LUNASOL | La República de la Unión de Myanmar

William E. Izarra

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Hace unos días, iniciando el mes de febrero, la prensa mundial daba la noticia del golpe de Estado en Myanmar (Birmania). País ubicado en el sureste asiático que limita con China, India, Bangladesh, Laos y Tailandia, muy cercano a Vietnam, Malasia y con amplia salida al mar de Andamán y su ruta al Océano Índico. Este golpe instalaba de nuevo en la dirección del Estado a los militares (al jefe de las Fuerzas Armadas Min Aung Hlaing), que desde su independencia plena en 1948 lo han gobernado, directa o indirectamente.

En 2011, por primera vez se eligió a un civil, Thein Sein, como presidente aunque era militar retirado. No obstante, el Parlamento seguía siendo controlado en un 80% por los militares. Es más, las fuerzas militares no dependen del gobierno; son autónomas y se guardan para sí, los ministerios de Defensa, Relaciones Interiores y Fronteras. En las elecciones del 2015, gana la presidencia Aung San Suu Kyi, con su Movimiento Liga Nacional de la Democracia (LND); aunque no la pudo ejercer por estar casada con un extranjero (de nacionalidad inglesa) y tener hijos que no nacieron en su territorio.

A tal efecto, se creó la figura de consejera de Estado y era quien ejercía el limitado poder que le otorgaba la Constitución. Suu Kyi se ha destacado como líder el país, desde que asesinaron a su padre, Aung San, uno de los pioneros en la lucha por la independencia del imperio Británico. Peleó contra la hegemonía militar y fue hecha prisionera desde 1985 hasta 1990. En 1991 le fue otorgado el Premio Nobel de la Paz en reconocimiento a la defensa por la democracia. En las elecciones de noviembre de 2020, Suu Kyi repitió su triunfo electoral por amplia mayoría. Sin embargo, los militares alegaron fraude y otras irregularidades, y desde enero de este año amenazaban con suspender la Constitución y retomar el poder. Esas amenazas se convirtieron en realidad y el 1 de febrero apresaron a Suu Kyi y al presidente Htin Kyaw. Esa es la situación a la fecha.

Ahora bien, surgen varias interrogantes, pero tengo dos de ellas que destacar. La primera es si de verdad los militares son tan malos y corruptos como lo define la prensa mundial. En tantos años de gobierno y control del Estado, con sus diferentes personalidades y ambiciones de quienes gobernaron, pues no todos los hombres son idénticos, los militares han tomado decisiones favorables a la población y al país. Han logrado establecer mecanismos para el despegue económico y medidas de corte socialista. Me llama la atención que la denominación de Myanmar fue concebida por ellos, ya que Birmania además de ser excluyente de muchas etnias indígenas (existen 135 etnias o comunidades indígenas con sus propia cultura, lengua, religión) es un vínculo con el colonialismo. Burma, término en inglés, representa a la mayor etnia del país; mientras que Myanmar (oficialmente es República de la Unión de Myanmar) es más inclusivo al abarcar a todas las comunidades indígenas. Otra razón es que los militares han tenido muy buenas relaciones con China; y aún después del golpe de este 1 de febrero, China se ha referido a resolver la situación de la forma menos traumática para el país, pero sigue manteniendo sus relaciones a todo nivel con los militares.

Myanmar tiene 2.185 km de frontera con China al norte y 1.930 Km de costas que acceden al mar de Andamán y la Bahía de Bengala. No tengo dudas que por estos factores naturales, Myanmar es considerada como objetivo geopolítico para China. Su posición geográfica es estratégica tanto para todo el sureste asiático (vía de comunicación del comercio de China) como para la salida al Océano Índico y la India. China necesita el Índico. En la actualidad, el 90% del comercio mundial y el 65% de petróleo se mueven por vía marítima. De estas cantidades, el 70% del petróleo y la mitad del tráfico mundial de contenedores navegan por el Océano Índico en su camino desde la poderosa Asia y el importante Oriente Medio hacia el Pacífico. El documento “Marine Corps Vision and Strategy 2025” (citado por el ieee.es http://www.ieee.es/Galerias/fichero/docs_opinion/2011/DIEEEO58j2011MarinasIndiaChina.pdf) indica que el Océano Índico y sus aguas adyacentes serán el teatro central del conflicto global y de competencia comercial en este siglo XXI. China requiere al Índico como una obligación logística y una conveniencia estratégica.

La República de la Unión de Myanmar forma parte del tablero geopolítico mundial y por eso su importancia de ahora. En consecuencia, hay que seguir la evolución de lo que políticamente allí acontece para tener una visión más exacta de las perspectivas del desenlace geopolítico del siglo XXI.

William E. Izarra