonita, con sus flores de amanecer, para producir semilla sexual.

De acuerdo con lo comunicado por estos especialistas criollos, mediante el uso de biotécnicas, las semillas sexuales de la papa María Bonita tardan una quincena en germinar. De esta forma, se obtiene una nueva variabilidad genética para este importante cultivo, así como plantas germinadas sanas y con mucho vigor. Las matas cultivadas bajo este procedimiento, después, pasan por un proceso de multiplicación in vitro, que permite tener grandes cantidades de plantas de papa, hijas de la María Bonita.

Lo más importante del proceso mencionado —como indica la profesora Maira— es que las semillas no se quedan en el laboratorio. Con la metodología y el tejido colectivo de la Alianza Científico-Campesina, el pueblo productor obtiene semillas de alta calidad genética, con una diversidad suficiente para el presente y el futuro de nuestro país.

Esta es una experiencia del conocimiento que se inspira en los poderes creadores de los trabajadores del campo, y en el trabajo solidario que se establece en una relación responsable con la Tierra. Son conocimientos localmente relevantes, construidos en un país que ha decidido poner sus manos e inteligencias a la siembra.

Nerliny Carucí y Guillermo Barreto