HISTORIA VIVA | Bolívar y la unidad revolucionaria

Aldemaro Barrios Romero

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El Libertador nunca estuvo a la defensiva, siempre estaba a la ofensiva; cuando fue derrotado alguna vez, inmediatamente se iba y volvía con nuevos ímpetus, con más fuerzas y atendiendo a los errores cometidos, admirablemente corregía la ruta, posicionaba la brújula y regresaba con renovados bríos hacia el destino de la Patria en modo victoria.

Bolívar entendió que solo con una clase social, a la que él perteneció, no podía alcanzar el objetivo de la liberación, que tenía que agrupar las fuerzas sociales y generar una guerra ampliamente popular, con los negros esclavizados o libres, los indios, las mujeres, los pardos, todos por un solo objetivo: la independencia.

¿Cómo logró Bolívar aglutinar las fuerzas y qué enseñanza dejó ese proceso para las luchas de hoy?

Muchos episodios de la Campaña Admirable de 1813 despuntaban el llamado de Bolívar a un solo frente, una sola estructura de poder centralizado para poder triunfar, así le escribe al general Santiago Mariño desde Valencia:

…esta nación debe presentarse al mundo dignamente sometida a un gobierno central para que la represente para con los demás poderosos pueblos del mundo. Si constituimos dos poderes independientes, uno en el Oriente y otro en el Occidente, hacemos dos naciones distintas, que por su impotencia en sostener su representación de tales, y mucho más de figurar entre las otras, aparecerán ridículas. Apenas Venezuela unida con la Nueva Granada podría formar una nación, que inspire a las otras la decorosa consideración que le es debida. ¿Y podremos pretender dividirla en dos?… Nuestra seguridad y la reputación del gobierno independiente nos imponen al contrario el deber de hacer un cuerpo de nación con la Nueva Granada. Este es el voto ahora de los venezolanos y granadinos, y en solicitud de esta unión tan interesante a ambas regiones, los valientes hijos de la Nueva Granada han venido a libertar a Venezuela (1).

Sí, tenemos que entender a Bolívar en su dimensión individual y reconocer que era un ser humano excepcional, pero no podemos dejar de pensar en el apoyo de su gestión liberadora sobre una plataforma colectiva dinámica, diversa, compleja y que su capacidad diplomática, táctica y claridad estratégica en los objetivos de lucha le dieron los puntos de referencia para poder constituir un cuerpo ofensivo militar y político sólido, que fue capaz de derrotar a un ejército poderoso y con mayor suma de efectivos y recursos que los que tenía el Ejército Libertador patriota.

Esa claridad la expresó Bolívar en muchas cartas, pero hubo una que envió al general neogranadino Nariño, que cita Augusto Mijares en su libro El Libertador, en la que reconoce primero al enemigo a vencer y luego las dificultades que debe superar al reconocer la complejidad de su liderazgo y el territorio humano sobre el cual lo ejerce:

…los abusos, la negligencia y la carencia de todo elemento orgánico, es inevitablemente el efecto de aquellos principios que no ha estado en mi poder conseguir, por muchas razones: primera porque un hombre en muy poco tiempo y escaso de conocimientos generales, no puede hacerlo todo, ni bien ni mal; segunda porque me he dedicado exclusivamente a expulsar a nuestros enemigos; tercera porque hay muchas consideraciones que guardar en este caos asombroso de patriotas, godos, egoístas, blancos, pardos, venezolanos, cundinamarqueses, federalistas, centralistas, republicanos, aristócratas, buenos y malos, y toda la caterva de jerarquías en que subdividen tan diferentes bandos; de suerte que, amigo, yo he tenido muchas veces que ser injusto por política, y no he podido ser justo impunemente (2).

Bolívar mostró a la humanidad de este lado del mundo que se proponía liberar, que había un enemigo común que todos debían sumarse incluso españoles y otros extranjeros, que las luchas intestinas por parcelas debían ser pospuestas. Debió mostrarles a los jefes llaneros y al ejército de lanceros que él no era un mantuano patiquín caraqueño y que se batía tan rústicamente como ellos y se los mostró en actos temerarios a riesgo de su propia vida como cuando cruzó el Orinoco con las manos atadas a la espalda, pero que además conocía del asunto de la guerra, que leía incansablemente para tener la capacidad estratégica que le graneó la victoria al Ejercito Libertador.

El Libertador mostró a los esclavizados que la liberación era posible, como un compromiso moral con quienes le apoyaron y así lo confirma su parte de guerra al finalizar la Batalla de Carabobo. A los propietarios que se hicieron del Congreso les barajeó las cartas de posibilidades; sin embargo, le dieron más lidia que otros sectores sociales como el pueblo oprimido por estos mismos propietarios y así lo muestran los debates en el Congreso de Angostura (1819) y en el de Cúcuta (1821).

No fue fácil llegar a Carabobo, pero cuando se tienen objetivos y metas claras, las rutas pueden ser intrincadas, el enemigo atroz o difuso en sus tácticas, los recursos escasos, pero Bolívar y su alto mando armó a un pueblo con la energía que le insuflaba la esperanza popular de la felicidad posible. Es lo mismo hoy 200 años después.

Es una aseveración comprobable, Bolívar y el Ejército Libertador todavía están luchando contra los enemigos externos, están hoy más que nunca en el alma profunda de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, que es un ejército popular revolucionario, no solo por la presencia de las milicias con su fuerza logística de despliegue territorial, sino porque como ayer el pueblo venezolano está desde adentro resistiendo la difícil coyuntura del bloqueo, las heridas, golpes y sipotazos, que ha dado ese enemigo común invisible, no lo ha destruido, sino que lo ha fortalecido y ahora se reagrupa, reunifica y está saliendo de nuevo de sus suplicios con la experiencia de una guerra, que no es poca cosa en dolores y sufrimiento, por defender sus derechos en ofensiva.

Otra realidad es posible, así como lo vio Bolívar en 1821, hoy no podemos permitir que ningún campesino sea desalojado arbitrariamente de sus tierras de cultivo porque lo asiste la justicia social de derecho; que el protagonismo de la acción política es popular y no de “letrados”, quienes deben sumarse al huracán de transformación social de la historia; que el estudio no es un asunto de sabios y exquisitos intelectuales perezosos, sino que debe democratizarse para que todos conozcan lo ocurrido, es posible crear conocimientos y producir maíz a la vez, para borrar la “conciencia” que sembraron por años los dueños de una marca de harina de maíz; que los gobernadores sean los líderes que acompañen a una transformación definitiva a la que ha llamado el presidente Maduro con el Congreso Bicentenario de los Pueblos y el llamado de la unidad de fuerzas populares para construir un Plan Patria que nos enrumbe hacia el Estado comunal y al socialismo.

La unidad de las fuerzas populares fue para Bolívar su primera prioridad y la misma le graneó todas las victorias que fueron posible solo con la conjugación de tácticas y estrategias firmes. Hoy, igual que ayer, cada quien en su trinchera de lucha, todo el campo institucional de la memoria y la magnánima presencia popular deben ser una sola para fortalecer nuestra conciencia histórica y salir de la coyuntura de dificultades.

Aldemaro Barrios Romero | venezuelared@gmail.com

(1) Disponible en: http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/doctrina-del-libertador–0/html/ff6f5f94-82b1-11df-acc7-002185ce6064_28.html
(2) Mijares, Augusto. El Libertador. Tomo I. Monte Ávila Editores Latinoamericana. Caracas, Venezuela 2007. 545.