Trump en El Silencio

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Franceschi pedía a los gringos 5 o 6 misiles “solo-mata-chavistas” para que la derecha se hiciera del poder, después de la masacre. Ledezma lambuceaba  más sanciones, o sea, una masacre a fuego lento. Machado clamaba por una “amenaza real y creíble”, es decir,  otra masacre. No se sabe qué entendió Trump o qué le tradujeron Abrams y Pence, pero el hombre lanzó sus huestes contra el parlamento,  no el de Venezuela, sino el de su propio país. Debió de ser un error de interpretación. Aquello parecía la hora loca de la Carmonada el 11 de abril de 2002, cuando derrocaron a Chávez por unas horas: tipos con las patas sobre los escritorios, damas rompiendo cortinas, sujetos disfrazados de becerros. Tarde se dio cuenta Trump de que sus guerreros no estaban en la Esquina de La Gorda, sino en el Capitolio de Washington. Por ese errorcito, hoy está fuera de la Casa Blanca y Maduro sigue en la avenida Urdaneta.

Earle Herrera