CARNET DE IDENTIDAD | La medicina como arma de guerra

Hindu Anderi

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La decadencia de la sociedad mundial se expresa en los distintos ámbitos de la vida.

Apenas iniciado el siglo XXI, la lección impartida a todos los pueblos del mundo ha sido contundente. La dependencia de nuestras vidas del sistema de salud mundial mercantilizado, es además de obsceno, peligroso.

Está claro que la ciencia médica ha invertido menos para no decir poco en la prevención de enfermedades o en el combate de patologías, de afecciones crónicas, etc. La salud depende entonces de la medicación y, por consiguiente, de la industria de laboratorios en su mayoría privados, y que además forman parte de la estructura capitalista, cuyo interés no es la salud, sino la enfermedad.

Lo más grave es que tan afectados están los ciudadanos de los países ricos como de los pobres, pues la industria médica es uno de los motores principales que produce y mueve dinero, el mayor interés del sistema.

La atrocidad de este hecho es que mujeres y hombres trabajamos para “ganarnos” la vida, que en el sistema capitalista se pierde al nacer, y devolver al mismo sistema el fruto de nuestro esfuerzo, para con él pagar el derecho a la salud.

Durante lo que va de pandemia, hemos comprobado cómo en países donde no hay sistema de seguridad y, por tanto, no se garantiza el derecho humano a la salud, no solo las cifras de contagios, sino también las de muertes son aterradoras, en contraposición con los casos de países cuyos gobiernos han priorizado este derecho, como por ejemplo, la República Bolivariana de Venezuela.

Sin embargo, el país bloqueado e inmerso en una crisis, más que económica, ética, padece los rigores de la falta de estandarización en los precios de medicinas, exámenes, intervenciones quirúrgicas, etc.

El precio de las consultas médicas en lo privado son millonarios, mientras que en lo público se prioriza la atención a las víctimas del virus, desplazando las patologías crónicas que son causantes de mayor número de muertes en el país.

Por su parte, la investigación, los laboratorios y las empresas fabricantes de insumos a escala internacional, monopolizan ese derecho humano al que los pueblos deben acceder sin mayor requisito que el de necesario.

Pero no solo la medicina convencional es presa de esta trampa, sino que la alternativa, la llamada naturista o integrativa, ha sido igualmente arrebatada a los pueblos. El precio de los medicamentos en el mercado son hasta dos y tres veces superiores a los de la medicina alopática.

Si bien hay muchos males que en el siglo pasado fueron controlados por la medicina o por el propio organismo del ser humano, que logró inmunizarse contra ellos, otra enfermedad se ha masificado, provocando diversos males.

El hambre y la desnutrición, por falta de acceso a los alimentos indispensables para la vida, no solo es una tragedia para los pobres, sino también para toda la humanidad expuesta a la comida chatarra, a los transgénicos y a los pesticidas que matan y disminuyen los beneficios y nutrientes en el organismo. Estas entonces son aliadas de la práctica mercantilista de la medicina.

En general, las precarias condiciones de vida son detonantes en la salud. Quienes carecen de acceso a la medicina, a los alimentos, a la vivienda, a la educación, al esparcimiento y, en general, a condiciones dignas de vida, son mayormente susceptibles a enfermar y a morir.

Bien sabemos que el estado anímico, a decir, las emociones son factores que favorecen o destruyen el sistema inmunológico.

El sistema capitalista, al que no le interesan seres humanos sanos, sino que por el contrario, piensa y declara, por ejemplo, que la población de edad avanzada estorba, hará muy poco por generar las condiciones óptimas para que la mayoría de la población viva bien y feliz.

No nos extrañe que hasta algunas técnicas o tratamientos médicos sean inofensivos en su aplicación contra algunas enfermedades, por conveniencia, o que los efectos secundarios sean hoy día más tóxicos que hace años atrás, al punto de provocar otras patologías que requieran de nuevos tratamientos y más dinero. Y así mantener a los pueblos ocupados en ese juego macabro.

Porque en definitiva, la medicina también es un arma para la guerra.

Hindu Anderi | @AnderiHindu