CARACAS EN ALTA | Cambios en Caracas

Nathali Gómez

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La ciudad de estos días parece ser la misma pero no lo es. Más allá de la obviedad de la pandemia está el rápido cambio, en años-ciudad, que ocurre frente a nuestros ojos.

Es complicado tomarle el ritmo porque las cosas pasan sin una estructura definida, como de golpe. Una semana hay gran movimiento de vehículos y de personas y en la otra todo cae en una pausa extendida. La vida se ha planificado en semanas.

En la semana flexible, de la nada aparece mucha gente en la calle, que pareciera tratar de encontrar su ritmo perdido y de acoplarse a una sinfonía muda que no sabe entender muy bien: camina, sale con sus perros, hace ejercicio y se detiene un poco para conversar con alguien.

En la semana de cuarentena, desaparecen todos esos cuerpos que de movían por las calles y hasta el tráfico se reduce notablemente.

Es como si la ciudad durmiera con un ojo abierto y otro cerrado.

Otra de las cosas que resalta son los comercios. La capacidad de reinvención y los giros inesperados se puede notar. Hay abundancia de locales dedicados a la venta de alimentos y de productos de limpieza. Además de los publicitados bodegones, hay un resurgimiento de la venta de vegetales y de opciones más baratas (y de paso más sanas).

Los golpes de vivir en una economía asediada también se sienten y se ven: hay personas que no pueden quedarse en su casa porque la calle es la posibilidad de su sustento. Las bajas de esta guerra sin bombardeo se dan a diario, incluso entre nuestros cercanos. La ciudad también lo padece: hay rincones abandonados y sucios donde Caracas de nuevo resiste, como ha aprendido a hacerlo en todos estos siglos. No es fácil caminar sobre las heridas.

Mi ciudad es la tuya pero las realidades se transforman incluso de puerta a puerta. El cambio que vivimos pasa por una serie de estaciones que vemos, una a una, sin comprender muy bien el todo. “Esto es apenas el comienzo”, dicen los que tratan de explicar como es eso de “la nueva normalidad”.

Casi un año ha pasado desde que tuvimos que poner nuestras vidas y decisiones en pausa. A algunos nos costó casi ese mismo tiempo salir de ese estado para intentar adaptarnos a lo nuevo, a la posibilidad de hacer otras búsquedas, con resultados inesperados. Esta columna es solo eso.

Nathali Gómez