EstoyAlmado | Normar los teletrabajos (I)

Manuel Palma

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Pronto la Asamblea Nacional recibirá una propuesta legal sobre el teletrabajo, según anunció el Ministerio del Trabajo. Al escuchar la noticia uno no deja de sentir un fresquito, pues muchos teletrabajadores en Venezuela han soportado en silencio los desmanes que cometen tanto empleadores nacionales como internacionales.

Es claro que una ley por sí sola no solucionará las nuevas circunstancias surgidas al calor del teletrabajo. Pero, al menos, echará las bases para normar, reglas, condiciones y procedimientos, que hoy en la práctica están acaparadas por el medalaganismo de empleadores que no pocas veces actúan con desprecio, lástima e indignidad hacia quienes teletrabajan.

Si se consigna una propuesta de ley en la AN, uno espera que se distingan las categorías de teletrabajo y trabajador a distancia. No es igual una trabajadora de una empresa pública o privada que labore unos días en casa, vuelva algunos días a la oficina o tenga algunas reuniones al mes con su empleador, que alguien que lo hace permanentemente vía remota, solo comunicándose con sus jefes por medios electrónicos. Para ambos aplicaría varios “considerandos” diferenciadores en la ley.

Uno de los apartados en la ley debería establecer que las empresas se comprometan a pagar servicios básicos para teletrabajar, luz e Internet, por ejemplo. No es un capricho, en las actuales circunstancias esos dos servicios puede afectar severamente el desempeño laboral. Y siendo sensato, es lo menos que pueden hacer los empleadores por los montos irrisorios que pagan en Venezuela, a cambio de un trabajo de calidad que le genera altos dividendos materiales e intangibles.

Incluso, el Ministerio del Trabajo puede acoger el apartado 6.8 del manual de Buenas Prácticas en el Teletrabajo de la OIT, que indica que las empresas paguen a los teletrabajadores un importe que compense los gastos derivados de la “implementación del teletrabajo en su domicilio”.

Por otro lado, eso de tener jefes es otra diferencia sustancial que debe considerarse en la propuesta legal. A diferencia de los dos casos anteriores, hay un tipo de teletrabajador que no tiene jefe, sino “clientes” que le realizan pedidos por un servicio prestado (diseño, programación, publicidad, traducción, asistencia, mentoría, etc). Para este trabajador remoto en vez de horarios a cumplir, hay objetivos por alcanzar. Es un teletrabajador que maneja su tiempo como mejor le parezca sin perjuicio de cumplir con sus deberes. Vayan también algunos “considerandos” en la ley para este tipo de teletrabajador.

En el instrumento jurídico sobre teletrabajo establecer salarios seguramente será peliagudo. Sin embargo, ese tema puede despejarse consultándoles a los heterogéneos y anónimos grupos de teletrabajadores en Venezuela. Algunos en foros virtuales han asomado la importancia de delimitar una tabla de ganancias mínimas de acuerdo al tipo de servicio o trabajo prestado. Otros prefieren tomar como referencia a salarios promedios en la región.

Lo importante es que en la práctica muchas aristas están por definirse, y con la experiencia de muchos teletrabajadores, los aportes pueden ser valiosos. En ese contexto, la ley puede ser una oportunidad para responder a las nuevas exigencias impuestas por la pandemia, pero también para la etapa de la pospandemia.

¿Y como quedarían los contratos colectivos, es posible? ¿Hay espacio para definir el teletrabajo como política pública? ¿Y la capacitación y formación necesaria? ¿Cuál es el impacto en la vida familiar, social y laboral cuando se teletrabaja? ¿Qué clase de incentivo pueden tener las empresas al contratar a teletrabajadores venezolanos?

En la próxima columna se abordarán algunas ideas sobre esos puntos.

Manuel Palma | @mpalmac