RETINA | El cráneo de Judas

Freddy Fernández

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En el infierno de Dante, Judas está condenado en el noveno círculo, el más central de todos. Allí está también Satanás. Es un lugar gélido y los hielos apresan al demonio por la cintura. Todos los días, por la eternidad, la boca de Satanás roerá la cabeza de Judas, el más vil traidor de la historia de la humanidad.

Judas es siempre ineludible cuando se piensa en la traición y en los traidores. Nuestra cultura, fundada en el lamento por el asesinato de un dios que vino a salvarnos, ha colocado la mayor parte de la culpa en la deleznable figura de Judas, el corrupto que traicionó a Jesús por treinta monedas de plata, aunque resta importancia al imperio que le pagó por la delación de su maestro.

La historia registra muchos más traidores. Antes de Judas fue Caín, el asesino de su hermano Abel, pero también estuvieron Bruto y Casio, con sus puñales destrozando las entrañas de Julio César.

Un traidor es siempre un enemigo temible en una confrontación cualquiera. Del enemigo exterior sabemos que está buscando las manera de romper nuestras defensas. Lo vemos y sabemos cuáles son sus propósitos. Podemos evaluar su capacidad de dañarnos y tomar la medidas para hacerle frente. Su tentativa de ataque nos da más cohesión. Juntos valoramos y actuamos para repeler su peligro. El traidor, en cambio, es uno de los nuestros que sabe cómo funcionan nuestras defensas, dónde tenemos las trincheras y cuáles son nuestros puntos débiles. Lo sabe porque es uno de nosotros hasta el momento cuando se deje seducir por los enemigos.

Cantaba Zitarrosa, con mucha razón, que “un solo traidor puede con mil valientes”. Desde dentro de nuestra filas el ataque es siempre más dañino y su impacto en la moral es muy peligroso.

Es una actuación individual, profundamente inmoral. Es una conducta que pone en duda la claridad y la transparencia de las convicciones básicas que nos fundan como fuerza.

Quizá se me va la mano cuando digo que sospecho de quienes asumen la política como una “profesión”. Siempre he creído que uno sólo debe actuar en política para mejorar el mundo que nos ha tocado vivir. Creo profundamente en la militancia política, pero condeno la política como vía para obtener ingresos personales.

Esa vía, la política como actividad económica, es una ruta que va invariablemente hacia la traición. En el caso más leve, será la traición a uno mismo, pero el más grave es la traición y la corrupción ejercidas en contra de toda la comunidad que ha delegado poder en ti. Todo corrupto es un traidor.

Judas ha sido objeto de muchos estudios diversos porque su traición y su beso son difíciles de borrar del imaginario de nuestra cultura, pero también porque Judas constituye uno de los modelos mejor elaborados de la trayectoria del traidor. Era una figura muy cercana, que compartía todas creencias y las sabía promover.

La peor traición proviene de personas brillantes, inteligentes y responsables. Es resultado de la soberbia y la incapacidad de compromiso con lo que se traiciona. Se alimenta de envidia, desapego y desamor. Intenta justificarse en un sentimiento de pérdida de influencia en los demás. Se propone encontrar espacios y escenarios de poder, para controlar los cambios o transformaciones que el traidor sueña, sin importar el costo de su acción.

La traición es presentada como un acto de defensa y autodefensa. Sus consecuencias son convertir la vida en hechos de salvajismo, en competitividad por escalar posiciones. La traición es siempre una puñalada a los más altos valores del humanismo.

Para Dante, el más grave de todos los pecados es la traición. El traidor o la traidora no sólo se hace inmoral a sí mismo, sino que involucra en su lodo a muchos inocentes y destruye la seguridad, la solidaridad y la confianza en los demás.

Freddy Fernández | @filoyborde